Las emociones

DiLa palabra emociones proviene del verbo latín emovere, que significa mover o movimiento, siendo, por tanto, cualquier tipo de sentimiento que produzca en la mente algún tipo de movimiento, que tanto puede ser positivo, negativo o incluso neutro. Importante en la ocurrencia de ese fenómeno es su propósito así como sus consecuencias.

Cuando se dirige al bienestar, a la paz, a la alegría de vivir y de construir, contribuyendo en favor del prójimo, la tenemos como positiva o noble, edificante y realizadora. No obstante, se inquieta, estimulando trastornos y ansiedad, conduciendo nuestra mente a disturbios de cualquier naturaleza, la tenemos negativa o perturbadora, que necesita de orientación y equilibrio.

Los resultados serán analizados por los efectos que producen en el individuo así como en aquellos con los cuales convive, estableciendo armonía o generando impedimentos. Son emociones responsables por los crímenes hediondos, cuando trastornados, así como por las grandes realizaciones de la Humanidad, cuando dirigidas para los objetivos dignificante del ser. En el primer caso, se disfruta de la alegría de vivir y de producir el bien, mientras que, en el segundo, proporciona sufrimiento y angustia, desespero y destrucción. Para uno u otro objetivo son necesarias herramientas específicas, tales como el amor, la bondad, la compasión, la gentileza, la caridad, a fin de lograr los resultados nobles o de lo contrario, la ira, la cólera, el odio, el resentimiento, la deshonestidad, que llevan al crimen y a todas las urdidas del mal.

En el primer caso, encontramos la nobleza de carácter y de los sentimientos edificantes, mientras que, en el segundo, constatamos la pequeñez moral, lo primario en que se detiene el ser humano. Las emociones, del punto de vista psicológico, pueden ser agradables o perturbadores, tales como aproximación, miedo, repugnancia y rechazo. Lo importante, en lo que concierne a las emociones, es el esfuerzo que deber ser desarrollado a fin de que sean transformadas las nocivas en útiles. Cuando se expresan perjudiciales, el individuo tiene el deber de trabajarlas, porque algo en sí mismo no se encuentra saludable ni bien orientado.

Al contrario de dar expansión a sus tempestades interiores, debe procurar examinar en profundidad la razón por la cual así se encuentra, de inmediato, intentando alterarle la dirección. Las emociones tienen su origen en las experiencias anteriores del ser, que se permitió el establecimiento de paisajes internos de armonía o de conflictos. No se debe luchar contra las emociones, incluso aquellas denominadas perjudiciales, antes cabiendo el esfuerzo para desviar la ocurrencia de aquello que pueda significar daños en relación a si mismo o a otro.

Inevitablemente ocurren momentos en que las emociones nocivas asoman voluminosas. La indisciplina mental y de comportamiento les abren espacios para que se expandan, sin embargo, la vigilancia al lado del deseo de evitar daños morales ofrece recurso para impedir las sucesivas consecuencias infelices. No siempre es posible evitarse ocurrencias que desencadenan emociones violentas. Se puede, pues, equilibrar el curso de su explosión y la dirección de sus efectos.

Raramente alguien es capaz de permanecer emocionalmente neutro en una situación conflictiva, especialmente cuando su ego es alcanzado. Irrumpe, automáticamente, la hostilidad, en forma de autodefensa, de acusación defensiva, de respuesta…

Se puede, sin embargo, evitar que se expanda el sentimiento hostil, administrando las reacciones que produce, mediante el habito de respetar al prójimo, de tenerlo en tránsito por el nivel de su consciencia, si en fase primaria o desarrollada. Se torna fácil, de ese modo, superar el primer impacto y corregir el rumbo de aquel que se trasformó en emoción de ira o de rabia…

Si tomas conciencia de ti mismo, de los valores que te caracterizan, de las posibilidades de que dispones, es posible ejercer un control sobre tus emociones, evitando que las perniciosas se manifiesten ante cualquier motivación y las edificantes sean equilibradas, impidiendo los excesos que siempre son perjudiciales. Cuando son cultivadas las reminiscencias de las emociones dañinas, hay más facilidad para que otras se expresen ante cualquier circunstancia desagradable. Como no se puede ni se debe vivir de experiencias pasadas, lo ideal es deshacerse en nuevas experiencias todas aquellas que causen dolor y hostilidad. Eso es posible mediante el cultivo de pensamientos de paz y de solidaridad, creando un campo mental de armonía, capaz de manifestarse por automatismo, delante de cualquier ocurrencia generadora de aflicción.

