Agresión

JoannaAngelisCuando alguien embiste, furibundo, atacando a otro, ya se encuentra desequilibrado, siendo inútiles los esfuerzos del otro, concentrados en la palabra, a fin de llamarlo a la razón.

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El agresor, psicológicamente, se encuentra dominado por el instinto de la destrucción. Faltándole los valores morales para superar la circunstancia o el hecho que le desagrada, se deja vencer por la irascibilidad irracional, atacando con violencia.

Porque está con la voluntad minada y sin control sobre sus propios impulsos, descarga sus frustraciones y conflictos en las personas que, de alguna forma, lo enfrentan o no se le someten, o a pesar de ser sus semejantes, lo provocan.

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Las agresiones se inician y toman forma a partir de la reacción mental osada, que no siempre se exterioriza en palabras o gestos, pero que se torna habitual, hasta el momento de la irrupción externa, en forma de provocación y choque físico, cuando se transforma en el golpe de la estupidez o en una actitud de consecuencias Imprevisibles.

El único comportamiento posible que la víctima debe asumir es el de la no-violencia, desarmando al otro con la armonía interior, aunque esto le cueste sufrimiento, humillación.

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La dignidad verdadera no se deja herir por la alucinación de los desequilibrados que buscan destruirla. Sólo desaparece cuando aquel que la posee, la dona o pierde, entrando en las pugnas de la vulgaridad o de las vanas ambiciones.

Enfrentar con estoicismo a la persona que nos hiere, dilacerando nuestro sentimiento y nuestro cuerpo, es la manera más eficaz de llamarlo al equilibrio, convocándolo al discernimiento que le hace entender el estado en que se encuentra.

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«Al que te dé una bofetada en la mejilla derecha, ofrécele también la otra» —dijo Jesús, conforme escribió Mateo, en el versículo treinta y nueve, del capítulo cinco de Su Evangelio.

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Por lo tanto, no sintonices con los agresores que te acechan y te salen al paso, en el camino de tu redención.

Preserva la calma y desarticula los engranajes de la perversidad que te busca.

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Ten el coraje de no perder la paciencia ante el agresor, evitando colocarte en su misma situación.
Cobarde es el acto de responder al mal, golpe por golpe, bajo la irrefrenable ansiedad de liberarse de la situación a cualquier precio.

No deja de ser un inmenso desafío moral, el coraje de presentar la mejilla izquierda al agresor violento que ya te golpeó la derecha…

Sin embargo, el ser humano se mide por su valor espiritual y no sólo por el conjunto de músculos que reacciona con impulsos descontrolados, a los estímulos externos.

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El animal da coces o muerde por instinto, cuando es atacado, porque no dispone de otro recurso para la defensa.

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Habitúate al auto-control, canalizando tus tuerzas mentales y físicas en forma edificante, mediante ejercicios de vigilancia contra la agresividad que permanece en ti como herencia ancestral…

No obstantes si alguna vez, debido a una burla o al golpe violento que te hiere, estuvieres a punto de responder, por falta de fuerzas morales, recurre a la oración silenciosa y serás renovado, consiguiendo vencer la circunstancia infeliz.

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Golpeado y enjuiciado arbitrariamente por un legionario perverso, Jesús indagó con dignidad, — «Si hablé mal, toma nota de mi error; pero si hablé bien, ¿por qué me golpeaste?», desarmando al cobarde, quien nunca más olvidó aquella mirada penetrante y bondadosa, del hombre que, a pesar de haber sido aparentemente vencido, permanece por todos los tiempos como el verdadero vencedor.

Recetas de paz
Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Traducción Juan Antonio Durante

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