Benoist

kardecBurdeos, marzo de 1862

Un espíritu se presenta espontáneamente al médium bajo el nombre de Benoist. Afirma haber muerto en 1704 y padecer horribles sufrimientos.

1. ¿Quién erais en vuestra vida?
R. Monje sin fe.

2. ¿La falta de creencia es vuestra única falta?
R. Basta para arrastrar a las otras.

3. ¿Podéis darnos algunos detalles sobre vuestra vida? La sinceridad de vuestras confesiones se os tomará en cuenta.
R. Sin fortuna y perezoso, tomé las órdenes, no por vocación, sino por tener una carrera. Inteligente, me creé una posición. Influyente, abusé del poder. Vicioso, arrastré en los desórdenes a los que tenía misión de salvar. Duro, perseguí a los que yo creía que vituperaban mis excesos. Los in pace se han llenado con mis cuidados. El hambre torturó a muchas víctimas. Bajo la violencia se sofocaron a menudo sus gritos. Después he expiado, he sufrido todos los tormentos del infierno. Mis víctimas atizan el fuego que me devora. La lujuria y el hambre no satisfechas me persiguen, la sed irrita mis ardientes labios sin caer jamás en ellos una gota refrescante: todos los elementos se encarnizan conmigo. Orad por mí.

4. ¿Las oraciones que se dicen por los difuntos, os deben ser atribuidas como a los otros?
R. ¿Creéis que sean muy edificantes? Tienen para mí el valor de las que yo aparentaba decir. No he cumplido mi tarea, y por tanto no encuentro mi salario.

5. ¿No os habéis jamás arrepentido?
R. Hace mucho tiempo, pero no ha sido sino después del sufrimiento. Como fui sordo a los gritos de las víctimas inocentes, el Señor se hace sordo a mis gritos. ¡Justicia!

6. Reconocéis la justicia del Señor, entregaos a su bondad y llamadle en vuestra ayuda.
R. ¡Los demonios gritan más fuerte que yo! Los gritos se ahogan en mi garganta, llenan mi boca de pez ardiente… Lo he hecho, gran… (El espíritu no puede escribir la palabra Dios.)

7. ¿No estáis, pues, todavía lo bastante separado de las ideas terrestres para comprender que los tormentos que sufrís son del todo morales?
R. Los sufro, los siento, veo mis verdugos. Todos tienen una figura conocida, todos tienen un nombre que resuena en mi cerebro.

8. ¿Qué es lo que pudo empujaros a todas esas infamias?
R. Los vicios de que estaba imbuido, la brutalidad de las pasiones.

9. ¿No habéis implorado jamás la asistencia de los buenos espíritus para ayudaros a salir de esta situación?
R. No veo más que los demonios del infierno.

10. ¿Teníais miedo a éstos en vuestra vida?
R. No, nada de eso. La nada era mi fe. Los placeres a cualquier precio, mi culto. Las divinidades del infierno no me han abandonado, ¡les he consagrado mi vida, no me dejarán!

11. ¿No entrevéis un término a vuestros sufrimientos?
R. Lo infinito no tiene término.

12. Dios es infinito en su misericordia, todo puede tener un fin cuando Él lo quiere.
R.¡Si pudiese quererlo!

13. ¿Por qué habéis venido a inscribiros aquí?
R. No se cómo, pero he querido hablar, como si quisiera gritar para aliviarme.

14. ¿Vuestros demonios no os impiden escribir?
R. No, pero están ante mí, me oyen, por esto no quisiera acabar.

15. ¿Es la primera vez que escribís así?
R. Sí.

P. ¿Sabíais que los espíritus pudiesen acercarse de este modo a los hombres?
R. No.

P. ¿Cómo, pues, habéis podido comprenderlo?
R. No lo sé.

16. ¿Qué habéis experimentado para venir cerca de mí?
R. Un adormecimiento en mis terrores.

17. ¿Cómo os habéis dado cuenta de que estabais aquí?
R. Como cuando uno se despierta.

18. ¿Cómo habéis hecho para poneros en relación conmigo?
R. No comprendo, ¿no lo has sentido tú mismo?

19. No se trata de mí, sino de vos. Procurad daros cuenta de lo que hacéis en este momento en que yo escribo.
R. Tú eres mi pensamiento, he ahí todo.

20. ¿No habéis, pues, tenido la voluntad de hacerme escribir?
R. No, soy yo quien escribo, tú piensas por mí.

21. Procurad daros cuenta de esto. Los buenos espíritus que os rodean os ayudarán en ello.
R. No, los ángeles no vienen al infierno. ¿Tú no estas solo?

P. Ved a vuestro alrededor.
R. Siento que se me ayuda a pensar en ti…, tu mano me obedece…, no te toco, y te tengo…, no comprendo.

22. Pedid asistencia a vuestros protectores, vamos a orar a juntos.
R. ¿Quieres dejarme? Quédate conmigo, van a cogerme. Te lo suplico, ¡quédate, quédate!

23. No puedo permanecer más tiempo. Venid todos los días, oraremos juntos, y los buenos espíritus os ayudarán.
R. Sí, quisiera mi gracia. Pedid por mí, yo no puedo.

El guía del médium: Ánimo, hijo mío, te será concedido lo que tú pides, pero la expiación está todavía lejos de terminarse. Las atrocidades que ha cometido no tienen número ni nombre, y es tanto más culpable cuanta más inteligencia, instrucción y luz para guiarse tenía. Ha faltado, pues, con conocimiento de causa. También sus sufrimientos son terribles, pero con el socorro y el ejemplo de la oración se endulzarán, porque verá en ésta el término posible, y la esperanza le sostendrá. Dios le ve en el camino del arrepentimiento, y le ha hecho la gracia de poder comunicarse, a fin de que sea animado y sostenido. Piensa, pues, muchas veces en él. Nosotros te lo dejamos para fortificarle en las buenas resoluciones que podrá tomar, ayudado de tus consejos. Al arrepentimiento sucederá en él el deseo de la reparación. Entonces es cuando él mismo pedirá una nueva existencia en la Tierra para practicar el bien en lugar del mal que ha hecho, y cuando Dios estará satisfecho y le verá bien fortalecido, le hará entrever las divinas claridades que le conducirán al puerto de salvación, y le recibirá en su seno como al hijo pródigo. Ten confianza, te ayudaremos a cumplir tu obra.

Paulino

Hemos colocado a este espíritu entre los criminales, si bien no ha sido castigado por la justicia humana, porque el crimen consiste en los actos y no en la pena impuesta por los hombres. Lo mismo hemos hecho con el siguiente.

Extraído del libro «El cielo y el infierno»
Allan Kardec

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