Del egoísmo

kardec913 – Entre los vicios, ¿cuál puede considerarse como radical?
– Muchas veces lo hemos dicho: es el egoísmo; de él deriva todo el mal. Estudiad todos los vicios y veréis que en el fondo de todos está el egoísmo. En vano los combatiréis y no conseguiréis extirparlos hasta que no hayáis atacado el mal en su raíz, hasta que no hayáis destruido la causa. Por tanto, que todos vuestros esfuerzos tiendan a ese objetivo, porque él es el verdadero cáncer de la sociedad. Cualquiera que desee aproximarse desde esta vida a la perfección moral, debe extirpar de su corazón todo sentimiento de egoísmo, porque el egoísmo es incompatible con la justicia, el amor y la caridad; neutraliza todas las otras cualidades.

914 – Estando fundado el egoísmo sobre el sentimiento de interés personal, parece muy difícil extirparlo completamente del corazón humano, ¿llegará a conseguirse?
– A medida que los hombres se ilustran sobre las cosas espirituales, dan menos valor a las cosas materiales. Además, es preciso reformar las instituciones humanas que lo mantienen y excitan. Esto depende de la educación.

915 – Siendo el egoísmo inherente a la especie humana, ¿no será siempre un obstáculo para el reinado del bien absoluto en la Tierra?
– Cierto que el egoísmo es vuestro mal mayor, pero depende de la inferioridad de los Espíritus encarnados en la Tierra, y no de la misma Humanidad. Luego, purificándose los Espíritus en encarnaciones sucesivas, pierden el egoísmo, como pierden sus otras impurezas. ¿No tenéis en la Tierra ningún hombre que, libre del egoísmo, practique la caridad? Hay más de los que vosotros creéis, pero vosotros no los conocéis, porque la virtud no busca ponerse en evidencia. Y si hay uno, ¿por qué no ha de haber diez? Si diez, ¿por qué no mil? Y así sucesivamente.

916 – Lejos de disminuir, el egoísmo crece con la civilización que parece excitarlo y mantenerlo; ¿cómo podría la causa destruir el efecto?
– Mientras mayor es el mal, más horrible se presenta. Era preciso que el egoísmo originase mucho mal para que se comprendiese la necesidad de extirparlo. Cuando los hombres se hayan despojado del egoísmo que los domina, vivirán como hermanos sin hacerse mal, ayudándose recíprocamente, por el mutuo sentimiento de la solidaridad. Entonces el fuerte será apoyo del débil y no opresor, y no se verán hombres faltos de lo necesario; porque todos practicarán la ley de justicia. Este es el reino del bien de cuya preparación están encargados los Espíritus. (784).

917 – ¿Cuál es el medio de destruir el egoísmo?
– De todas las imperfecciones humanas, la más difícil de desarraigar es el egoísmo, porque deriva de la influencia de la materia de la cual el hombre, que está muy próximo aún a su origen, no ha podido emanciparse y todo contribuye a sostener esa influencia: sus leyes, su organización social, su educación. El egoísmo amenguará con el predominio de la vida moral sobre la material, y sobre todo con la inteligencia que os da el Espiritismo de vuestro estado futuro real y no desnaturalizado por ficciones alegóricas. Bien comprendido el Espiritismo, y una vez identificado con las costumbres y creencias, transformará los hábitos, los usos y las relaciones sociales. El egoísmo se funda en la importancia de la personalidad, y el Espiritismo bien comprendido, lo repito, hace ver las cosas de tan alto que el sentimiento de la personalidad desaparece, de alguna forma, ante la inmensidad. Destruyendo semejante importancia, o todo o por lo menos haciendo que se la considere tal cual es, combate necesariamente el egoísmo. Es el roce que el hombre experimenta del egoísmo de los otros lo que le hace, con frecuencia, egoísta, porque siente la necesidad de colocarse a la defensiva. Viendo que los otros piensan en sí mismos y no en él, se ve arrastrado a ocuparse de sí más que de los otros. Que el principio de la caridad y de la fraternidad sea la base de las instituciones sociales, de las relaciones legales de pueblo a pueblo, y de hombre a hombre, y éste cuidará menos de su persona cuando verifique que otros piensan en él. Sentirá la influencia moralizadora del ejemplo y del contacto. En presencia de ese desbordamiento de egoísmo, es preciso una verdadera virtud para hacer abnegación de su personalidad en provecho de los otros, que con frecuencia, no son agradecidos. A los que poseen semejante virtud es a quienes está abierto el reino de los cielos, y a ellos sobre todo está reservada la dicha de los elegidos; porque en verdad os digo que en el día de la justicia, todo el que sólo en sí mismo haya pensado será separado y sufrirá en su abandono. (785).

