Jesús, el Buen Pastor

Jesus_nazarethDesde hace mucho Él era esperado. Cantado por las bocas proféticas de Israel, todo aquel pueblo esperaba Su venida.

En la imaginación de aquel pueblo sufrido, Él sería el héroe del mundo, el guerrero de la gran nación. Retomaría lo que se había perdido, y repondría a Israel en las glorias del mundo. Sin embargo, Él prefirió venir al mundo en el anonimato de un establo.

Durante treinta años, Su cotidiano era la simplicidad de la casa paterna, en el burgo casi olvidado de Nazaret. El Rey Solar se hizo carpintero, hombre común, entretenido con las cosas simples de aquella gente sencilla y humilde, esperando la llegada de Su hora. Y cuando salió al mundo para predicar las cosas de Dios, nunca más la Humanidad fue la misma.

Conocedor del alma humana, fue capaz de revelar los secretos más profundos de la Ley de Dios en el lenguaje sencillo de aquellos que Lo escuchaban. Si las prostitutas, leprosos, ciegos y cojos eran Su compañía, y los amaba con intensidad, también sabía convivir con las autoridades, los sabios y los adinerados.

Él vino para los enfermos pues, conforme Él mismo afirmó, los sanos no necesitan de médico. Y los enfermos del alma están en todas partes.

Se hizo médico de todos, ofreciendo Su medicina para curar los males del alma. Para ello, ejemplificó y vivió exhaustivamente el amor al prójimo y el amor a Dios por sobre todas las cosas, como Él bien recordaba, que es el mayor mandamiento de la Ley del Padre.

Comprendiendo los dolores del alma, se posicionó como el Buen Pastor, prometiendo cuidar de cada uno de nosotros, las ovejas de Su rebaño.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. He aquí la promesa que todo corazón sediento de paz deseaba oír.

Tomad sobre vosotros mi carga que es liviana y mi yugo que es suave. Él hablaba de Su propuesta para convencernos de dejarnos arrastrar por el amor.

Nunca antes, ni siquiera después de Él, alguien ha vivido el amor al prójimo en tan elevada pureza. Y Él amaba con tal intensidad que curaba leprosos por Su toque, estancaba hemorragias con Sus virtudes y los procesos obsesivos intensos se deshacían bajo Su mando.

En Su pureza incomparable nos legó las más bellas lecciones que la Humanidad jamás había tenido, aunque todavía no comprendidas, si no olvidadas, por nosotros. Pero, he aquí que en estos días de aflicción y angustia, de transición y tumulto por los cuales pasa la Tierra, de nuevo Su voz resuena en nuestros corazones.

Venid a mí todos vosotros que estáis cansados y afligidos… Somos todos nosotros, los cansados y afligidos, que necesitamos de Su regazo amoroso para amparar nuestras dificultades, para sostenernos en el caminar, para darnos coraje para seguir adelante.

No nos olvidemos, pues, que Él será siempre el Buen Pastor, para cuidar de cada uno de nosotros, Sus ovejas. Permitámonos entrar en Su redil, seguir Su voz, Su mando.

Ninguna de las ovejas que el Padre me ha confiado se perderá. Yo soy el Buen Pastor. Conozco mis ovejas y ellas conocen mi voz.

Sigamos con Él. Sintamos y vivamos Su paz.

Redacción del Momento Espírita.

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