Bello canto al amor

VencedorBuenas noches. Dios nos bendiga a todos: Los grandes filósofos, los inspirados poetas y escritores, los eximios artistas y todos los destacados pensadores que se afanan por estudiar, definir y discernir la evolución de la humanidad han llegado a una conclusión muy acertada: Basándose en la raíz de los sentimientos humanos y en la verdadera pureza del alma, han coincidido en que el horizonte más diáfano, la belleza más inefable que el hombre puede percibir, el báculo que lo guía por ese camino de sufrimientos, luz y progreso, durante su paso por la tierra, es el AMOR.

El amor purifica las almas en el divino crisol del sentimiento; el amor es la flor bendita que, irradiando por doquier sus finos y magníficos perfumes, hace transformar los sentimientos encaminándolos hacia la pureza, lo sublime y la contemplación de la obra de Dios. Todo lo que se mueve alrededor del amor, todo lo que se inflama de su sublime pureza, se acerca a la Divinidad.

Los astros en sus inconmensurables órbitas, con su inmedido magnetismo y purísimas radiaciones, tienen regidos sus movimientos también por el amor. Las flores se miran, se germinan y se inflaman de amor augusto. De ellas irradia ese perfume tan santo que sirve para su defensa y para que el hombre se extasíe aspirando sus fragantes olores.

Todo en la creación es amor y el amor es armonía. Las luces del amor se juntan para dar a la esencia de la creación más belleza y más luminosidad divinas. Donde quiera que la irradiación de Dios manifiesta Su potencia, allí brota el amor. Santa y divina palabra es el AMOR, porque brota del más puro sentimiento. Cuando la pronunciáis con pureza, poniendo en ella toda vuestra alma, os eleváis; sí, ¡os eleváis allí, a lo ideal!, y os queréis postrar ante las gradas del Altísimo para implorar Su perdón y Su misericordia.

El amor es esa flor radiante de pureza que hace a las almas que se aúnan, se entiendan, se conmuevan en lo más profundo del sentimiento, para que brote de ellas ese anhelo incontenible e incomparable, ese elevadísimo sentimiento de creer firmemente en DIOS, en Su poder, en Su grandeza, en Su justicia y en ese Su tan infinito AMOR que gobierna por igual a todos los seres, para que todos, en holocausto Suyo, canten Su grandeza, Su incomparable amor y pidan Su perdón.

El amor, hermanos míos, cuando sale de vuestros corazones produce irradiaciones inmensas que llegan a todos los confines y se identifican con las almas afines en bondad y sentimientos y, unidas, constituyen esa corriente fluídica que hace a las almas elevarse mentalmente y postrarse ante el trono de Dios. ¡Bendita flor la que exhala el amor, augusto tallo que ha hecho germinar tanta belleza! El amor es también el receptor que capta lo bello, lo perfecto y lo divino.

Tener el sentimiento siempre abierto para sentir y hacer el bien y para amar ampliamente. Que entre en él ese amor divino que, partiendo del cielo, se bifurca por todos los mundos, y así vuestros ángeles protectores estarán contentos y solícitos para guiaros por el camino del bien y del progreso. Aunaros también vosotros como esos filósofos y destacados pensadores que hemos mencionado al principio para que todos coincidáis sintiendo la misma aspiración: sentir y desarrollar ese amor universal que todo lo purifica y eleva, porque con esa luz se iluminará vuestro sentimiento y se apagarán vuestras pasiones.

Seréis verdaderos discípulos de JESÚS y haréis que en vosotros radique constantemente la sencillez, la humildad y el amor identificado en todas las cosas y para todas las cosas. Oler el amor, como se huelen las flores. La flor os dará perfumes exquisitos, pero el amor verdadero os hará más puros, más nobles y más condescendientes con los demás pecadores.

Amaos los unos a los otros, como nos amó nuestro Señor Jesucristo, y cuando entre vosotros, del rosal espinoso de la vida, brote un hermoso tallo como el que está brotando, cuidarlo con esmero y regarlo hasta la raíz para que las rosas que produzca sean bellas y exhalen perfumes deliciosos como son el sentimiento, el amor, la abnegación, la virtud y el sacrificio.

Ser todos benditos del Todopoderoso.

Vuestra hermana TERESA.
Jaén, 13 de enero de 1955

Extraído del libro «Desde la otra vida»

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