Al acecho

ErraticidadLuis Borges, denodado obrero de la Causa Espírita en San Pablo, cruzaba tranquilamente la Avenida San Juan de la capital bandeirante, cuando fue alcanzado por una bala de revólver, lo que generó un gran revuelo. Ciudadanos y guardias. Silbidos y exclamaciones. Un pobre joven desconocido, que portaba un arma, fue apresado y llevado ante la presencia de la víctima.

Borges se mostraba asustado pero mantenía la serenidad. La bala sólo había perforado el libro que sostenía con una de sus manos apoyada sobre el pecho. Ese libro era «El Evangelio según el Espiritismo», con el que se dirigía a cierta reunión a favor de un enfermo.

— Pido disculpas. El tiro fue casual —rogó el joven, lívido.

Mientras tanto, los policías lo retenían furiosos. Luis Borges, sin embargo, con intención de apaciguarlos abrió el volumen chamuscado y dijo:

— Veamos el mensaje del Evangelio.

Y ante el asombro general, se puso a leer en la página abierta las hermosas referencias del capítulo X, «Bienaventurados los que son misericordiosos»: Entonces, aproximándose a él, le dijo Pedro:

— Señor, ¡¿cuántas veces perdonaré a mi hermano cuando haya pecado contra mí?! ¿Hasta siete veces? Le respondió Jesús: — No os digo que perdonéis hasta siete veces sino hasta setenta veces siete veces.

Cuando Borges concluyó la breve lectura, el joven prisionero se arrodilló en la calle y comenzó a sollozar. Recién entonces explicó que se encontraba allí al acecho, para asesinar a su propio hermano que lo había perjudicado en un proceso relacionado con una herencia; pero prometió desistir definitivamente de tal propósito.

Hilário Silva

Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira
Extraído del libro «El Espíritu de la Verdad»

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