Por amor a la Doctrina

colavidaTraductor fiel de las obras de Allan Kardec, tanto en sus escritos como en su propia vida, José María Fernández Colavida no solamente conocía profundamente las enseñanzas de esas obras debido a su gran capacidad intelectual sino que también, como verdadero espírita, las sentía, en lo íntimo de su corazón, gracias a sus admirables cualidades morales. Por el conocimiento y el sentimiento, Fernández Colavida tenía, pues, la verdadera comprensión del Espiritismo y, por ello, también la más firme convicción de que las obras de Allan Kardec, escritas de manera clara, precisa, lógica, portadoras de un contenido sublime, obtenido mediante serios procedimientos científicos y con la más elevada moralidad, constituyen un inestimable tesoro que debe ser preservado.

Fue, por lo tanto, con preocupación que Fernández Colavida recibió la noticia, publicada en 1872 por el periódico Revelación Tercera, de Barcelona, de una nueva edición del libro El Espiritismo en su más simple expresión, de Allan Kardec, «notablemente corregido por su autor, desde ultra tumba». A pesar de que todavía no tenía en mano la obra anunciada, Fernández Colavida sintió que era necesario alertar al público sobre los riesgos de esa iniciativa. Aunque su alerta pudiera herir susceptibilidades en el movimiento espírita de la propia ciudad donde vivía, no dudó en dejar clara su posición sobre el caso, basada en las enseñanzas doctrinarias, escritas por el propio Allan Kardec, acerca de la comprobación de las comunicaciones mediúmnicas: Para los espiritistas este anuncio reviste una importante gravedad, puesto que se trata no ya de cuestiones de reglamentacion, sino de doctrina; no ya de un espiritista
de segunda fila, sino del gran propagandista de nuestras creencias, del Maestro, como con razón puede llamársele. ¿Son realmente suyas las correcciones que como suyas se anuncian al público? Nosotros no tenemos datos, para negarlo o afirmarlo; pero hemos de recordar aquí, que, además de la comprobación de la razón filosófica y desapasionada, la doctrina espiritista reconoce la de la universalidad de la enseñanza, siempre la misma en esencia, aunque se obtenga en diversos centros y por distintos médiums.

Los editores del nuevo Espiritismo en su más simple expresión –que no son, ni nada tienen que ver con la «Propagadora Barcelonesa», en materia de publicaciones– ¿se han ajustado a alguna de esas dos comprobaciones? En cuanto a la primera, nada sabemos; respecto de la segunda, contestamos negativamente. Preciso es, pues, que los espiritistas españoles se pongan en guardia contra ciertas adiciones y correcciones, que, publicadas bajo el nombre de Allan Kardec, tienen cierta importancia; pero que de ella carecen, desde el momento en que no han sido sometidas a los procedimientos verdaderamente espiritistas. Esto decimos, por amor a la doctrina; esto repetiremos, por amor a la doctrina, tantas cuantas veces lo juzguemos necesario. Amicus Plato, sed magis amica veritas. Para nosotros por encima de los espiritistas de todo el mundo, está el Espiritismo; y deseamos y rogamos muy encarecidamente, que, al más pequeño falseamiento de la doctrina en que incurramos, se nos haga presente, y con energía se censure nuestra conducta, si en ella persistimos. Creemos que haciéndolo así nuestros hermanos, nos prestarán un señalado favor.

Después de haber leído la nueva edición del libro, Fernández Colavida constató que habían sido añadidos al texto original dos mensajes atribuidos a Allan Kardec, uno de ellos firmado por «Allan Kardek» (con «k»). Además de explicar, de manera equilibrada y racional, las incoherencias, desde el punto de vista doctrinario, de ambos mensajes, Fernández Colavida, sin asumir la postura de «dueño de la verdad», reveló, una vez más, con humildad, su disposición de trabajar por la verdad: […] Creemos estar en la verdad; creemos que, sobre el punto en cuestión, procedemos con entera rectitud, pero como no nos juzgamos infalibles, ni mucho menos, suplicamos a todos los espiritistas, a todos sin exclusión de ninguno, que nos hagan el señalado favor de patentizarnos nuestra equivocación, si es que equivocados estamos. Admitiremos todas las observaciones que quieran hacérsenos, tanto verbales como por escrito, las deseamos con la ardiente sed de verdad que sin cesar nos acosa; no tenemos empeño en mantener opiniones que se nos demuestren ser erróneas, y antes por el contrario, estamos siempre dispuestos a abandonar con placer las que se nos demuestren que, en efecto, lo son. Pero, si estamos en la verdad, no se nos acuse, porque procuramos llevarla a todas las inteligencias; al obrar así, cumplimos un deber, que calificamos de sagrado.

