Anamnesis del orgullo

richarsimonettiLa inteligencia es rica de méritos para el futuro, pero, bajo la condición de ser bien empleada. Si todos los hombres que la poseen, se sirviesen de ella de conformidad con la voluntad de Dios, fácil seria para los Espíritus, la tarea de hacer que la Humanidad avance. Tristemente, muchos la convierten en instrumento de orgullo y de perdición contra sí mismos.

El hombre abusa de la inteligencia como de todas sus otras facultades y, sin embargo, no le faltan enseñanzas que lo advierten de que una poderosa mano puede retirarle lo que le concedió. Estas afirmaciones, amigo lector, están en la parte final de un mensaje firmada por Ferdinando, Espíritu protector, recibida en Bordeaux, en 1862. Consta del capítulo séptimo de El Evangelio según el Espiritismo. Destaque para el ejercicio de la inteligencia, la capacidad de pensar y aprender, facultad que nos permitió descender de los arboles en brincadas eras, ensayando andar como las personas.

En la medida en que nos desarrollamos adecuadamente estaremos creciendo en conocimiento y sabiduría, habilitándonos a descifrar los enigmas del Universo, aproximándonos a nuestra gloriosa destinación. Dentro de algunos millares o millones de años, seremos Espíritus puros y perfectos, prepuestos de Dios, habitantes de los llamados mundos divinos, a que se refiere Kardec. Obviamente, tanto más deprisa llegaremos allá cuanto mayor sea nuestro empeño en el sentido de superar fragilidades e imperfecciones. Hay, como comenta Ferdinando, obstáculo del orgullo, uno de los siete pecados capitales, según los teólogos medievales, capaz de precipitar al hombre a las calderas infernales. Hijo preferido del egoísmo, el orgullo es ese sentimiento animalizado que induce al individuo a juzgarse mejor que el otro por su color, condición social, económica, clase, familia… En él se sustentan los preconceptos, las discriminaciones, la intolerancia y locuras que les son consecuentes, envolviendo colectividades en alteraciones, luchas, guerras, sufrimiento y muerte.

La historia de la raza humana es el relato de los conflictos generados por la inteligencia mal conducida, inspirada por el orgullo, que lleva a una colectividad a juzgarse en el derecho de agredir, dominar y pisotear a otra. No se sienten los hombres como hermanos, hijos del mismo Padre de Amor y Misericordia. Se dividen en clases, grupos, etnias, nacionalidades, y se combaten, los más fuertes dominando a los más débiles. Tenemos un ejemplo típico de los problemas generados por el orgullo en el lamentable conflicto que hay hoy en Irak, entre lo sunitas y chiitas. Tanto unos como los otros son seguidores de Mahoma, irremediablemente separados dentro de la propia creencia, no por cuestiones doctrinarias, sino por, digamos así, problemas sucesorios.

Cuando Mahoma murió, en el 632, el Islamismo se dividió en dos grupos. Los que eligieron a Ali, para dirigir el movimiento. Serian conocidos como chiitas. Entendían que los sucesores de Mahoma debían, necesariamente, estar unidos a él por lazos de consanguineidad. Otros grupos admitían que la autoridad de los califas que sucedieron a Mahoma debía prevalecer. Serian los sunitas.

Infelizmente, en Irak las dos facciones asumieron posturas beligerantes, pasaron a combatir entre sí, ambas pretendiendo la herencia del legado de Mahoma para la formación de una teocracia, un país gobernado por religiosos. La media de iraquís muertos en el 2006 fue de 32 por día, tanto entre sunitas como entre chiitas. La metodología es diferente. Los sunitas, que son minoría en Irak, usan coches u hombres bombas que explotan, produciendo estragos y muertes. Los chiitas, en mayoría, adoptan la prisión, la tortura y la eliminación total de sus opositores. Adeptos de una misma religión, poseídos por la idea de superioridad y de que su facción debe dominar, empeñándose en el exterminio reciproco. En el fondo, el viejo orgullo, sustentando esos conflictos que están destruyendo Irak.

Los cristianos no lo han hecho mejor. Católicos y protestantes se mataron los unos a los otros durante mucho tiempo, pretendiendo la posesión de la verdad, orgullosos de sus convicciones religiosas, que deberían prevalecer. El orgullo no cierra apenas las puertas al entendimiento en la Tierra. Cierra también las puertas de ingreso en el Cielo. Quien lo dijo fue Jesús, en el Sermón de la Montaña (Mateo, 5:3): “-Bien aventurados los humildes, porque de ellos es el Reino de los Cielos.”

Siempre interesante, amigo lector, para evitar pretensiones inspiradas en el orgullo, definir donde está el Cielo. Dijo Jesús (Lucas, 17:21): -(…) “El Reino de Dios está dentro de vosotros” Entonces el Cielo, representación del Reino de Dios, es una construcción interior, en el interior de nuestra consciencia. Diríamos que se trata de una condición espiritual. Íntimamente podemos sentirnos en estado de gracia o de desgracia. Sensaciones incompatibles, sustentadas por sentimientos antagónicos: El orgullo, la ilusión de superioridad ante el prójimo. La humildad, la consciencia de la propia pequeñez delante de Dios. El orgulloso siempre se enfada con alguien, con alguna situación, con algo que lo contradiga y le ocasiona una humillación.

