Divaldo Pereira: un espíritu del más acá

divaldo_pereira¿Qué niño de cuatro años no sale huyendo si ve a una anciana que dice ser su abuela y está muerta?

Divaldo, no.

El reconocido médium y espiritista asegura que era un niño cuando se le apareció el primer espíritu. Era el de María Catalina, su abuela, a quien no conocía. Ana, la madre de Divaldo, se aterrorizó, porque el pequeño insistía en que la anciana quería hablar con ella. Entonces, la mujer, quien nunca conoció a su madre (porque murió cuando ella estaba pequeña), lo llevó donde una hermana de ella, quien sí alcanzó a conocerla. El espíritu seguía dejándose ver de Divaldo, aún en la casa de su tía. La hermana de su madre le preguntó qué ropa usaba el supuesto espíritu.

“Me acuerdo que le dije que era muy bajita, llevaba una falda muy larga, tenía algo en la cintura y además algo que brillaba aquí (señala el pecho). Mi tía dijo: «Ana, esa es mamá. Y eso que brilla es un camafeo que yo le puse a su cadáver», cuenta el brasilero.

Tiene 86 años, pero luce como de 50; y, cuando habla, parece que tuviera más bien 300 años de existencia. Siempre menciona fechas exactas (era como hacer un viaje en el tiempo) y tiene un aura muy agradable. A decir verdad, esperaba un personaje un poco oscuro. Ya sabes: los espíritus, las almas de los muertos, el más allá. La entrevista se realizó en la Dirección de este medio y fue más bien como un diálogo en el que todos participamos e intentamos disipar nuestras dudas. No todos los días se está frente a la máxima autoridad en el mundo de la doctrina del espiritismo.

¿Cuál es el caso más curioso que ha atendido como espiritista?
-Son centenares, pero una de las más importantes de mi vida sucedió conmigo mismo. En 1954 tuve un problema de garganta que terminó en un cáncer. El médico que me atendía era muy amigo y me invitó a una reunión íntima donde se materializó un espíritu. De repente, escuché una voz femenina que me dijo: ‘Divaldo, abre la boca’. También me pidió que abriera los ojos. Cuando lo hice, vi a una señorita de 1,66 metros de estatura más o menos, que intuí era judía, sonriendo, vestida de enfermera de la Primera Guerra Mundial. Llevaba un lapicero que tenía una bombilla verde en el final. Me dijo: ‘Voy a cauterizar el problema y va a doler’. Ese bombillo era confortable, porque se apoyaba en la lengua. Cuando el lapicero estaba adentro, disparó algo, sentí un dolor intenso y pegué un grito. Eso mismo hizo dos veces. Recuperé la voz desde aquel mes de mayo de 1954 hasta el día de hoy. Ese era el espíritu de una enfermera llamada Sheyla. Me quedé tan sorprendido que pensé que era un delirio, porque soy espiritista.

¿Para qué sirve el espiritismo?
-Para iluminar la conciencia. Las religiones dicen que la vida continúa y que después de la muerte se será feliz para siempre o desgraciado para siempre. El espiritista quiere demostrar que la vida tiene un sentido psicológico, que la muerte es un cambio de vibración. Porque hoy todo es energía. Nosotros creemos que después de la muerte hay vida. Mejor dicho, hay una vida de donde venimos y para donde retornamos. Pero lo más importante del espiritismo es que propicia una armonía interior, porque vivimos en una lucha tremenda. Nosotros creemos que hay una fuerza en el universo que se llama Dios,  naturaleza, energía y esta fuerza creó la vida, pero una vida con una fatalidad que era la plenitud física. El materialismo nos plantea que seremos felices cuando lo tengamos todo; y aun cuando conseguimos todo, tememos perderlo. De modo que nunca somos felices. Yo tengo 86 años y puedo decirlo, porque pasé por todos esos periodos. Hoy veo hacia atrás y siento una armonía extraordinaria, porque conseguí llegar hasta aquí sin métodos lucrativos.

¿Cómo hizo para escribir 254 libros?
-Gracias a los espíritus. Yo transcribo lo que me dictan todos los días 4 horas, y ahí vamos publicando de a poco. Ya tenemos 121 ejemplares traducidos en 16 idiomas, pero lo más fantástico es que no disfruto de una moneda en derechos de autor. Todos los derechos de autor los donamos a instituciones de caridad.

¿De qué manera ha sentido a Jesús en su vida?
-Nací en una familia católica y, cuando me hice espiritista, entendí a Jesús, porque yo lo comprendía de acuerdo con el dogma de la Iglesia. Cuando identifiqué que Jesús no era Dios, sino el hijo de Dios y que nos amaba, que no permitía que nadie se perdiera y fuera al infierno para toda la eternidad, nació un sentimiento de ternura, de dulzura por este hombre que había tenido paciencia para aquellos que fueron sus enemigos. Lo que más me fascinó de la figura de Jesús fue su capacidad de amar, porque fue golpeado por un soldado en la cara y no reaccionó. Esa es una actitud extraordinaria. De modo que cuando leí el Sermón de la montaña, mi vida cambió completamente, porque yo hacía parte del grupo de personas que creía que fuerte era quien vencía a los otros; poderoso, quien dominaba. Con ese texto comprendí que fuerte es quien se domina. Una ética totalmente opuesta a la que vivimos hoy. La propuesta de Jesús es vencerse a sí mismo, a las malas inclinaciones; y eso es fascinante.

¿Qué asimila el espiritismo del cristianismo?
-Todo. El espiritismo es una lectura del cristianismo. La diferencia es interpretativa. Para nosotros, Dios es amor. La vida es única, pero las existencias corporales son múltiples a través de las encarnaciones, y los espíritus vuelven comunicándose con nosotros. Hay pluralidad en el mundo y creemos totalmente en todo lo que Jesús dijo, porque somos cristianos.

¿Usted cree que Jesús resucitó físicamente o espiritualmente?
-Espiritualmente.

¿Quién es su familia?
-Soy el último ejemplar, porque soy el último de una familia de 13 hermanos y ya se desencarnaron. Entonces, estoy solo, pero tengo una familia universal fantástica. Tengo mis hijos espirituales. He adoptado 84, quienes a su vez me han dado más de 300 nietos y ya 20 bisnietos. Pero tataranietos no quiero (risas).

¿Qué riesgos tiene trabajar con espíritus?¿Cómo saber si los medios son auténticos?
-Muchos riesgos, porque los espíritus tienen tareas importantes. Como las criaturas humanas, hay espíritus buenos y malos. Y ¿cómo saber que los medios son auténticos? Si hay interés económico o de otra naturaleza, hay una posibilidad de que no lo sean. Nunca paguen por actividades mediúmnicas, porque están cobrando por los espíritus y ellos no ganan nada. Para yo dedicarme de lleno a esto, tuve que trabajar muchos años para el Gobierno. El trabajo del espiritista es buscar el bien para construir una sociedad nueva.

¿A qué vienen los espíritus a este mundo?
-Vienen a demostrar que continúan viviendo, para aconsejarnos, advertirnos de algunas situaciones. Pero para que ellos se manifiesten, es necesario el merecimiento, que tengamos una vida saludable. No es necesario que seamos santos, pero sí ciudadanos. Por poner un ejemplo: es absurdo que en Brasil, en los últimos 10 años, fueran asesinadas en las calles 500 mil personas, 50 mil por año. Es una guerra no declarada. Los espíritus nos protegen. Yo viajo más de 250 veces al año y nunca he perdido un vuelo o tenido un atraco o algún problema.

¿Cómo saber que estamos frente al espíritu que evocamos?
-Yo puedo evocar a María Antonieta, pero viene María Fernanda y me miente. De modo que para no equivocarnos, los sometemos a un test. Si llamo a mi madre, le tengo que preguntar cómo era el nombre de ella, cómo era la casa donde vivíamos. Los espíritus no soportan ser investigados, porque nuestra lucha es la búsqueda de la verdad. Y en términos generales no evocamos espíritus, oramos y los que quieren o tienen algo que decir aparecen en el sitio.

¿Ha sido víctima de alguno?
-Cuando murió un hermano por un choque en 1944, yo tenía 17 años. Luego de ese accidente quedé con dificultades para caminar y quedé paralítico desde el 24 de junio hasta el 5 de diciembre de ese año. Entonces, un día una prima llevó a una señora que yo no conocía. La señora era médium, me miró y me dijo que yo no estaba enfermo, que era víctima de un espíritu que estaba atravesado en el centro de mis movimientos. El nombre de ese espíritu era José, así se llamaba mi hermano. Se aproximó a mí y, después de unos minutos, me dijo que me pusiera de pie. Tenía miedo de caerme, pero mi madre me mandó callar y me pidió que obedeciera. Lo hice y comencé a caminar hasta hoy. Esa señora nos invitó a una reunión en la que se leyó el evangelio del espiritismo, y sentí una sensación maravillosa. Me desmayé y, cuando retorné, mi madre lloraba, porque mi hermano José se comunicaba. Desde entonces, esos fenómenos se repitieron, pero sólo hasta 1947 fue cuando tomé conocimiento del espiritismo, y fui estudiándolo. A partir de ahí, me transformé en espiritista, sin abandonar el respeto por la religión.

¿Qué no le pregunté que desee compartir con nuestros lectores?
-Lo que es más importante en la vida: amar. Cuando se ama, se es feliz. El verdadero sentido de la vida es vivir amando. No es importante que nos amen, porque si amamos para que nos amen, es un arreglo. Pero cuando amamos por el interés de ver al otro feliz, esto es la plenitud. En la vida todos tenemos enemigos. ¡Todos! Lo más importante es no ser enemigo de nadie. Tener paz en el corazón. Por eso, solamente por el amor, la paz es posible en la criatura humana.

Extraído del periódico «El universal» Colombia.

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.