Soy la imagen que ella lleva

auto-amorY así él lo hacía cada noche con la hija pequeñita: se sentaba en el sofá, la acomodaba en su regazo, pasaba uno de sus bracitos debajo del suyo, colocándola muy cerca y los dos se despedían del día con una oración y una canción. Momento fascinante aquel. Quedarse dormido en los brazos de alguien que se ama, en quien se confía, es una de las cosas más maravillosas de la vida…

Maravilloso porque une. Maravilloso porque representa la victoria del bien en la Tierra. Y lo que dejaba a aquel padre aún más maravillado era la mirada profunda de la niña pues, a partir del momento en que se entrelazaban, los ojos no se perdían más. En el fondo del alma… Ella me mira en el fondo del alma. – Decía él.

Y aquella era la última imagen que ella llevaba del día: los ojos de su padre. Y él pensaba: Qué responsabilidad la mía… y la de mi mirada. Qué responsabilidad ser la última imagen vislumbrada por alguien, antes de soñar. Soy la imagen que ella lleva para el mundo de los sueños. Soy la imagen que ella lleva de la vida al llegar al mundo para una nueva encarnación. Si mis ojos estuvieran afligidos, ella llevaría aflicción. Si mis ojos estuvieran preocupados, inquietos, ella llevaría preocupación. Pero, si en mis ojos hay alegría, esperanza, ella las llevará consigo.

Si en mis ojos hay gratitud a Dios, ella podrá aprender a ser agradecida. Si en ellos encontrara miedo, inseguridad, tal vez no se sentiría capaz para enfrentar el mundo y querría desistir. Si en mi mirada ella encuentra mi verdad, mi emoción aflorada, sin duda deseará exponer las suyas, segura de sí misma, sin vergüenza de expresar lo que siente. Incluso… al verse a sí misma, ¡qué bondadoso espejo puedo llegar a ser! Reflejando cuidadosamente lo que se necesita cambiar. Reflejando con pujanza la luz que allá está. Qué honor ser «mirada» y al mismo tiempo «espejo».

La vida a través de mis ojos… ¿Qué vida será? Si deseo ser «buena mirada» de esas buenas para mirarse, ¿qué puedo hacer para perfeccionarme? Sí, porque sólo quiero dirigir hacia ella una mirada segura, de las que no temen a la oscuridad o, si aún la temen, no tiene miedo de hablar de ello. ¡En los ojos de los padres se están construyendo nuevas visiones del mundo!

* * *

¡Padres de la Tierra! Cuiden sus ojos, sus ejemplos, sus palabras. Recuerden que siempre os acompañará la mirada interesada y carente de un hijo amado. Qué responsabilidad la mía… y la de mi mirada. Qué responsabilidad ser la última imagen vislumbrada por alguien, antes de soñar. Soy la imagen que ella lleva para el mundo de los sueños. Soy la imagen que ella lleva de la vida al llegar en el mundo para una nueva encarnación. Qué responsabilidad la mía… y la de mi mirada.

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Y así él lo hacía cada noche con la hija pequeñita: se sentaba en el sofá, la acomodaba en su regazo, pasaba uno de sus bracitos debajo del suyo, colocándola muy cerca y los dos se despedían del día con una oración y una canción. La hija se adormecía en los brazos de su padre. El padre descansaba de las luchas en los brazos de su hija. Y ambos eran inmensamente felices.

Redacción del Momento Espírita, basado en el texto Sou a imagen que ela leva, de Andrey Cechelero.

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