El racimo de Bananas

ChicoChico fue solicitado para entrar en cierta residencia en los alrededores de Pedro Leopoldo. Los dueños de la casa, viviendo una vida descuidada, sin oración y vigilancia, deseaban conversar con el médium. Chico los atendió. Al entrar, vio sobre la mesa un lindo racimo de bananas y manzanas, justamente las que más le gustan… Deseó, por el pensamiento, que le ofreciesen una, por lo menos. Pero la conversación vino sobre un asunto serio y el deseo fue olvidado.

Cuando consiguió atender a las consultas de los hermanos visitados, miró para la puerta de la calle y vio dos Espíritus burlones, y, uno de ellos, decía:

– Vamos a entrar y comer estas bananas. El otro atendió y ambos entraron. Comieron las bananas y salieron.

Sorprendido por lo acontecido, Chico pidió a Emmanuel que se lo explicara. Y su querido Guía le explicó:

– Eso ocurre con las casas cuyos moradores no oran ni vigilan. Ahora, esas bananas, sin vitaminadas, solo harán mal a los que las coman, en virtud de encontrarse impregnadas de fluidos pesados… Tienen razón nuestros hermanos protestantes, cuando oran en las comidas, porque saben, por intuición, que, en el acto sencillo de la alimentación, en el hogar, reside nuestra defensa. Nuestra oración ahí, más allá de eso, es un acto de agradecimiento al Padre por todo lo que nos concede: atraemos, con ella, Sus Bendiciones para lo que comemos y para nuestro domicilio.

Y nos vino a la memoria las bellas páginas que André Luiz escribió en uno de sus instructivos libros con relación a la oración y a los buenos asuntos de conversa y lectura, en los actos de dormir y de las comidas como, medidas felices para comer bien, dormir bien, y despertar bien.

Del libro “Lindos casos de Chico Xavier”
Traducido por Jacob

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