¿Qué es más importante, la sabiduría o el amor?

Jorge_hessenUn compañero nos preguntó si era más importante al espíritu encarnado la caridad (el amor) o la intelectualidad (sabiduría). Para esclarecerlo procuramos tomar informaciones en las fuentes del saber emmanuelinos. Le dije que ante las perspectivas del crecimiento espiritual, la caridad (sentir) es sobradamente más importante, en la esencia, que la inteligencia (saber), y no obstante necesitamos de las dos alas (amor y sabiduría) para alcanzar los vuelos rumbo al excelso destino luminoso.

En realidad, el sentimiento y la sabiduría son las dos alas con las que el alma se elevará hacia la perfección infinita; las dos son clasificadas como adelantamiento moral y adelantamiento intelectual; ambos son imprescindibles para el progreso, siendo justo, sin embargo, considerar la superioridad del primero (sentimiento) sobre el segundo (sabiduría), por cuanto, “la Parte intelectual sin la moral puede ofrecer numerosas perspectivas de caída, en la repetición de las experiencias, mientras que el avance moral nunca jamás será excesivo, representando el núcleo más importante de las energías evolutivas.”

En verdad, nuestra capacidad intelectual es demasiadamente corta, cara a los elevados poderes de la personalidad espiritual, independiente de los lazos de la materia. Según Emmanuel, “los enlaces de la encarnación hacen el papel de cables de la luz sobre todas las conquistas anteriores del Espíritu reencarnado. En esa sombra reside el acervo de vagos recuerdos, de vocaciones innatas, de numerosas experiencias, de valores naturales espontáneos, al que llamamos sub-conciencia. Más allá de eso, la incapacidad intelectual del hombre físico tiene su origen en su propia situación, caracterizada por la necesidad de pruebas amargas.”

Los valores intelectuales en la Tierra, actualmente, sufren la vergüenza de todas las fuerzas corruptoras de la decadencia. “La actual generación, que tantas veces se entregó a la jactancia, atribuyendo a si misma las más altas conquistas en el terreno del raciocinio positivo, operó los más vastos desequilibrios en las corrientes evolutivas del orbe, con su injustificable divorcio del sentimiento.”

Es por ese deseo que notamos en el escenario político-social-económico de la Tierra las aberraciones, los absurdos teóricos, los extremismos estableciendo la inversión de los valores. “Excesivamente preocupados con sus extravagancias los misioneros de la inteligencia cambiaron su labor junto al espíritu por un lugar de dominio, como los sacerdotes religiosos que cambiaron la luz de la fe por las previsiones tangibles de la situación económica.”

Entretanto, es imprescindible reconocer que hay una tarea especializada de la inteligencia en el orbe terrestre, sobre todo para los que reciben la delegación bendecida, en luchas expiatorias o en misiones santificantes, de ampliar la buena tarea de la inteligencia en beneficio real de la colectividad. Es urgente, con todo, la vigilancia constante, pues, “el destaque intelectual, muchas veces, oscurece en el mundo la visión del espíritu encarnado, conduciéndolo a la vanidad injustificable, donde las intenciones más puras quedan aniquiladas.” Otro aspecto que debemos reflexionar es si debemos, en nombre del Espiritismo, buscar los intelectuales para la comprensión de sus deberes espirituales.

Emmanuel nos responde a esa cuestión de una forma categórica: “provocar la atención de los otros con la intención de regenerarlos, cuando todos nosotros, aun mismo los desencarnados, estamos en función de perfeccionamiento y aprendizaje, no parece justo, porque estamos aun con un deber esencial, que es el de la edificación de nosotros mismos. En la labor de la Doctrina, hemos de convenir que el Espiritismo es el Cristianismo redivivo por el cual precisamos ofrecer el testimonio de la verdad, dentro de nuestro concepto de relatividad, todo el fundamento de la verdad de la Tierra está en Jesucristo.”

La Tercera Revelación triunfa por sí, sin la concurrencia de las flacas posibilidades humanas. Nadie deberá procurar a los intelectuales suponiéndose elemento indispensable para su victoria. Emmanuel alerta que “el Espiritismo no necesita de determinados hombres (intelectualizados) para consolar e instruir a las criaturas, desprendiéndose que los propios intelectuales del mundo es que deben buscar, espontáneamente, en la fuente de conocimientos doctrinarios, el beneficio de su iluminación.”

Querido hermano, recordemos que los hombres sencillos, iletrados, humildes, que “pasan la vida entera, trabajando al Sol en el cultivo de la Tierra, fabricando pan sabroso de la vida, tienen más valor para Dios que los artistas de inteligencia viciada, que no hacen otra cosas sino perturbar la marcha divina de sus leyes. Por tanto, que la expresión de intelectualidad es muy valiosa, no hay duda, más no puede prescindir jamás de los valores del sentimiento en su esencia sublime. “

Jorge Hessen

Extraído de la revista Actualidad Espiritista

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.