El iluminado

luzLas sucesivas ondas de perfume cargadas por los suaves vientos de la primavera hacían parte del festival de alegría que dominaba la Naturaleza. Las hojas de los árboles de mango adornaban las puertas de las casas en el pueblo, significando, abundante fecundidad, y el asharam se encontraba adornado de guirnaldas de flores de color naranja.

Las personas transitaban felices, adornadas de guirlandas coloridas, y las vírgenes descalzas exhibían los brazaletes y cascabeles relucientes, así como las joyas centelleantes que adornaban las leves saris, dorados unos, otros plateados. Adornadas y pintadas con esmero, aguardaban al iluminado que debería llegar como novias ansiosas por las nupcias anunciadas.

Niños locuaces, vestidos con cuidado, corrían de uno para otro lado, como ovejas operosas, aunque no produciendo nada más allá de la música estridente de los gritos y de las risotadas… El Sol ameno besaba la tierra verde exultante de vitalidad con caricia gentil. De cuando en cuando, sonaban los clarines anunciadores, informando la proximidad de la comitiva que conducía al Esperado.

El podio en el centro del asharam estaba repleto con las autoridades y los personajes locales de mayor destaque. Todos lo aguardaban con expectativa mal disfrazada. Se esperaba que El llegase en un carruaje adornado de gemas preciosas y ornadas de oro, conducido por corceles blancos igualmente recubiertos de tejidos caros…

…Él, sin embargo, llegó caminando, pies descalzos, cabeza erguida y cuerpo cubierto solamente por la túnica en tonalidad azafrán que le caía hasta el suelo. Ningún adorno se destacaba en la indumentaria. Sus acompañantes eran, también, destituidos de lujo y de ostentación. La multitud no pudo esconder el desencanto. ¡Se esperaba un rey poderoso que representaba Brahma en la Tierra, y el mensajero parecía tan pobre y sin valor!

Él se digirió al estrado, subió calmadamente, los pasos, saludando a las personalidades con humildad, en melodiosas expresiones ¡Namaste! (1) Las personas se acercaron más y el silencio cósmico proporcionó la oportunidad para El hablar…

… Yo vengo en el nombre de la Luz Inapagable, que antecedió al tiempo y al espacio. Yo soy el portador de Su claridad, a fin de que toda la sombra se diluya en las mentes y en los corazones humanos. Yo soy la luminosa verdad que despoja al Espíritu de la dominadora sombra de la ignorancia. Yo soy la antorcha de la esperanza para quien busca, soy el socorro para quien lo necesita. No tengo nada, más allá de eso, no me interesa poseer otras cosas… ¡Yo soy!…

Ante la expectación y la onda de ternura que invadió a las personas, una llamada maternal rompió la pausa que El hizo, rogando:

– ¡Mi hija es ciega! – y la levantó en los brazos.

El sonrió, misericordioso, y, de Sus ojos salían rayos brillantes, observando a la criatura invidente, que grito:

-¡Veo! – e irrumpió en llanto…

Otro suplicó:

-¡Cura mis heridas!

El extendió las manos que esparcían radiante luz, que rápidamente cicatrizó las ulceras…

…Y todos lo que se encontraban en las tinieblas de las aflicciones suplicaron remedios para sus cuerpos corrompidos, mientras El, curándolos les iluminó el alma equivocada.

Cuando llegó la noche estrellada, y El partió, un camino esplendido de luz brillante se extendió en la humilde aldea, perdiéndose en dirección al infinito. El iluminado compadecido, que nada poseía, era el amor que todo lo puede y que todo lo da, dejando perenne claridad en aquellos que deambulaban en la oscuridad de la inferioridad.

Por el Espíritu Rabindranath Tagore

(1) “El dios que está en mi saluda al dios que está en ti”

Página psicografiada por el médium Divaldo Franco, en la sesión mediúmnica de la noche del 7 de julio del 2008, en el Centro Espirita “Camino de la Redención”, en Salvador, Bahía. Revista “Reformador”

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