Del archivo de Emmanuel

herculanoEstábamos de viaje por lejos del hogar, cuando un grupo de hermanos surgió a nuestro encuentro. Compañeros en prueba de dificultades. Solicitaban algunos momentos de oración. Mientras tanto, la conducción nos esperaba para tareas distantes. Aún así, oramos por algunos minutos rápidos y buscamos instrucciones en el Evangelio Según el Espiritismo. Abierto el libro, el ítem 12 capítulo V nos invitaba a la meditación y al intercambio de ideas, lo que hicimos en la pequeña franja de tiempo de que disponíamos.

No teníamos oportunidad para la psicografía, pero nuestro amigo Emmanuel nos permitió retirar al acaso, del archivo de comunicaciones, un mensaje recibido hacia tiempo. Y esa fue la página que nuestro benefactor espiritual titulo por Bendiciones Ocultas.

Tan oportuna se nos hizo esa página, que la enviamos a sus manos, a la vez que todos concordamos en solicitar su concurso de siempre, para que la tengamos con sus preciosas anotaciones en el “Diario de S. Paulo” si es posible. Guardando la certeza de que el apreciado amigo nos dispensará su atención acostumbrada, y agradeciendo anticipadamente, suyo siempre de corazón.

Bendiciones ocultas (Emmanuel)

Todos necesitamos de reconforto, en los días de aflicción. Eso es justo. Por otro lado, no obstante, es importante reconocer que la Providencia Divina, no nos dá dificultades sin motivo. Entendiéndose, pues, que el Señor jamás nos abandona a las propias flaquezas, sin permitir que vengamos a cargar fardos incompatibles con nuestras fuerzas, toda vez que sustentados en nuestras tribulaciones, huyamos de usar la consolación, a la manera de la flor estéril.

Aprovechemos la calma que surge despues de la tormenta íntima para fijar la lección que el sufrimiento nos ofrece. No nos proponemos, sin duda, elogiar a los iniciadores de contrariedades y a los fabricantes de problemas, no obstante es preciso que nos demos cuenta con respecto a los provechos ocultos en las pruebas que nos visitan.

¿Quien podría adivinar a que abismos nos llevaría el amigo menos responsable, en quien confiamos totalmente, si el mismo no nos diese a beber la hiel de la desilusión con que se nos abren los ojos a la verdad? ¿Quien conseguiría medir los espinos de la discordia en que enlodaríamos el espíritu, si no fueren las decepciones y luchas soportadas por nuestro equipo de trabajo, para enseñarnos la unión imprescindible para la senda a caminar?

Ingratitud, en muchos casos, es el nombre de la bendición, con que la infinita misericordia de Dios aparta de nosotros un ente amado, para que ese ente amado, por afecto en descontrol no nos induzca al desequilibrio. Obstáculo en el diccionario de la realidad, en muchas ocasiones, significará apoyo invisible para que no descarriemos en la precipitación y en la improductividad.

Llanto y sufrimiento exclusivamente para lamentar y desesperarse serán apenas corredores descendentes para el desánimo y la rebeldía. Llorar y sufrir, si, pero para reequilibrio, elevación, mejorar, construir. Nuestras pruebas, nuestras bendiciones.

Reflexione en los males mayores que te alcanzarían fatalmente si no tuvieses el socorro providencial de los males menores de hoy y reconocerás que todo contratiempo aceptado con serenidad es toque de las manos de Dios, alertándote el corazón y guiándote el camino.

Extraído del libro “No hora do testemunho”
Francisco Cândido Xavier. J Herculano Pires

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