Amor y renuncia

canaEl manto de la noche caía levemente sobre el paisaje de Cafarnaúm y Jesús, después de una de las grandes asambleas populares del lago, se recogía en casa de Pedro acompañado por el apóstol. Con su divina palabra había tejido comentarios luminosos al respecto de los mandamientos de Moisés; no obstante, Simón se encontraba pensativo como si guardase una duda en el corazón. Inquirido con bondad por el Maestro, el apóstol esclareció:

— Señor, de acuerdo a vuestras enseñanzas, ¿cómo deberemos interpretar vuestra primera manifestación, transformando el agua en vino en las bodas de Caná? ¿No se trataba de una fiesta mundana? ¿El vino no iría a cooperar para el aparecimiento de la embriaguez y la gula?

Jesús comprendió el alcance de la pregunta y sonrió.

— Simón — dijo él — ¿conoces la alegría de servir a un amigo?

Pedro no respondió, por lo que el Maestro continuó:

— Las bodas de Caná fueron un símbolo de nuestra unión en la Tierra. El vino allí, fue bien el de la alegría con que deseo sellar la existencia del Reino de Dios en los corazones. Estoy con mis amigos y los amo a todos. Los afectos del alma, Simón, son lazos misteriosos que nos conducen a Dios. Sepamos santificar nuestro afecto, proporcionando a nuestros amigos la máxima alegría; que nuestro corazón sea una sala iluminada donde ellos se sientan tranquilos y dichosos. ¡Tengamos siempre nuevos júbilos que los reconforten, nunca contaminemos la fuente de su simpatía con la sombra de los pesares! ¡Las más bellas horas de la vida son las que empleamos en amarlos, enriqueciéndoles las satisfacciones íntimas!

A pesar de todo, Simón Pedro, manifestando la extrañeza que aquellas advertencias le causaban, interpeló aún al Maestro con cierta timidez:

— ¿Y cómo deberemos proceder cuando los amigos no nos entiendan, o cuando nos retribuyan con ingratitud?

Jesús fijó en él su lúcida mirada y respondió:

— Pedro, el amor verdadero y sincero nunca espera recompensas. La renuncia es su punto de apoyo, como el acto de dar es la esencia de su vida. La capacidad de sentir grandes afectos ya es en sí misma un tesoro. La comprensión de un amigo debe ser para nosotros la mayor recompensa. Todavía, cuando la luz del entendimiento tarda en el espíritu de aquellos a quien amamos, debemos recordar de que tenemos la sagrada comprensión de Dios, que conoce nuestros más puros propósitos. ¡Aunque todos nuestros amigos del mundo se convirtiesen, un día, en nuestros adversarios, o inclusive en nuestros verdugos, jamás nos podremos privar de haberles dado alguna cosa!…

Y con la mirada absorta en el paisaje crepuscular, en donde vibraban armonías sutiles, Jesús ponderó, proféticamente:

— El vino de Caná podrá, un día, transformarse en el vinagre de la amargura; con todo, así mismo sentiré júbilo en sorberlo, por mi dedicación a los que vine a buscar para el amor del Todopoderoso.

Simón Pedro, ante la consoladora y amigable argumentación del Maestro, disipó sus últimas dudas, mientras la noche se apoderaba del ambiente, ocultando el conjunto de las cosas en su manto inmenso de sombras. No había pasado mucho tiempo de esa conversación, cuando el Maestro, en sus enseñanzas, hizo notar que todos los hombres, que no estuviesen decididos a colocar el Reino de Dios antes que padres, madres y hermanos terrestres, no podrían ser sus discípulos.

En el día de esas nuevas enseñanzas, terminadas las labores evangélicas, el mismo apóstol interpeló al Señor, en la penumbra de sus expresiones indecisas:

— Maestro, ¿¡cómo conciliar estas palabras tan duras con vuestras anteriores observaciones, relativas a los lazos sagrados entre los que se estiman?!

Sin dejar observar ninguna sorpresa, Jesús esclareció:

— Simón, mi palabra no determina que el hombre quiebre las uniones santas de su vida; antes exalta a los que tengan verdadera fe para colocar el poder de Dios encima de todas las cosas y de todos los seres de la infinita creación. ¿No constituye el amor de los padres un recuerdo de la permanente bondad de Dios? ¿¡No representa el afecto de los hijos un suave perfume del corazón?! He dado a mis discípulos el título de amigos, por ser el mayor de todos.

— El Evangelio — continuó el Maestro, escuchándolo atentamente el apóstol — no puede condenar los lazos de familia, pero coloca encima de ellos el indestructible lazo de la paternidad de Dios. El Reino del Cielo en el corazón debe ser el tema central de nuestra vida. Todo el resto es accesorio. La familia, en el mundo, está igualmente subordinada a los imperativos de esa edificación. ¿Ya pensaste, Pedro, en el supremo sacrificio de la renuncia? Todos los hombres saben conservar, son raros los que saben privarse. En la construcción del Reino de Dios, llega un instante de separación, que es necesario que se sepa soportar con sincero desprendimiento. ¡Y esa separación no es apenas la que se verifica por la muerte del cuerpo, muchas veces provechosa y providencial, sino también la de las posiciones estimables del mundo, la de la familia terrestre, el diario vivir en paisajes queridos, o, entonces, la de un alma bien amada que prefirió quedarse, a distancia, entre las flores venenosas de un día!…

