Kardec, gracias

AllanKardec1Kardec, mientras recibes los homenajes del mundo, pedimos permiso para asociar nuestra sencilla reverencia de amor a los cánticos de reconocimiento, que exaltan tu obra gigantesca en los dominios de la liberación espiritual. No aludimos aquí al profesor emérito que has sido, sino al discípulo de Jesús que hizo posible que se erigieran las bases del Espiritismo Cristiano, cuya estructura desafía el paso del tiempo.

Que otros aludan a los títulos de cultura que engalanaban tu personalidad, al prestigio que disfrutabas en la esfera de la inteligencia, al brillo de tu presencia en los faustos sociales, de la gloria que aportaba esplendor a tu nombre, dado que todas las alusiones a tu dignidad personal nunca expresarán de modo integral el exacto valor de tus créditos humanos.

Nos referiremos al amigo fiel del Cristo y de la humanidad, en agradecimiento por la valentía y la abnegación con que te hiciste a un lado, para entregar al mundo el mensaje de la Espiritualidad Superior. Y al rememorar el clima de inquietudes y dificultades en que, a fin de encender otra vez la luz del Evangelio, superaste la injuria y el sarcasmo, la persecución y la calumnia, deseamos expresarte el afecto y la gratitud de todos los que indujiste a la fe en la inmortalidad y en la sabiduría de la vida. ¡Que el Señor te enaltezca por todos aquellos a quienes emancipaste de las tinieblas, y te haga bendito por los que se renovaron en relación con el destino, mediante la potencia de tu verba y de tu ejemplo!…

Ante ti forman fila, agradecidos y reverentes, los que arrebataste de la locura y del suicidio con la antorcha de la esperanza; los que arrancaste del laberinto de la obsesión con el esclarecimiento salvador; los padres desdichados que fueron atormentados por hijos insensibles y delincuentes, y los hijos mortificados que se encontraron en la fosa de la frustración y del abandono, por la irresponsabilidad de padres desequilibrados, todos quienes se restablecieron mediante tus enseñanzas acerca de la reencarnación; los que renacieron con dolorosos conflictos en el alma y reconocieron, con tal motivo, sentirse abrumados por la angustia, entre las zarzas de la probación, a los cuales liberaste de la demencia cuando mencionaste las vidas sucesivas; los que se encontraron arrasados por el llanto, palpando el sepulcro, en busca de los seres queridos que la muerte arrancó de sus brazos ansiosos, y para los cuales desplegaste los horizontes de la supervivencia, infundiéndoles renovación y paz con la contemplación del futuro; los que levantaste del suelo pantanoso del tedio y del desaliento, confiriéndoles de nuevo el ansia de trabajar y la alegría de vivir; los que aprendieron contigo el perdón de las ofensas y bendijeron, al orar, a aquellos mismos compañeros de humanidad que les habían apuñalado el espíritu, con golpes de insultos y de ingratitud; los que escucharon tu palabra fraternal, y aceptaron humildemente la injuria y el dolor como un instrumento para su redención; y los que desencarnaron incomprendidos o acusados sin haber cometido crimen alguno, abrazando tus páginas consoladoras, a las que humedecieron con sus propias lágrimas…

Todos nosotros, a quienes nos levantaste del polvo de la inutilidad o de la hiel del desencanto hacia las bendiciones de la vida, ¡estamos también ante ti!… Y reconociendo que nos encontramos en la condición de tus más oscuros admiradores, e identificándonos con los últimos de tus más pobres amigos, embargados por la emoción al rememorarte, te rogamos que nos permitas decir: ¡Kardec, gracias!… ¡Muchas gracias!…

Espíritu Hermano X

Médium Francisco Cándido Xavier
Del libro Histórias e anotações
Traducción de Marta H. Gazzaniga.

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