-¿Sabe con quién está hablando?

Es una clásica pregunta, inspirada en una supuesta importancia personal, cuando cometido algún error, está dispuesto a discutir. El humilde, en idéntica situación, sin sentirse disminuido, no experimenta ningún desagrado en pronunciar la palabra mágica, capaz de neutralizar sentimientos beligerantes:

-¡Perdón!

El transito del orgullo a la humildad es uno de los objetivos que marcan la jornada humana. Cuando la hayamos conquistado en su totalidad, iremos a vivir en mundos que desconocen discriminaciones y preconceptos. En la consulta médica, la primera cosa que se hace es la anamnesis, una evaluación del paciente por los síntomas e informaciones relatador por él. Podemos efectuar, en resumen, una anamnesis del orgullo, a partir de un cuestionario conciso, con dos alternativas, una positiva y otra negativa. ¿Vamos a intentarlo, amigo lector?

1- La persona que usted ama da un mal paso, comete adulterio. Después se arrepiente. Hace promesas de amor, implora por una nueva oportunidad. Usted:
a) Perdona y trata de superar el problema.
b) Resiste sus tentativas de acercamiento, contrariando los propios sentimientos. -¡Quiero que
un rayo me fulmine antes de pensar en una reconciliación!

2. Sucede la reconciliación. Usted:
a) Nunca más habla del asunto.
b) Esta siempre recordándole la traición y removiendo resentimientos. -¡¿Piensas que olvide la
humillación que me hiciste pasar?!

3. En una reunión de trabajo, en la empresa donde trabaja, su idea es rechazada por la mayoría. Usted:
a) Considera normal y continua la reunión, tranquilo.
b) Se siente desestimulado y se cierra en el mutismo. -¡Bando de incompetente!

4. Espirita convencido, su hijo va a casarse con una joven católica. Ella insiste en el casamiento religioso. Sueña en la iglesia vestida de novia, recibir la bendición nupcial. Usted:
a) No ve objeción y hasta acepta ser uno de los padrinos en la ceremonia religiosa.
b) Queda extremamente contrariado. Se niega a asistir o va sin ganas. -¡Padrino, nunca! ¡Olvídalo!

5. En una fiesta, algunas personas reunidas en un rincón están riendo. Algunos miran hacia usted. Usted:
a) Imagina que están contando algo gracioso.
b) Se irrita, imaginando que chismorrean sobre usted. -¡Chusma de maledicentes!

6. En una consulta médica, tardan en llamarlo. Usted:
a) Considera normal, dentro de la cultura brasileña, y se distrae leyendo una revista.
b) Se impacienta y luego discute, exigiendo rapidez en el atendimiento, pues pago para eso. – ¡Es una falta de respeto!

7. En el transito, un conductor irritado por una maniobra cerrada que usted le dio, le dirige palabrotas. Usted:
a) Sigue tranquilo, considerando que ciertamente aquel conductor esta con problemas. Ora por él.
b) Responde en el mismo tono y hasta piensa en perseguirlo para arreglar cuestiones. -¡Le voy hacer tragar sus ofensas!

8- Surgen problemas financieros. Un amigo, a quien pide un préstamo, se disculpa diciendo que también esta con dificultad. Usted:
a) Encara la negativa sin problemas, considerando que la situación está mal para todos.
b) Esta ofendido con la negación que le parece una mentira y una falta de consideración. Enfría
la amistad, alegando: -¡Es un falso! Amigo solo en apariencias.

9- Un conocido no saluda al cruzarse. Usted:
a) Considera normal. No le vio o estada distraído.
b) Se irrita. ¡Esta ofendido! -¡El payaso piensa que es alguien!

10- Un tropiezo y cae al suelo de forma ridícula. Las personas se ríen. Usted:
a) Ríe, también, burlándose de sí mismo.
b) Se irrita con la falta de consideración de las personas, sintiéndose humillado. -¡Ignorantes! Desconocen los principios mínimos de civismo.

Si usted, amigo lector, en perfecto examen de consciencia, marco 10 respuestas en la alternativa “a” ¡Genial! Está diplomado en humildad. Si hubo un mínimo de siete, sigue en buen camino. Si marco menos que eso, está anclado. Le sugiero la lectura diaria, con indispensable reflexión, del texto señalado por Lacordaire, uno de los mentores de la Codificación, en manifestación de 1863, obtenida en Constantina, conforme esta en el capítulo VII, de El Evangelio según el Espiritismo, ítem 11: “El orgullo y la humildad” Transcribo un pequeño fragmento:

(…) En la balanza divina, son iguales todos los hombres; solo las virtudes los distinguen a los
ojos de Dios. Son de la misma esencia todos los Espíritus y formados de igual masa todos los
cuerpos. En nada los modifican vuestros títulos y vuestros nombres. Ellos permanecerán en el
túmulo y de modo alguno contribuirá para que gocéis de la felicidad de los elegidos. Estos, en
la caridad y en la humildad tienen sus títulos de nobleza.

Richard Simonetti
Revista «Reformador» Febrero 2008
Traducido por Jacob

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