El sentido de la vida – Luz Espiritual

El sentido de la vida

herculano¿Por qué y para qué vivimos? La respuesta a esta pregunta es de gran importancia para comprender el problema de la obsesión. Según el Espiritismo, vivimos para desarrollar los potenciales psíquicos de que todos estamos dotados. Nuestra existencia terrena tiene por finalidad la trascendencia, o sea, la superación constante de nuestra condición humana. Desde el nacimiento hasta nuestro último día pasamos por las experiencias que desarrollan nuestras aptitudes innatas, en todos los sentidos. El niño recién nacido crece día a día, desarrolla su organismo, aprende a comunicarse con los demás, a hablar y a razonar, a querer y a actuar para conseguir lo que quiere. Trasciende la condición en que nació y pasa a fases superiores de la infancia, entrando más tarde en la adolescencia y después en la juventud, en la edad madura y en la vejez.

Al recorrer todo ese trayecto fue desarrollando sus fuerzas orgánicas y psíquicas, su afectividad, su capacidad de comprender lo que pasa a su alrededor y su poder de dominar las circunstancias. Esto es trascender, elevarse por encima de la condición en que nació. Y para eso vivimos. Esto nos muestra que el sentido de la vida es la trascendencia. Hoy, la Filosofía Existencial sostiene ese mismo principio en el campo filosófico.

Los existencialistas consideran al hombre como un proyecto, o sea, un ser proyectado en la existencia como una flecha en dirección a un objetivo, que es la trascendencia. Pero según el Espiritismo las existencias son muchas y sucesivas, de modo que en cada existencia terrena alcanzamos un nuevo grado de trascendencia. Los estudios parapsicológicos actuales sobre la reencarnación confirman ese principio.

El hecho de que vivamos muchas vidas en la Tierra, y no solamente una, indica que tenemos en el inconsciente un acopio almacenado de recuerdos y conocimientos, aspiraciones, frustraciones y traumas mucho mayor que el descubierto por Freud. Es bueno anotar en la memoria este dato importante: cuando Kardec descubrió las manifestaciones del inconsciente, por medio de sus pesquisas sobre los fenómenos anímicos, Freud tenía solamente un año de edad. Esto no desmerece a Freud, que no conocía las pesquisas de Kardec, sino que nos demuestra la seguridad de las investigaciones espíritas acera del psiquismo humano.

La concepción espírita de la vida humana en la Tierra no es imaginaria, sino real, basada en estudios científicos. Los que consideran al Espiritismo como doctrina supersticiosa, creada por la ignorancia, revelan ser más ignorantes que lo que podrían pensar de sí mismos. La Doctrina Espírita está hoy comprobada científicamente por los científicos más avanzados. Lo decimos para mostrar a los lectores que el sentido de la vida a que nos referimos, no es una hipótesis, sino una realidad. Si no comprendemos que la vida es trascendencia, crecimiento, elevación y desarrollo constante y comprobado del ser espiritual que somos, no podremos encarar con naturalidad el problema de la obsesión y luchar para resolverlo.

J. Herculano Pires
Extraído del libro “Pases a la luz del Espiritismo”

1 comentario sobre “El sentido de la vida

  1. Responder
    Luis - 29 julio, 2018

    Lo señalado por Dn. J. Herculiano Pires me parece muy certero, tenemos que entender la importancia
    de “trascender” y de esa forma darle sentido a nuestra existencia. Atte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba