Judas Iscariote

Humberto19 de Abril de 1935

Silencio augusto cae sobre la Ciudad Santa. La antigua capital de Judea parece dormir su sueño de muchos siglos. Más allá descansa Getsemaní, donde el Divino Maestro lloró en una larga noche de agonía, más allá está el Gólgota sagrado y en cada cosa silenciosa hay un indicio de la Pasión que las épocas guardaran para siempre.

Y, en medio de todo el escenario, como un riachuelo cristalino de lágrimas, pasa el Jordán silencioso, como si sus aguas mudas, buscando el Mar Muerto, quisiesen esconder de las cosas tumultuosas de los hombres los secretos insondables del Nazareno. Fue así, en una de estas noches que vi Jerusalén, viviendo su eternidad de maldiciones.

Los espíritus pueden vibrar en contacto directo con la historia. Buscando una relación íntima con la ciudad de los profetas, procuraba observar el pasado vivo de los Lugares Santos. Parece que las manos iconoclastas de Tito por allí pasaron como ejecutoras de un decreto irrevocable. Por todas partes aún persiste un soplo de destrucción y desgracia.

Legiones de duendes, embozados en sus vestimentas antiguas, recorren las ruinas sagradas y en medio de las fatalidades que pesan sobre el emporio de los judíos, no oyen los hombres los gemidos de la humanidad invisible.

En los márgenes silenciosos del Jordán, no lejos tal vez del lugar sagrado, donde el Precursor bautizó a Jesús Cristo, divisé a un hombre sentado sobre una piedra. De su expresión fisionómica se irradiaba una simpatía cautivante.

– ¿Sabe quién es este? – murmuro alguien a mis oídos. – Este es Judas.

– ¡¿Judas?!…

– Si. Los espíritus aprecian, a veces, el progreso que ya alcanzaron, volver atrás, visitando los sitios donde se engrandecieron o prevaricaron, sintiéndose momentáneamente transportados a los tiempos pasados. Entonces sumergen el pensamiento en el pasado, regresando al presente, dispuestos al heroísmo necesario del futuro. Judas acostumbra a venir a la Tierra, en los días en que se conmemora la Pasión de Nuestro Señor, meditando en sus actos de antaño….

Aquella figura de hombre me magnetizaba. Yo no estoy aun libre de la curiosidad del reportero, pero entre mis maldades de pecador y la perfección de Judas existía un abismo. Mi atrevimiento, pues, y la santa humildad de su corazón, se unieron para que yo lo atravesase, procurando escucharlo.

-¿Usted es, de hecho, el ex-hijo de Iscariote?

– Sí, soy Judas – respondió aquel hombre triste, secándose una lagrima en la doblez de su larga túnica. Como Jeremías, de las Lamentaciones, contemplo a veces esta Jerusalén arruinada, meditando en el juicio de los hombres transitorios…

-¿Es una verdad todo cuanto reza el Nuevo Testamento con respecto a su personalidad en la tragedia de la condenación de Jesús?

– En parte…. Los escribas que escribieron los evangelios no atendieron a las circunstancias y a las intrigas políticas que encima de mis actos predominaron en la nefanda crucifixión. Poncio Pilatos y el tetrarca de Galilea, más allá de sus interese individuales en la cuestión, tenían aun a su cargo salvaguardar los intereses del Estado romano, empeñado en satisfacer las aspiraciones religiosas de los ancianos judíos. Siempre la misma historia. El Sanedrín deseaba el reino del cielo peleando por Jehová, a hierro y fuego; Roma quería el reino de la Tierra. Jesús estaba entre esas fuerzas antagónicas con su pureza inmaculada. Ahora, yo era uno de los apasionados por las ideas socialistas del Maestro, pero mi excesivo celo por la doctrina me hizo sacrificar a su fundador. Encima de los corazones, yo veía la política, única arma con la cual podría triunfar y Jesús no obtendría ninguna victoria. Con sus teorías nunca podría conquistar las riendas del poder ya que, en su manto de pobre, se sentía poseído de un santo horror a la propiedad. Planee entonces una revuelta silenciosa como se proyecta hoy en día en la Tierra para la caída de un jefe de Estado. El Maestro pasaría a un plano secundario y yo conseguiría colaboradores para una vasta obra y enérgica como la que hizo más tarde Constantino Primero, el Grande, después de vencer a Majencio en las puertas de Roma, lo que además solo sirvió para desvirtuar el Cristianismo. Entregando, pues, al Maestro, a Caifás, no pensé que las cosas alcanzarían un fin tan lamentable y, atormentado de remordimientos, creí que el suicidio era la única manera de redimirme a sus ojos.

-¿Y llego a salvarse por el arrepentimiento?

– No. No lo conseguí. El remordimiento es una fuerza preliminar para los trabajos reparadores. Después de mi muerte trágica me sumergí en siglos de sufrimiento expiatorio de mi falta. Sufrí horrores en las persecuciones infligidas en Roma a los adeptos de la doctrina de Jesús, y mis pruebas culminaron en una hoguera inquisitorial, donde imitando al Maestro, fui traicionado, vendido y usurpado. Víctima de la traición dejé en la Tierra los últimos resquicios de mi crimen, en Europa del siglo XV. Desde ese día, en que me entregué por amor del Cristo a todos los tormentos e infamias que me humillaban, con resignación y piedad por mis verdugos, cerré el ciclo de mis dolorosas reencarnaciones en la Tierra, sintiendo en la frente el beso del perdón de mi propia conciencia…

– Y está hoy meditando en los días que se fueron…. – pensé con tristeza.

