Francisco Cándido Xavier – Parte 1

Chico Xavier aos 17 anos de idade(1910-2002)(1)

“Lo que demuestra, de modo brillante, la intervención de Dios en la Historia, es la aparición, en el tiempo propio, en las horas solemnes, de esos grandes misionarios, que vienen a extender la mano a los hombres y los repone en la senda perdida, enseñándoles la ley moral, la fraternidad, el amor a sus semejantes, dándoles el gran ejemplo del sacrificio de sí mismo, por la causa de todos. (2)

Reconocimiento y gratitud

No obstante sabemos, todos los espiritas, que la muerte es solamente una transición natural, inherente a la propia vida, y que no significa ninguna pérdida esencial para el ser, una vez que el organismo físico, material, perecedero, no pasa de un revestimiento grosero, tomado de la Naturaleza para a ella un día retornar, – no obstante, repetimos, tal comprensión adquirida en las fuentes sagradas de la III Revelación -,los espiritas estamos sensibilizados por la muerte de aquel que, durante sucesivas décadas, ofreció a los hombres y testimonios de la fidelidad, a los compromisos asumidos con lo Alto para servir de medianero entre los dos planos de vida. Ya no tenemos más entre nosotros, en el círculo grosero de las formas, el muy amado médium Francisco Cándido Xavier.

Causaría extrañeza identificar al querido hermano con el contenido de la citación que recogemos de la obra de León Denis, pues estaríamos hiriendo la memoria de nuestro homenajeado, de cuyos trazos inconfundibles de carácter siempre resaltaron la humildad, la simplicidad, reforzadas por la consciencia que siempre tuvo de su mera condición de intermediario. En verdad, la mención de tan profunda tesis, desarrollada por el eminente discípulo de Allan Kardec, no la aplicamos al querido médium, pero, si, a la cohorte de misionarios a los cuales el sirvió de portavoz en el ejercicio bendecido de su mandato mediúmnico. Y era así que él, como lucido estudioso y fiel prácticamente de la Doctrina, se veía, recordarnos la lección fundamental que ningún médium puede despreciar: apagarse, como Juan Bautista, para dejar brillar la Luz que cae de lo Más Alto. Es lo que Chico siempre hizo, no obstante haber merecido toda la cariñosa evidencia que le ofrecían tantos corazones, vigorizados por las bendiciones provenientes de sus facultades, como los corazones de buena voluntad, encantados con su producción y su personalidad formidable.

Chico y la Casa de Ismael

Chico fue el instrumento ideal para que el Divino Maestro consolidase en Brasil el trasplante del Árbol del Evangelio, lo cual, anunciado en Mateo (21:43), fue confirmado, en 1920, en comunicación recibida en la Casa de Ismael a través del médium Albino Teixeira y, más tarde, en 1938, en la obra del Espíritu Humberto de Campos, recibida por el propio Chico, titulada «Brasil, Corazón del mundo, patria del Evangelio».  Y para que el emprendimiento de tal importancia no experimentase los perjuicios que siempre dificultan los pasos de la individualidad encarnada, desde el inicio de su luminosa misión, el querido médium, ciertamente tocado por el soplo inspirado de sus Mentores del Más allá, buscó amparo moral e intelectual en la Casa de Ismael. Fue de tal orden la composición de los lazos que se formaron entre él y la Federación, que es imposible disociarlos, al respecto de la concretización en el plano visible de la parte más sustanciosa de la obra que vendría a influir decisivamente para la formación evangélica del Movimiento Espirita en Brasil.

Y, no obstante ser aun prematuro un juicio completo sobre la influencia que un tal ejemplo de fidelidad y dedicación ejerció e irá a ejercer en la diseminación de los principios del espiritismo, no podemos dejar de aquí transcribir, por su justicia, el pensamiento del escritor Hernani T. Sant’ Anna, expresado en “A manera de presentación” en el libro 50 años de Parnaso, de Clovis Ramos, al respecto de la perspectiva pasado – presente- porvenir, de aquel que deja el plano físico: Creo que, por más privilegios que sean, fallece a los contemporáneos de alguien la proyección histórica indispensable para evaluar con justicia el grado de su influencia en la perspectiva del tiempo. Así, que por más aptitudes que creamos tener, pienso que aun no podemos hacernos una idea adecuada de cómo será recordado, en el gran futuro, nuestro tan querido Francisco Cándido Xavier.

Si, pues, no podemos tener el derecho de juzgar por el porvenir, podemos ciertamente recordar el pasado y sentir con toda la fuerza el presente, obrando de acuerdo con nuestro entendimiento y con nuestro corazón. Si no nos asiste el poder de hablar por las generaciones futuras, que irán a observar y contrastar la obra mediúmnica de Chico, tenemos sobre ella nuestras propias valoraciones, en la condición de sus contemporáneos y beneficiarios directos – y es en esas valoraciones que basamos nuestros sentimientos. Para nosotros, por tanto – y hablo por mí, en este caso – Chico y su obra (y no los separo, porque a mi ver íntimamente se fusionan y se completan) representan la propia consolidación del trabajo codificador de Kardec, sea por la exuberancia de su contribución fenomenológica, sea por el impacto y por la proyección de su ideario, sea por la extraordinaria grandeza de su ejemplificación.

Continuara….

1.N. da R.: Reformador, año 120, n. 2.080A, p. 17-34, jul. 2002. Texto revisado por Affonso Soares, co-autor del artículo.

2.N. de R.: DÉNIS, Léon. El gran enigma. Rio de Janeiro: FEB, 2008. P. 1, cap. 7, p. 101.

Revista «Reformador»
Traducido por Jacob

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