Madre Cidália

Chico Xavier2Así se llamaba en la Tierra la segunda Madre de Chico Xavier, la criatura amorosa y buena, que dijo a su novio João Cándido:

-Solamente me casaré contigo si permites que una, en nuestro hogar, para criarlos, tus hijos de tu primera mujer, nuestra santa hermana María João de Deus, los cuales viven por ahí distribuidos y criados sin amparo de la vida…

El Sr. João Cándido, hombre sensato y bueno, accedió. Se casó y, gracias a la Madre Cidália, volvieron las aves al nido antiguo, nostálgicos, alegres, felices. Fue esa madre por vocación, misionaria del Amor, que enseñó a Chico a orar, que lo encaminó en la vida, que le bañó el alma adolorida y pura de enseñanzas cristianas y que realizó, con él y sus demás hermanos, Neuza, Luiza, Lucília, Geralda, Gina, José Raimundo y otros, una Tarea educacional.

¡Pero lo que es bueno dura tan poco! Su vida fue corta, como cortos eran sus débitos. Pero aun así, realizó mucho, algo que conmueve. Desencarnó, dejando una profunda tristeza, una enorme nostalgia en los corazones de los hijos de su alma.

Antes, llamó a Chico cerca de su lecho y le dijo entre lágrimas y en una mezcla de nostalgia y consolación:

– Sé que voy a morir, mi querido hijo. Pero, antes, deseo que me prometas una cosa: que no permitas que tus hermanos, sean, de nuevo separados, sembrados por ahí, entregados a terceros. Deseo que tomes cuenta de la casa, que ayudes a tu padre, que veles por todos, como hice. ¡Allá arriba, te ayudaré bajo las bendiciones de la divina madre, a fin de que triunfes en la Misión grandiosa que tienes y que ahora va a ser iniciada!

Chico le prometió atenderlos, entre nostalgias y llantos. ¡Y, en un halo de plenitud angelical, respeto y protección espiritual, madre Cidália desencarnó feliz!

Algunos años pasaron. Todos vivían en el mismo lugar, en una casita pobre y llena de Paz, teniendo al humilde Médium por mentor, amigo y hermano dedicado. Lo poco que recibía, como cajero en una tienda humilde daba para los gastos, porque era un poco con Dios. Y, así, entró Chico en la posesión de su mayor misión. La fuente mediúmnica reventó en un torrente de luz que beneficiaba a todo Pedro Leopoldo. Y se impresionaba por no ver entre las comunicaciones recibidas y en las apariciones de Espíritus Amigos, sus valiosos colaboradores, la madre Cidália.

En una noche, entre tanto, en una sesión intima, realizada en casa de un pariente, bajo su sorpresa, ve, en plena sala, al Espíritu luminoso de la madre Cidália. Le parecía más linda. Se conmovió y lloró de felicidad por esa maravillosa oportunidad. Amorosa, como antes, el Espíritu se le acercó y le dijo confidencialmente:

– Tardé en aparecer, mi querido hijo, porque mis trabajos son muchos. Pero, te veo siempre protegido y me alegro. Me esforcé, hoy, para venir hasta aquí, porque hay un justo motivo…

– Justo motivo, tartamudeaba el bondadoso médium…

– Si. Preparaos, pues uno de vosotros, va a partir de ahí para aquí. Obtuve el permiso para estar cerca de vosotros, por algunos días, para recibir al que sea escogido.

Abrazó y bendijo a su hijo y desapareció. Acabada la Sesión, Chico contó lo que vio y escuchó de sus queridos entes familiares. Una de las hermanas, pensó en su padre João Cándido, portador de una grave pielitis y de una hernia amenazando estrangularse, en el caso de que no se opere. Y cada ente familiar pensó en alguien del hogar.

Días se pasaron. El Sr João Cándido fue operado y estaba fuera de peligro. ¿Entonces, quien seria? Cada uno se preguntaba a sí mismo. En esta coyuntura, recibieron la noticia de que la hermana Neuza, residente en Sete Lagoas, enfermé. Y, no obstante, el cuñado, esposo de Neuza, afirmo ser una enfermedad leve, Chico pidió para que la trajeran para Pedro Leopoldo, porque sentía que era grave su estado. Era la escogida para partir. Madre Cidália vino a buscarla. Y Neusa vino y quedó bajo los cuidados de los hermanos, inclusive de Chico. El Médium sintió el desencarne cercano.

En una tarde, después de la oración acostumbrada, hecha por Chico, bajo la sorpresa de los presentes, pétalos de rosas llovieron sobre el lecho de la enferma, el fenómeno, revelando el merito de Neuza y su desencarne inminente, conmovió a todos y los preparó para el golpe que se avecinaba. Y, en la mañana siguiente, como un pájaro, el Espíritu de Neuza, esclarecido y bondadoso, dejó la jaula de carne y subió para la Espiritualidad del hogar Mayor.

Madre Cidália le apareció a Chico y le dijo:

– Fue este el Ángel escogido. Queda en Paz. Voy a acompañar al ave liberada y feliz. ¡Adiós!

Una parienta de Chico nos contó este lindo Caso, conmoviéndose y conmoviéndonos. Nos dio una bella lección, revelándonos lo que se espera, en la hora libertadora, a los que saben vivir bien, con y por Jesús. Después, sin decirnos nada, fue a su cuarto y de allá nos trajo dos pétalos, ya marchitas y perfumadas, de las que cayeron sobre el lecho de Neuza.

El regalo nos emocionó, de sobremanera. Y lo guardamos en la cartera, junto al corazón. De cuando en cuando, junto con la apreciada esposa, contemplamos los dos pétalos. ¡Y nos acordamos de Neuza y la sentimos como una Estrella, que ganó los cinco rayos, y vive, radiante y feliz, en un trabajo mayor, junto a la gran estrella, que es María Santísima, en la Constelación de Jesús!

¡Y hayamos nuestra cruz leve, nuestra prueba, tan fácil de ser vencida y una voluntad inmensa de ser mejores!

¡Que Jesús pueda bendecir, hoy y siempre, a los Espíritus queridos de madre Cidália y de Neuza!

Lindos casos de Chico Xavier

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