Locura y suicidio

JoannaEntre los flagelos que se abaten sobre la Humanidad, se destacan como uno de los más lamentables, la locura y el suicidio, que cercenan innumerables existencias humanas, demostrando la falencia de muchos de los valores morales de la actualidad.

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La primera, la locura, además de los orígenes conocidos por las ciencias psíquicas, es también la consecuencia de débitos que el Espíritu acumula en el tránsito de su evolución, en la actual o en reencarnaciones anteriores. Efecto inevitable de la soberbia y de las exageradas pasiones disolutas, estas imperfecciones se manifiestan en las células y en el equipamiento de la casa mental, produciendo desajustes que degeneran en estados de perturbación y desequilibrio.

Otras veces, los implementos de la organización psíquica que se encuentran bajo la acción del propio Espíritu deudor, dan margen a que se instalen los factores preponderantes de la locura o impulsan a acontecimientos que se convierten en motivos predisponentes a la misma.

Finalmente, frente a los sentimientos de culpa y a los compromisos perjudiciales que no se corrigen, aquellos Espíritus que en tales condiciones así permanecen, se predisponen a la sintonía con Entidades perversas y viciosas que se encargan de desencadenar los procesos alucinatorios, conocidos exclusivamente dentro de la vasta temática de la obsesión.

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Mientras tanto, el suicidio, que muchas veces es la etapa final de las patologías psíquicas, alcanza cifras sorprendentes en la disponibilidad moral de la sociedad.

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Entre las causas del suicidio podemos considerar las actuales, que son fruto de los abusos, a su vez responsables de las frustraciones e insatisfacciones, de malestares y rebeldías; así como las anteriores, aquellas que proceden de otras existencias que el ser espiritual vivió en las diversas reencarnaciones, criterios esos de los que se vale la Divinidad para promover el progreso y la conquista de los valores relevantes para el ser.

Uno de los más nefastos atentados a la Vida que el hombre se permite, el suicidio, es la consecuencia de la rebeldía que lo domina y de los mecanismos de fuga a los que se entrega, cuando quienes le rodean no atienden a sus exigencias.

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Como fenómeno psíquico, estudiado ampliamente por las ciencias de la mente y del comportamiento, el suicidio se viene expandiendo en todas las épocas y especialmente en nuestros días, generalizándose en todas las clases sociales en las cuales se adiestran las criaturas.

Nada hay que lo justifique, ni existe motivo alguno en el área de la razón y del conocimiento, que lo muestre como la solución legítima para los problemas-desafío, que todos enfrentan en la marcha ascensional.

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Semejante a la locura, puesto que el suicidio es una locura, entre otros factores conocidos, se puede encontrar su causa en las perturbaciones de orden espiritual debidas a venganzas de más allá del sepulcro, ejecutadas por aquellos que salieron del cuerpo a través de la muerte, sin haber huido de las pasiones humanas.

Por lo tanto, locura y suicidio son términos de la misma ecuación humana, que desafían a los estudiosos y esperan el coraje para vencerlos por parte de aquellos que caen en las intrincadas trampas de su engaño infeliz.

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La erradicación de la Tierra de esos dos terribles enemigos del hombre, es responsabilidad de todos.
Mediante la palabra fraterna y estimulante, la oración intercesora y los actos de bondad cristiana, podemos modificar muchas situaciones que terminan en la locura o en el suicidio.

El comportamiento optimista y el interés puesto en acciones caritativas despiertan a los que van siendo aglutinados por las artimañas de esos extravíos, ofreciéndoles los medios de desprenderse de las vigorosas amarras.

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Vigila las fuentes donde nacen tus sentimientos y de tu mente, evitando caer en las sutilezas crueles de esos tormentosos enemigos del hombre.

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Ante las dificultades, reflexiona a fin de actuar acertadamente.

Sometido a imposiciones peligrosas, medita antes de reaccionar precipitadamente consumiendo la esperanza de la paz.

Al encontrarte con el infortunio, considera la bendición del tiempo como una solución para todas las vicisitudes.

Sometido a testimonios violentos que te inspiren temor, conduciéndote casi a la caída o al desencanto, renuévate con la seguridad de que, sin dudas, vendrán días mejores.

Sea cual fuere el camino que recorras, enfrentarás al sufrimiento como acontecimiento inevitable de la existencia humana.

En ese sentido, no hay nadie que pueda presentarse como excepción.

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Cada criatura conduce su carga de dolores con mayor o menor dignidad. Es cierto que hay personas que sufren más, que experimentan más angustiantes aflicciones; empero, están en inevitable proceso de reparación de las circunstancias antiguas, procedentes de existencias anteriores.

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La forma como recibieres tus momentos de prueba responderá por tu éxito o fracaso.
Por tal razón, ampárate en el equilibrio, evitando las violentas situaciones de locura y suicidio, que hoy como ayer aprisionan a las criaturas, arrebatándoles, después, la existencia carnal.

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Jesús, el Incomparable Amigo de los sufrientes, en todos los momentos de Su vida nos enseñó que en el amor fraternal, está la solución para alcanzar la paz y la felicidad.

Siguiendo Sus pasos, se comprueba que en cada circunstancia y delante de todas las personas, el optimismo y la confianza ilimitada en Dios constituyeron la tónica de Sus enseñanzas, a las que ratificó en Su vivencia cotidiana.

De igual manera, asume el amor fraternal y la seguridad en la bondad del Padre Creador, renovándote y sirviendo a tu prójimo, tomando esto como una profilaxis liberadora de la locura y el suicidio o como condición de terapia curadora, en el caso que los síndromes de uno o de otro flagelo ya se estén manifestando en tu vida diaria, conduciéndote a la pendiente del desequilibrio.

Recetas de paz
Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Traducción Juan Antonio Durante

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