Allan Kardec y el Humanismo

AllanKardec1Al concebir el ser humano como un espíritu inmortal, libre, perfectible, el Humanismo Espírita se sitúa en una vía alternativa entre el nihilismo de la concepción materialista y el dogmatismo de la ideología judeo cristiana. Se trata de una visión optimista, ennoblecedora, emancipadora, que valoriza y engrandece el ser humano sobre un enfoque espiritualista y deísta, no fatalista, sin los prejuicios del espíritu de sistema, del fundamentalismo y del sectarismo religioso, y contrario a cualquier tipo de autoindulgencia.

El pensar humanista y la acción humanitaria son una de las características de la praxis (práctica) espírita, cuyos atributos y características peculiares se hayan determinados por la libertad y la modificación. El Espiritismo es, al mismo tiempo, humanista y humanitario. Humanista, por el rescate de la dignidad humana, en el aquí y ahora, sin fijar los ojos en el pasado palenginésico y sin perderse en una visionaria y alineante idealización del Más allá.

Es humanitario por tomar la caridad en su sentido más amplio, como el componente motivador de su praxis. El Espiritismo no admite que el ser humano sea tratado como un objeto, como una cosa desprovista de humanidad, de dignidad. Esa visión no es propiedad del cristianismo y no se inicia con él, mas sí en la antigüedad. No obstante, será con Jesús de Nazaret cuando la naturaleza humana alcanzará su momento mayor de comprensión ética y valorativa. De ahí que, a pesar de no ser cristiano, el Espiritismo incorpora en su ideario humanista los principios morales enseñados por Jesús de Nazaret.

La filosofía espírita se inserta en el contexto del Humanismo Espiritualista del S- XIX, anticlerical, secular y de inspiración iluminista, factores presentes en la acción y el pensamiento de los socialistas utópicos Robert Owen, Conde de Saint-Simon y Charles Fourier. No obstante, la mayor influencia en el pensamiento humanista de Kardec viene del Iluminismo, especialmente Jean-Jacques Rousseau. Allan Kardec conocía los clásicos y tradujo obras de la literatura clásica francesa para el alemán, como Telémaco, de Feneló. Dominaba ampliamente el latín, griego, italiano, holandés, inglés, galés y el castellano. Fue un profundo estudioso de la filosofía griega, como puede ser observado en su análisis del pensamiento filosófico de Sócrates y Platón, los cuales consideró al lado de Jesús de Nazaret, como precursores del Espiritismo, en la magistral introducción de El evangelio según el Espiritismo.

Educado en el Humanismo pestalozziano, de nítida influencia del pensamiento ético y pedagógico de Rousseau, el fundador del Espiritismo poseía una formación clásica, enciclopédica, típica de los humanistas de su tiempo. Según Deolindo Amorim “es considerado humanista, en el sentido antiguo, aquel que tiene una cultura general muy sólida, con fundamentos más profundos en las ciencias básicas, en la historia, en las lenguas. Allan Kardec, por ejemplo, podemos considerarlo pedagogo, moralista, pensador entre los más auténticos, mas es bueno no olvidar que su formación, antes que todo, era de humanista. Por las cuestiones que trató, por la seguridad con que formuló las tesis fundamentales de la Doctrina en sus diálogos con los espíritus instructores y por las propias líneas maestras de su estructura intelectual, se ve luego que había en él, los recursos culturales de un humanista completo.

Publicado en Abertura. Jornal de Cultura Espírita (Mayo 2011). Extraído del artículo El Humanismo Espírita. Eugenio Lara. Andalucía Espiritista.

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