Los mundos muertos

JHpiresEl problema de los “mundos muertos” viene preocupando a algunos lectores que nos preguntan: “¿Cómo explica el Espiritismo la existencia de esos mundos que no sirven para nada?”

El Espiritismo considera el Universo como un sistema, una especie de organismo vivo, constituido de materia y espíritu en constante interacción. Los mundos se mueven en el espacio infinito según leyes precisas, que permite a los astronautas viajar de un mundo hacia otro. El número de mundos vivos, dotados no sólo de vida vegetal y animal, sino también de vida humana, es mayor del que podemos imaginar. Pero entre los mundos vivos existen los mundos muertos, de apariencia sólo mineral. ¿Para qué sirven esos mundos vacíos? Consulte el lector el capítulo del “Libro de los Espíritus” intitulado “Mundos Transitorios”, que comienza en el Nº 234, y tendrá la respuesta que nos pide. 

Pero no piense que esa respuesta es absoluta, que realmente solucione el problema de los mundos muertos.  Ella es dada según nuestra capacidad actual de comprensión. Revela sólo la finalidad de esos mundos que está más al alcance de nuestras ideas, de nuestro raciocinio. Es conveniente recordemos siempre que estamos condicionados a una situación particular, habituados a la condiciones de la vida en la Tierra. Los mundos sin vida sirven, según explica “El Libro de los Espíritus”, de lugar de paso para los espíritus de la erraticidad en sus misiones cósmicas.

Porque los espíritus son “una de las fuerzas de la naturaleza” del Universo, están por todas partes y ejercen sus actividades en el espacio interplanetario, en los planetas y sus satélites e incluso en el interior de varios globos. Los espíritus actúan en la Naturaleza como fuerzas inteligentes, dirigidos siempre por entidades superiores. Las leyendas que se refieren a gnomos, hadas, silfos, duendes y tantas otras figuras del folclore y de la mitología de los pueblos tienen su origen en la existencia de los espíritus que trabajan con los diversos elementos de la Naturaleza.

Es por eso que la Luna, mundo muerto, en verdad posee vida imperceptibles para el hombre. No podemos considerarla como un cadáver sideral, pues ella es un laboratorio natural. Además de eso, ejerce funciones de equilibrio en el sistema solar, particularmente en relación a la Tierra, sobre la cual actúa a través de energías magnéticas, gravitacionales y otras aún desconocidas. Nada existe inútil en el Universo. La economía cósmica no conoce el desperdicio, aunque exista, en nuestra lógica puramente humana, la impresión de que los desperdicios son enormes. Las investigaciones cósmicas, aún en inicio, irán a mostrar a los hombres una visión más compleja del Universo, por eso aún más rica y bella. Visión que el Espiritismo nos dio hace más de un siglo.

J. Herculano Pires
Extraído del libro “El hombre nuevo”

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