— ¡Ah! Simón, ¡cuán pocos saben partir, por algún tiempo, del hogar tranquilo, o de los adorados brazos de un afecto, por amor al reino que es el tabernáculo de la vida eterna! ¡Cuán pocos sabrán soportar la calumnia, el desprecio, la indiferencia, por desear permanecer dentro de sus creaciones individuales, cerrando oídos a la advertencia del cielo para que se alejen tranquilamente!… ¡Cómo son raros los que saben ceder y partir en silencio, por amor al reino, esperando el instante en que Dios se pronuncia! Entretanto, Pedro, nadie se edificará, sin conocer esa virtud de saber renunciar con alegría, en obediencia a la voluntad de Dios, en el momento oportuno, comprendiendo la sublimidad de sus designios. ¡Por esta razón, los discípulos necesitan aprender a partir y a esperar donde las determinaciones de Dios los conduzcan, porque la edificación del Reino del Cielo en el corazón de los hombres debe constituir la primera preocupación, la más noble aspiración del alma, la esperanza central del espíritu!…

Aún no había anochecido. Jesús, sin embargo, dio por terminadas las explicaciones, mientras las manos callosas del apóstol, pasaban, levemente, sobre sus ojos húmedos. Dando el testimonio real de sus enseñanzas, Cristo supo ser, en todas las circunstancias, el amigo fiel y dedicado. En las elucidaciones de Juan, lo vemos exclamar: — “¡Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo revelé!”

Y, en la narración de Lucas, lo escuchamos decir, antes de la hora extrema: — “He deseado ansiosamente comer con vosotros esta Pascua, antes de mi pasión.” Nadie en el mundo ha conseguido elevar, a la altura en que el Señor las colocó, la belleza y la amplitud de las uniones afectivas, inclusive porque su obra entera es la de reunir, por el amor, todas las naciones y todos los hombres, en el divino círculo de la familia universal. Pero, también, por demostrar que el reino de Dios debe constituir la primera preocupación de las almas, nadie como él supo retirarse de las posiciones, en el instante oportuno, en obediencia a los designios divinos.

Después de la magnífica victoria de la entrada a Jerusalén, es traicionado por uno de los discípulos amados; lo niegan sus seguidores y compañeros; sus ideas son tenidas como pervertidas y revolucionarias; es acusado como bandido y hechicero; su muerte parece ser la de un ladrón.

Jesús, entretanto, enseña a las criaturas, en esa suprema hora, la virtud excelsa de retirarse con la soledad de los hombres, pero con la protección de Dios. Él, que había transformado toda Galilea en una fuente divina; que se había levantado sin asombro contra las hipocresías del farisaísmo del tiempo; que había desilusionado a los mercaderes, en el propio templo de Jerusalén, como abogado enérgico y superior de todas las grandes causas de la verdad y del bien, pasa, en el día del Calvario, en espectáculo para el pueblo, con el alma en un maravilloso y profundo silencio.

Sin proferir la más leve acusación, camina humilde, coronado de espinas, sustentando en las manos una inmunda caña a manera de cetro, vistiendo la túnica de la ironía, bajo las escupidas del pueblo exaltado, de cara sangrienta y pasos vacilantes, bajo el peso de la cruz, vilipendiado, sumiso.

En el momento del Calvario, Jesús atraviesa las calles de Jerusalén, como si estuviese frente a toda la humanidad, sin quejarse, enseñando la virtud de la renuncia por amor al Reino de Dios, revelando así, su última lección.

Espíritu Humberto de Campos
Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro “Buena Nueva”
Traducido por Dr Luis M Coirnejo A.

2 comentarios sobre “Amor y renuncia

  1. Responder
    Álvaro Cruz - 30 mayo, 2018

    Hola,soy Álvaro de Alajuela,Costa Rica.
    Ante una serie de comentarios de toda índole hechos a un pastor,éste argumentó lo siguiente:
    “Ok mis educandos, Si el apóstol Pedro fue el primer papa como ustedes dicen, porque los demás papas no se casaron como Pedro siguiendo su ejemplo?Y no me vayan a decir que en la Biblia no está que era casado.”
    Esto me genera dudas que quisiera que ustedes me ayudaran a aclarar si es posible.
    Primero saber si la perspectiva de este pastor está clara.Saber que significa la renuncia de Simón y su renacimiento como Pedro fundador de la iglesia de Cristo con respecto a la norma que prohíbe el matrimonio a los sacerdotes (si es que se prohíbe porque que no lo sé).Es decir,que si Pedro al nacer de nuevo en Cristo y morir al antiguo Simón pescador,abandonado su vida pasada y su familia,justifica el hecho de que un Papa no puede estar casado.No se si me explico,pero de antemano les agradezco cualquier orientación que pueda ayudarme a entender el tema.

    1. Responder
      admin - 30 mayo, 2018

      En verdad, Jesús nunca dijo que no se pudieran casar, pues el ejemplo mejor, es que Pedro estaba casado y así continuo hasta que llego su hora de partir. Pedro nunca abandonó a su familia, y siempre estuvo al servicio del Cristo. El hecho de que el papa no se pueda casar o igualmente los sacerdotes de la iglesia católica, es una decisión de esa religión, pero Jesús nunca dijo a ninguna de sus apóstoles que no podían tener familia. En la Biblia se han interpretado mal muchas cosas o simplemente se han borrado, por que en los Concilios que se han ido haciendo, han ido modificando cosas para los intereses de los gobernantes. En El Evangelio según el Espiritismo, podrás observar un estudio metódico que hizo el profesor Allan Kardec, un estudio muy interesante al respecto de la biblia. Si quieres lo puedes bajar desde nuestra web. Un abrazo.

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