Constituida, en 1869, por los sucesores de Allan Kardec, la Sociedad Anónima de la Caja General y Central del Espiritismo, de París, propietaria de los derechos de autor de las obras del Codificador, tomó conocimiento del caso y publicó, en la Revue Spirite, la siguiente advertencia: Editores extranjeros que no conocen las leyes y los tratados internacionales que rigen los derechos de propiedad literaria quieren editar los libros de Allan Kardec, sin haberle solicitado permiso a quién por derecho corresponde. Últimamente un desconocido, un español, deseaba obtener el derecho de reproducción para España: lo hemos rechazado ¡y con razón!… Les recordamos a todos los espíritas que solamente la Sociedad espírita barcelonesa, calle Basea, n. 30, en Barcelona, bajo la dirección del Sr. J.M. Fernandez, tiene el derecho, para España, de traducir al español El Libro de los Espíritus; esa traducción revisada por nosotros está conforme a la letra; solamente ella está aprobada y recomendada por la Sociedad anónima, calle de Lille, n. 7, encargada de no dejar que se produzca ninguna alteración en la obra de Allan Kardec.

Nosotros demandaremos judicialmente con rigor cualquier otra traducción, y sobre todo la que está anunciada por el suplemento de un periódico intitulado: Roma y el Espiritismo. Ese anuncio le adelanta al público que se prepara una edición de El Espiritismo en su más simple expresión, notablemente corregida por su autor Allan Kardec, después de su muerte. Igualmente, se editaría Qué es el Espiritismo, aumentado de 64 páginas. Y aún más: El Libro de los Espíritus y El Libro de los Médiums al precio de 50 a 75 centavos. Preguntamos: ¿es posible vender un libro de 445 páginas por ese precio, puesto que solamente el papel de un volumen de ese formato sale más caro?… Hay allí una intención que es útil señalar; conocemos a los autores de esa maniobra, y las relaciones que mantienen con un poder que desea desnaturalizar las obras del maestro. Que los espíritas españoles se unan a nosotros para desbaratar esos planes poco honrados comprando únicamente los libros traducidos por la Sociedad espírita barcelonesa. Si esa advertencia no es suficiente, demandaremos judicialmente
con rigor. Rogamos a los periódicos y a los espíritas de España que reproduzcan esta declaración.

Luego de haber recibido un ejemplar de la edición anunciada como «corregida» de El Espiritismo en su más simple expresión, la Sociedad Anónima de la Caja General y Central del Espiritismo emitió otra advertencia, en la cual llama la atención para los riesgos de las modificaciones –por más sencillas que estas puedan parecer– del contenido de las obras de Allan Kardec: Recibimos un ejemplar de El Espiritismo en su más simple expresión, que una sociedad ha hecho imprimir en español, con el Sr. Salvador Maners, en Barcelona, sin tener derecho a eso. Se asegura que se trata solamente de una modificación simple, ordenada, por el Espíritu de Allan Kardec; pero si permitimos hoy que se desnaturalice un texto, mañana ya nadie se molestará; nuestra tolerancia será considerada como un consentimiento y todo estará tan modificado que ya no se rencontrará el pensamiento del maestro. La finalidad de esa maniobra es un ataque peligroso a nuestra doctrina; personas a quienes podríamos nombrar, y a quienes la Sociedad espírita barcelonesa ha tenido que repudiar, no ocultan sus aspiraciones y, en una comunicación, indican sus intenciones poniéndose bajo la égida de Allan Kardec, a quien ellos hacen decir que su doctrina no es suya, que sus obras no le pertenecen; en suma, se puede modificar todo, no respetar nada, y eso, para agradarle, porque él ve mejor y disfruta de más claridad en el mundo de los Espíritus, etc.; ¡todo firmado Allan Kardec, con una K!…

Esa curiosa comunicación está colocada al inicio de la traducción fantasiosa de El Espiritismo en su más simple expresión. El Sr. José de Fernández es nuestro apoderado para demostrarles a esos malintencionados que ellos pueden componer obras espíritas y hacer mejor que Allan Kardec, si son capaces, pero no tienen el derecho ni a sustraer ni a añadir una sola palabra a la traducción de sus obras, ni siquiera imprimirlas sin nuestro consentimiento. Los alertas inmediatos y claros de Fernández Colavida, a los cuales se sumaron las advertencias de la Sociedad Anónima de la Caja General y Central del Espiritismo, enseñan que toda vigilancia es necesaria para preservarse la pureza de la Doctrina Espírita, empezando por su base –el contenido de las obras de Allan Kardec. También demuestran que debe haber especial vigilancia ante iniciativas que parecen introducir mínimas alteraciones en el Espiritismo, pues, por lo general, los desvíos doctrinarios comienzan de a poco, lo que facilita su aceptación, explícita o tácita.

Alegándose el carácter progresivo de la Doctrina Espírita, se presentan, de tiempo en tiempo, propuestas de reformas o revisiones de sus enseñanzas, incluso de los textos de las obras de Allan Kardec. Sin embargo, la progresividad, es decir, el avance de la Doctrina Espírita a la par con el progreso, significa que el Espiritismo solamente se rectificará en algún punto si nuevos descubrimientos que hayan alcanzado el estado de verdades prácticas –no opiniones personales de encarnados o de Espíritus– llegan a demostrar que él está equivocado acerca de ese punto. Además, Allan Kardec dejó claro que, antes de buscar nuevo material, los adeptos deben poner en práctica todas las enseñanzas espíritas ya existentes: El Espiritismo ha dado sucesivamente y, en algunos años, todas las bases fundamentales del nuevo edificio; les corresponde a sus adeptos ahora poner en práctica ese material, antes de solicitar otro nuevo; Dios sabrá bien proveerles cuando hayan terminado su tarea.

¿Los adeptos tanto han sacado provecho de lo que [el Espiritismo] ha enseñado hasta hoy que no tienen nada más que hacer? Son tan caritativos, desprovistos de orgullo, desinteresados, benévolos hacia sus semejantes; son tan moderados en sus pasiones, han abjurado del odio, de la envidia y de los celos; en fin, son tan perfectos que sería superfluo, de ahora en adelante, predicarles la caridad, la humildad, la abnegación, en suma, la moral? Esa pretensión probaría por sí misma cuán necesarias son para ellos todavía esas lecciones elementales, que algunos consideran fastidiosas y pueriles; es, sin embargo, únicamente con la ayuda de esas instrucciones, si sacan provecho de ellas, como pueden elevarse suficientemente alto para ser dignos de recibir una enseñanza superior. Esa recomendación de Allan Kardec fue seguida fielmente por Fernández Colavida, que, con la fuerza de su ejemplo, la reiteró a Jacinto Esteva Marata, de la Unión Espiritista Kardeciana de Cataluña, y, de cierto modo, a todos los espíritas: Toda la generación presente pasará y tal vez otras más antes que se puedan reformar las doctrinas sostenidas en las obras que Kardec compuso; y añado, además, que esas doctrinas no serán reformadas mientras todas sus enseñanzas no sean puestas en práctica: no te olvides de eso y consagra todo tu entusiasmo y toda tu energía a sostener lo que te digo. Por lo tanto, en lugar de tergiversar el significado del carácter progresivo del Espiritismo para realizar reformas o revisiones de las enseñanzas contenidas en las obras de Allan Kardec, es necesario que nos ocupemos de nuestro propio progreso, sobre todo de nuestra transformación moral. La Doctrina Espírita debe progresar en nosotros mismos.

Extraído del libro “Divulgación del Espiritismo”
Simoni Privato Goidanich

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