– Si… Estoy recapitulando los hechos como pasaron. Y ahora, hermanado con El, que se encuentra en su luminoso Reino de las Alturas, que aún no es de este mundo, siento en estos caminos la marca de sus divinos pasos. Lo veo aun en la Cruz entregando a Dios su destino… Siento la clamorosa injusticia de los compañeros que lo abandonaron enteramente y me viene un recuerdo cariñoso de las pocas mujeres que lo ampararon en el doloroso trance… En todos los homenajes a El prestados, yo soy siempre la figura repugnante del traidor… Miro complacientemente los que me acusan sin pensar si pueden tirar la primera piedra… Sobre mi nombre pesa la maldición milenaria, como sobre estos sitios llenos de miseria y de infortunio. Personalmente, pues, estoy saciado de justicia, porque ya fue absorbido por mi consciencia en el tribunal de los suplicios redentores. En cuanto al Divino Maestro – continuó Judas con sus llantos – infinita es su misericordia y no solo conmigo, porque si recibí treinta monedas, vendiéndolo a sus verdugos, hace muchos siglos, Él está siendo criminosamente vendido en el mundo a grueso y retazo, por todos los precios en todos los niveles del oro amonedado.

– Es verdad – concluí – y los nuevos negociadores del Cristo no se ahorcan después de venderlo.

Judas se apartó tomando la dirección del Santo Sepulcro y yo, confundido en las sombras invisibles para el mundo, vi que en el cielo brillaban algunas estrellas sobre las nubes grises y tristes, mientras el Jordán rodaba en su quietud como una sábana de aguas muertas, buscando un mar muerto.

Crónicas de más allá del túmulo
Por el Espíritu Humberto de Campos
Médium Francisco Cándido Xavier
Fragmento traducido por Jacob

4 comentarios en “Judas Iscariote”

  1. En 1953, más de cincuenta años antes de la restauración y publicación de la traducción del “Evangelio de Judas” (contenido en el “Codex Tchacos”), Ediciones Sol, en México, publicaría la obra “El Vuelo de la Serpiente Emplumada” que consta de Tres Libros.

    El Libro Tercero contiene el relato del Apóstol Judas de Kariot de sus últimos días con su “Rabí Jesús” y en el que se clarifica que, tal como muestra el “Evangelio de Judas”, Judas no traicionó a Jesús el Cristo, sino que hizo lo que hizo, “más presto”, por amorosa, y por ello dolorosa, obediencia a su Maestro, realizando “el Papel” que Jesús le indicó que hiciera…

    “…suponer que Judas pudo engañar a Jesús es poco menos que blasfemar. La relación entre Cristo y sus discípulos es una relación que no puede concebir el hombre en términos de una vida ordinaria basada en las comprensiones que aportan los sentidos. Es necesario ir tras los sentidos. O sea formarse ojos para ver y oídos para oír; ver y oír significados más que hechos aislados, es ver y oír en un plano de relaciones. Se dice que Judas traicionó a Jesús, pero cuando se capta el significado de los hechos bien pronto se advierte que la conducta de Judas no fué obra de su propia voluntad; fué obligado a vender a Jesús. Lo que ‘vender’ significa en el lenguaje evangélico está relacionado con la pobreza o riqueza en espíritu. Solamente recuerda que se dice el reino de los cielos como algo muy precioso que un buen mercader encuentra, y que enseguida ‘vende’ todo cuanto tiene para poder hacerse de esa preciosidad. Invierte el proceso para acercarte a un entendimiento. El misterio de Judas es uno de los misterios que más nos confunden. Jesús sabía que iba a morir. Es más, sabía cómo iba a morir. Su muerte estaba ya predeterminada, de modo que no cabía traición alguna, porque cualquier traición requiere el elemento de una confianza basada en una ignorancia. Piénsalo un poco. Porque Jesús insiste en que él escogió a los doce y que uno de ellos era el diablo. Mirando los hechos retrospectivamente resulta muy fácil juzgar y condenar a Judas en base a lo que otros interpretan. Pero desentrañar el misterio por sí mismo llevado sólo por el ansia de conocer la verdad, ya es otra cosa. Todos llevamos un Judas dentro de nosotros, como llevamos a un Bautista, a un Pedro, un Juan y a casi todos los personajes que figuran en los Evangelios. Si se entiende que estos escritos tratan principalmente del desarrollo interior del hombre, se comienza a ver la legión de personajes en sí mismo y también los hechos y acontecimientos que los relacionan.”

    Extracto de la obra “El Vuelo de la Serpiente Emplumada”, Libro I.

    • Este fragmento es interesante, pero dudo que Jesús hubiera obligado a Judas a traicionarlo, eso no tiene sentido, aunque respeto este articulo, pero no creo posible algo semejante. A Jesús no se le podía engañar, eso no cabe duda, pero no obligaría a nadie a traicionarlo, eso no tiene sentido, pues Jesús enseñaba el amor, no estrategias políticas ni militares. Por eso veo más creíble el escrito de Humberto de Campos que este articulo de “El vuelo de la Serpiente Emplumada”, y perdón por mi sinceridad, pero al ser Espirita, me inclino más por la psicografia de Francisco Cándido Xavier y porque lo veo más humano y más en consonancia con la Doctrina Espirita.

      Un saludo, y no pretendo ofender a nadie.

      Francisco

  2. Todos tuvimos una misión que cumplir que dependía de la gran Misión del Maestro. La iglesia, piensen, ¿por qué se apresuró a “condenar” a dos de las personas más cercanas al Rabí, que eran María Magdalena y Judas el Iscariote? Para desacreditar la verdadera misión de nuestro Maestro, inventando una institución para tener en un puño a la gente. Ninguno de los 12 ni de los llamados 70, eran diablos. Algunos más, algunos menos, entendimos su misión como pudimos, y hoy volvemos para el regreso del Cristo, que nace en cada corazón, ya nació y crece cada día más.

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