Enfermedades

alergia“Levántate y anda”, ordenó el Maestro, mostrando que el acto de levantar y caminar cabe a nosotros mismos, por encima de todo. ¿Qué son las enfermedades? ¿Castigos de Dios? Claro que no. Dios no es verdugo. El es Padre….

Un Padre justo y sabio que educa a sus hijos con amor, ensenándoles a conducirse por las leyes de la fraternidad y del respeto porque esa es la receta para los seres humanos poder convivir bien unos con los otros. ¿Pero porque entonces las enfermedades? ¿Cosas de la Naturaleza?

La Naturaleza fue creada por Dios, así como todos nosotros, con amor y sabiduría. Por eso debemos buscar esas causas en otras fuentes, y esas fuentes están, ciertamente, en nosotros mismos. Explica el espíritu Miramez, que los malos pensamientos son una basura que, por ley, debe quedar con quien la produce. Todos producimos, en mayores o menores proporciones, esa basura mental y emocional, contaminante del alma, a través de los pensamientos, sentimientos y actitudes anti fraternas, depresivos o viciosos, tales como la envidia, el odio, el rencor, el pesimismo, la irritación, la revuelta, así como también la lujuria, el egoísmo, la ambición, la violencia y tantos y tantos otros valores negativos de los cuales no siempre nos damos cuenta.

Cuando esto ocurre, nuestra propia naturaleza se encarga de expulsar parte de esa basura para que no nos asfixie, y esa carga mórbida, al ser drenada para el cuerpo carnal, se materializa en forma de dolencias, o de predisposiciones para determinadas enfermedades. ¿Y te puedes estar preguntando por cual razón entonces no enferman tantos seres perversos, inmorales, ambiciosos, anti fraternos y semejantes, que están hombro con hombro con nosotros en lo cotidiano? La respuesta es simple: cuanto más atrasado el espíritu, más grueso y denso es su periespíritu, o cuerpo espiritual. Por eso puede convivir tranquilamente con la propia basura. Pero conforme va evolucionando espiritualmente, a través de las reencarnaciones bien aprovechadas, también más delicado y sensible va transformándose su periespíritu y, con eso, mayor y más urgente también se torna la necesidad de esos drenajes.

Explica aun Miramez, que esa basura mental de que hablamos es, muchas veces, puesta en las capas del subconsciente de nuestro ser y allí permanece cerrado en ese misterioso baúl, aguardando oportunidades de transformarse en grandiosas lecciones para el alma, a través de los sufrimientos causados por su purgación, en forma de enfermedades, en esta o en las futuras encarnaciones. Hay también los casos de enfermedades adquiridas en esta vida, por los estados de espíritu negativos. Hay personas que son verdaderas industrias de mal humor, que viven lamentándose, maldiciendo y quejándose de todo; otras cultivan emociones y sentimientos negativos como la envidia, los celos, el rencor, la irritación, el desamor… Ese tipo de actitudes o procedimientos genera un energismo pesado que queda circulando en el sistema energético, provocando bloqueos, produciendo males de mayor o menor gravedad. Ocurre también que muchos espíritus programan ciertas dolencias o limitaciones para sus encarnaciones, mirando evitar mayores caídas espirituales. Igualmente, hay casos en que la administración superior determina una enfermedad, un accidente o parecido, para desviar a alguien del camino que iría a llevarlo a caer espiritualmente. Esto ocurre por misericordia divina, cuando hay merecimiento.

Otra causa de enfermedades esta en el descuido, en no tener cuidado con la propia salud, en los vicios diversos, en la gula, en la alimentación equivocada, en la vida sedentaria etc. Y hay aun aquellas kármicas, motivadas por acciones practicadas en vidas pasadas. Como se ve, las causas profundas de las enfermedades son muy diversas pero están en nosotros mismos, tanto en nuestro pasado como en el presente. Tal vez argumentes diciendo que las enfermedades son causadas por microbios, virus etc. Es verdad. Solo que, por nuestras actitudes, acciones y omisiones creamos en nosotros mismos campos favorables al desarrollo de los microorganismos que generan enfermedades, más allá de otros desequilibrios. Tanto es verdad que innúmeras personas infectadas con determinados virus o bacilos, no contraen tales dolencias. Por esas razones, cuanto más la medicina y la farmacología avanzan en su capacidad de curar, más enfermedades nuevas y cada vez más virulentas van surgiendo.

La culpa no es de la medicina, ni de la farmacología. Es nuestra. Por eso solo nosotros mismos, con la ayuda de Dios y de nuestra voluntad, podremos generar condiciones reales de curar y ser inmunes a las enfermedades. Esto, a través de la reforma moral, del cambio de conducta y de actitudes, y aun, del desarrollo de nuestros potenciales interiores. Pero ese es un trabajo difícil y demorado. La Naturaleza no da saltos. Si durante milenios fuimos construyendo lo que somos hoy, no será de un momento para el otro que vamos a conseguir modificar toda esa estructura. Pero si no comenzamos, nunca llegaremos allí. En los momentos de dolor, o cuando la enfermedad castiga nuestro cuerpo acostumbramos “agarrarnos” a Dios o en otros seres superiores, implorando el cese de esos sufrimientos: – “Tengo fe en Dios, El me va a curar…” Pero si la cura no sucede, la fe queda comprometida, porque colocamos la cura como condición para la fe. En esos casos, aunque, en vez de las lamentaciones y actitudes negativas, es muy importante buscar elevar nuestra frecuencia vibratoria, porque es la más poderosa ayuda en la eliminación de la basura producida por nuestras actitudes.

Esa elevación la conseguimos a través de la oración, de los sentimientos de amor universal, fe, optimismo y alegría, buscando vivir siempre las enseñanzas de Jesús. Las enfermedades, en verdad, representan una de las mayores fuerzas para nuestra evolución. Es como si la debilidad del cuerpo hiciese crecer la luz interior, o el miedo a la muerte nos aproximase más a Dios. Jesús, al resumir toda la ley, la sintetizo en el amor, no como precepto religioso sino como verdad científica y cósmica.

Extraído del libro «Nosotros y el Mundo Espiritual»
Autora: Saara Nousiainen
Traducido por Jacob

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