Vivir con serenidad

JoannaEn medio del tumulto que ruge desenfrenado, resguárdate en la serenidad.

Ante el clamor de las mil voces de la anarquía que engrosa las filas de la alucinación, conserva la serenidad.

Bajo la acción de las tempestades que provoca el dolor generalizado o la coerción de las aflicciones que nos presionan, preserva tu serenidad.

En medio del vocerío que protesta y blasfema, bajo el falso fundamento de justicia o por cualquier otro motivo, vive con serenidad.

En la confluencia de expectativas malsanas o ante el desorden que se convierte en lugar común, persiste en la serenidad.

A pesar de que todos se descontrolen amenazando la armonía general, no pierdas la serenidad.

Serenidad para cualquier situación. Serenidad con Dios.

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Ciertamente, no es fácil mantener una actitud pacífica cuando debe enfrentar una agresión. Sin duda, es un desafío mantener el equilibrio ante la presión de la violencia primitiva.

Nadie niega la dificultad de permanecer digno en medio de los vicios que se esparcen, dominantes.

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Sin embargo, quien ya conoce a Jesús tiene un compromiso con la serenidad de la que El dio muestras en todos los trances de Su vida.

La identificación con el Maestro impone la consciencia del discernimiento en medio de la malversación de los valores que son menospreciados, de manera desconcertante.

La afinidad con Cristo reviste al individuo de fortaleza moral para permanecer fiel en el puesto de la paz.

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Nadie se justifique frente a las celadas en que cae.

Nadie se excuse del esfuerzo que debe realizar para preservar su integridad moral.

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Nadie busque disculpas para caer en el remolino de las pasiones disolutas.

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Los mecanismos de la evasión se convierten en una cómoda actitud de flaqueza, frente a las disonantes posiciones morales que se establecen en la Tierra, con el beneplácito de los cristianos…

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La serenidad en todo, caracteriza la madurez del Espíritu lograda en la fragua de los testimonios y que está realmente dispuesto a alcanzar el punto final de su difícil trayectoria.

Sólo una decisión determinante y elaborada en el deseo honesto de no caer, de no desistir, de no embrutecerse, conduce al hombre a la planicie de la serenidad en la que el Maestro aguarda a cuantos se postulan a entrar al Reino.

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Considerando la gravedad del momento que se vive en el planeta angustiado, la serenidad es una eficiente medicación de emergencia, para evitar el contagio de los males que predominan en los corazones.

Con ella, todos tendremos las fuerzas necesarias para llevar a cabo aquello que la vida nos propone bajo la forma de pruebas para nuestro perfeccionamiento íntimo. Y cuando esta serenidad parezca desequilibrarse, busca la oración que imanta al hombre al Señor en una sublime ósmosis y absorberás el fluido pacificador que proviene del Padre, recomponiéndote, para proseguir.

Recetas de paz
Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Traducción Juan Antonio Durante

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