Fenelón

Indudablemente se hacen laudables esfuerzos para hacer progresar a la Humanidad; se alientan, se estimulan, se honran los buenos sentimientos más que en época alguna, y sin embargo el gusano roedor del egoísmo es siempre la plaga social. Es un mal real que brota por todo el mundo, y del que todos somos más o menos víctimas. Preciso es, pues, combatirlo como se combate una enfermedad epidémica, y para ello es necesario proceder como los médicos: yendo al origen. Que se busque en todas las partes de la organización social desde la familia a los pueblos, desde la cabaña al palacio, todas las causas, todas las influencias patentes u ocultas, que excitan, mantienen y desarrollan el sentimiento del egoísmo, y una vez conocidas las causas, el remedio se presentará por sí mismo. No se tratará más que de combatirlas, sino a todas a la vez, parcialmente, a lo menos, y poco a poco se extirpará el veneno. La curación podrá ser lenta, porque las causas son numerosas, pero no imposible. Por lo demás, no se llegará a eso sino tomando el mal por su raíz, es decir, por la educación; no esa educación que tiende a hacer hombres instruidos, sino la que tiende a hacer hombres de bien. La educación, cuando se la entiende bien, es la clave del progreso moral.

Cuando se conozca el arte de manejar los caracteres como se conoce el de manejar las inteligencias, se podrán enderezar como se enderezan las plantas jóvenes. Pero este arte requiere mucho tacto, mucha experiencia y una observación profunda. Es un grave error creer que basta tener ciencia para ejercerlo con provecho. Cualquiera que, desde el nacimiento, sigue así al hijo del rico como al del pobre y observa todas las perniciosas influencias que operan en él a causa de la debilidad, de la incuria y de la ignorancia de los que le dirigen y cuán a menudo son improductivos los medios que para moralizarle se emplean, no puede admirarse de hallar defectos en el mundo. Que se haga para lo moral tanto como se hace por la inteligencia y se verá que si hay naturalezas refractarias, hay más de las que se creen, que no esperan más que una buena cultura para dar frutos buenos. (872).

El hombre quiere ser feliz y ese sentimiento esta en la Naturaleza. Por esta razón trabaja sin cesar para mejorar su posición sobre la Tierra; busca la causa de sus males par remediarlos. Cuando comprenda que el egoísmo es una de esas causas, la que engendra el orgullo, la ambición, la codicia, la envidia, el odio y los celos, que le perjudican a cada instante, que perturba todas las relaciones sociales, provoca las disensiones, destruye la confianza, obliga a colocarse constantemente a la defensiva contra su enemigo, entonces comprenderá también que ese vicio es incompatible con su propia felicidad e incluso con su propia seguridad. Mientras más sufra a consecuencia de él, más sentirá la necesidad de combatirlo, como combate la peste, los animales nocivos y demás calamidades. Será solicitado a ello por su propio interés. (784). El egoísmo es el origen de todos los vicios, como la caridad es el de todas las virtudes. Destruir el uno y fomentar la otra, tal debe ser el objeto de todos los esfuerzos del hombre, si quiere asegurar su felicidad en este mundo, así como en el futuro.

Allan Kardec
Extraído del libro “El libro de los espíritus”

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