Gandhi afirmaba que no se debe matar al individuo hostil, sino matar la hostilidad en ese individuo, lo que corresponde al comportamiento pacifico encargado de desarmar el acto agresivo de quien se hace adversario. He aquí porque la resistencia pasiva consigue los resultados excelentes de la armonía. Probablemente, el otro, el enemigo, no entenderá de momento la no-violencia de aquel a quien aflige, pero eso no es importante, siendo valioso para aquel que así procede, porque no permite que la insania de afuera alcance el país de su tranquilidad interior. La problemática se presenta como una necesidad de eliminar los sentimientos negativos, lo que no es fácil, siendo más eficiente eliminarlos mediante otros de naturaleza armónica y saludable.

Se cree que la supresión de la angustia, de la ansiedad, de la rabia, proporciona felicidad. No será el hacer desaparecer un tipo de emoción que hará que se disfrute inmediatamente de otra. La cuestión debe ser colocada de manera más segura, trabajando, si, por la eliminación de las emociones perturbadoras, pero, al mismo tiempo, cultivando y desarrollando aquellas que son las saludables y placenteras. No es suficiente, por tanto, liberarse de aquello que genera malestar y produce decepción, pero si obrar de manera correcta, a fin de que se consiga alegría y estímulo para una vida productiva.

Vivir por vivir es fenómeno biológico, automático, no obstante, es imprescindible vivir en paz, bien vivir, al contrario del tradicional concepto de vivir de bien con todo y con todos, apoyado en reservas financieras y en posiciones relevantes, siempre transitorias…

Se piensa que es una gran conquista no hacer el mal a nadie. Sin duda que se trata de un paso avanzado, entretanto, es indispensable hacer el bien, promover el ciudadano, la cultura, la sociedad, al mismo tiempo elevándose moralmente. Cuando se está con la emoción dirigida al bien y a la evolución moral, el pensamiento se torna edificante y todo concurre para la ampliación del sentimiento noble. Lo contrario también ocurre, ya que el direccionamiento negativo, las sospecha que se acoge, la hostilidad gratuita que se desarrolla, contribuyen para que el individuo permanezca armado, porque siempre se considera desamado.

Mediante el cultivo de las emociones positivas, se aclara la percepción de la verdad, de las actitudes gentiles, de los sentimientos solidarios, en cuanto que la constancia de las emociones perjudiciales faculta la distorsión de la óptica en torno de los acontecimientos, generando siempre malhumor, indisposición y malquerencia. Cuando se alcanza el amor altruista, habrá el sentimiento de la verdadera fraternidad y el equilibrio real en el ser en busca de sí mismo y de Dios.

Jesús permanece como siendo el ejemplo máximo del control de las emociones, no dejándose perturbar jamás por aquellos que son considerados perniciosos. En todos Sus pasos, el amor y la benevolencia, así como la compasión y la misericordia estaban presentes, caracterizando el biotipo ideal, guía y modelo para todos los individuos. Traicionado y encaminado a Sus enemigos, humillado y condenado a muerte, no tuvo una emoción negativa, manteniéndose sereno y confiado, enseñando en silencia el testimonio que es pedido a todos cuantos se entregan a Dios y deben servir de modelo a la Humanidad.

No pudiendo vivir sin las emociones, cuidar de aquellas que edifican en detrimento de las que perturban, tal es la misión del hombre y de la mujer inteligente en la Tierra.

Joanna de Ângelis

(Página psicografada por el médium Divaldo Pereira Franco, en la mañana del 9 de marzo del 2009, en el Centro Espírita Caminho da Redenção, en Salvador, Bahía.) Revista “Reformador” Traducido por Jacob.

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