Luces del mundo

luzJesús nos dijo que somos la luz del mundo y dejó la orientación de que debemos compartir nuestra luz con quien esté alrededor.

Muchas veces creemos que no tenemos nada que ofrecer a nuestro prójimo. Hacemos planes de ayuda para un probable día en que ganemos la lotería, o cuando nos jubilemos y tengamos tiempo. Ser un punto de luz en el camino de alguien es más sencillo de lo que pensamos.

Cuántas veces encontramos un colega triste, viviendo un momento de angustia, necesitando desahogarse. Nos detenemos para oír lo que oprime su corazón y él se siente mejor. Eso es ayudar. Cuando damos una sonrisa y tendemos la mano a una persona que acaba de llegar a un ambiente desconocido y está sintiéndose insegura, temerosa de no ser bienvenida, hacemos que ella se sienta acogida. Eso también es una forma de ayudar.

Cuando dirigimos palabras de afecto a aquellos que se sienten desanimados y solitarios, impregnadas de vibraciones de cariño, envolvemos a quienes las reciben en un campo de amor, que les renueva las fuerzas, les trae ánimo y esperanza.

Cuando Cristo dijo que somos la luz del mundo, nos señaló un camino hacia la caridad y dejó una invitación para que trabajemos por el bien común, ayudando al prójimo con lo que tenemos dentro de nosotros. Con eso, nos hace percibir que, para iluminar, tenemos que cuidar de la luz que emitimos. Una lámpara clara y brillante ofrece una luz igualmente clara y brillante.

Nuestra luz está relacionada con nuestra capacidad para compartir los mejores sentimientos de que nos nutrimos y nuestro conocimiento para el bien de todos. No hace falta ser doctor para ofrecer al prójimo palabras amorosas y consoladoras. Basta tener amor y desear ofrecerlo. No hace falta ser un experto en idiomas para oír el desahogo de alguien y dar un consejo. Basta saber oír, colocarse en el lugar de quien sufre y ayudarlo con palabras de consuelo y ánimo.

Cuando aprendemos algo nuevo que nos ayuda a comprender sensaciones y sentimientos, ¿por qué no compartirlo con otras personas para que ellas también puedan sentirse como nosotros?

Compartir las palabras de Cristo es una excelente manera de esparcir luz en el mundo. Aplicar en nuestro día a día lo que esas palabras enseñan, nos vuelve ejemplos vivos del mensaje cristiano. También podemos ser luces que calientan e iluminan, incluso sin decir nada. Sólo practicando lo que demostró el Maestro.

Perdonar, amar, acoger, consolar, orar, agradecer, son algunas de las acciones que podemos realizar e inspirar positivamente a aquellos que nos rodean. Ejercitar la tolerancia, la paciencia, la humildad, la resignación, ayudará a hacer de nuestra luz interior un foco más límpido, más puro, más fuerte.

Que nuestra voluntad de ser luces en el mundo nos dé el coraje necesario para vencer la oscuridad causada por la ignorancia, la intolerancia, el egoísmo y el orgullo. Que seamos capaces de convertirnos en puntos de luz en las vidas de nuestros semejantes, aunque nos creamos pequeños y débiles. Que cada día consigamos ser un poco más brillantes, seguir perseverantes hasta que logremos alcanzar la inmensidad de las estrellas.

Redacción del Momento Espírita.

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