Comienzos del Espiritismo

AllanKardec1La Tercera Revelación, la Doctrina Espirita, es impersonal y tiene un sentido universalista, por las verdades y certezas que encierra. El Codificador de la Doctrina, que se preparó por más de un encarnación a fin de convertirse en la personalidad confiable para dar su trabajo la seguridad y la credibilidad que solo la Verdad puede ofrecer, es el primero en reconocer que el Espiritismo representa, en su esencia, las enseñanzas de los Espíritus superiores, al frente el Espíritu de Verdad, referido por el Cristo cuando prometió enviar al Consolador para recordar sus enseñanzas y traer conocimientos nuevos a la Humanidad.

Así, tanto Allan Kardec, como los médiums que sirvieron de intermediación para el conocimiento, por los hombres, de la Doctrina Consoladora, tomaron consciencia de que fueron ellos los instrumentos escogidos para servir a una gran misión, pero los verdaderos autores de la gran Revelación fueron los Espíritus superiores, al servicio del Cristo.

La Doctrina de los Espíritus fue revelada a los hombres por las Inteligencias que se manifestaron a través de diversos médiums, que se colocaron al servicio de una gran causa, bajo la orientación y supervisión de Allan Kardec. Pero, es el propio Codificador de la Doctrina que esclarece, en la “Introducción” de El libro de los Espíritus.

(…) Si este libro sólo tuviera por resultado mostrar el lado serio de la cuestión y provocar estudios en tal sentido, ya sería mucho y nos aplaudiríamos por haber sido escogidos para realizar una obra que no pretendemos, por otra parte, que signifique para nosotros ningún mérito personal, puesto que los principios que contiene no son de nuestra creación. Todo su mérito sabe a los Espíritus que la dictaron. (…)

Es interesante recordar que, antes de dedicarse para la organización y publicación de las obras que constituyen la base del Espiritismo, el denominado “pentateuco kardequiano”, que empieza con El libro de los Espíritus, el 18 de abril de 1857, y termina con La Génesis, el 6 de enero de 1868, la Espiritualidad superior juzgó útil llamar la atención a la gran parte de la población terrena para las manifestaciones ostensivas del mundo espiritual. Esas demostraciones comenzaron con los fenómenos de Hydesville, en los Estados Unidos de América, el 1848, esparciéndose posteriormente por el mundo occidental, a través de las “mesas girantes” que se tornaron una diversión en Europa, antes de los estudios serios, para que se pudiese entender toda aquella fenomenología intrigante, provocada a propósito por el mundo espiritual.

Todas las clases sociales se interesaron por aquellos acontecimientos inexplicables, en que los objetos comunes parecían haber adquirido movimientos autónomos, independientemente de la intervención humana. Las experiencias inusitadas con las mesas girantes se convirtieron en diversión común en Francia, Alemania, Inglaterra, Italia, España y en otros países. Fueron las mesas girantes que llamaron la atención al profesor Hippolyte Léon Denizard Rivail para los fenómenos espiritas. Vio que, por detrás de aquellos hechos aparentemente inexplicables, existía una causa desconocida que debería ser investigada.

Después de las mesas girantes, surgieron manifestaciones escritas con un lápiz que se ataba a una cesta de mimbre, usada en la época, poco después sustituidas por la escrita directamente elaborada por los médiums, con sus propias manos.

La escrita mediúmnica y la palabra de los médiums, en las cuales se podía identificar la presencia y la manifestación de los Espíritus comunicantes, fueron fenómenos mucho más convincentes y expresivos, que traían a los observadores estudiosos la certeza de la existencia de un mundo espiritual paralelo al mundo material en que vivimos. De ahí para adelante Allan Kardec, el estudioso y preparado misionario, sería el principal instrumento de los Espíritus superiores para la formulación de las Doctrina Espirita, o Espiritismo. De los trabajos coordenados y dirigidos por Allan Kardec, en los cuales podemos notar la seguridad y el método del Codificador, procurando siempre mostrar la verdad y la realidad de los hechos, sin la interferencia de ideas inferiores o inexactas, en lo que fue siempre apoyado por la Espiritualidad superior, resultaron varias obras, entre las cuales se encuentran las cinco que constituyen la base fundamental de la Doctrina Espirita:

El libro de los Espíritus (18/4/1857);
El libro de los Médiums ( 1/8/1857);
El Evangelio según el Espiritismo (abril de 1864);
El Cielo y el Infierno (1/8/1866).
La Génesis (6/1/1868).

Sobre la personalidad del Codificador, escogido por lo Alto para la difícil misión, cumplida integralmente con todo éxito, escribió Anna Blackwell, escritora inglesa que tuvo una relación personal por él, se trata de un Espíritu (…) activo y tenaz, pero de temperamento tranquilo, precavido y realista hasta casi la frialdad, cético por naturaleza y por educación (…) (1).

La primera revelación sobre la misión que le cabía desempeñar llegó al profesor Rivail el 30 de abril de 1856, en casa de su amigo, Sr Roustan, a través de la médium Srta. Japhet. Sin comprender el motivo de su decisión para tal misión, que resultaría en la modificación del pensamiento religioso, filosófico y científico, por los nuevos conocimientos que traería a la Humanidad, y rectificando errores milenarios de conceptos y de interpretaciones, tuvo el Codificador la confirmación, por el Espíritu de Verdad, de lo que ya le había informado, recomendándole, pues, toda la discreción e informándolo de que, más tarde, tendría conocimiento de muchas otras cosas importantes, lo que realmente aconteció. Finalizando la gran misión que le fue atribuida e integralmente cumplida, desencarnó el misionario el 31 de marzo de 1869.

Muchos hombres notables y estudiosos, que aceptaron el Espiritismo, trajeron diversas aportaciones a la obra del Codificador, como consecuencia natural al hecho de que la Doctrina no es estática en el tiempo, pero si evolutiva, siempre apoyada en nuevos aspectos de la verdad, que van siendo descubiertos, verificados e interpretados inteligentemente.

Toda una vasta literatura espirita se inició con los denominados “clásicos”, entre los cuales se inscriben Léon Denis, Ernesto Bozzano, Albert de Rochas, Camille Flammarion, Paul Gibier, Arthur Conan Doyle, Gabriel Delanne, Alexander Aksakof, Antonio J. Freire, J. W. Rochester, José Lapponi, Cesare Lombroso, Alfred Erny, Gustave Geley, J. Arthur Findlay y otros.

De las cinco obras escritas por Kardec, arriba mencionadas, y que son la base del Espiritismo, la primera de ellas El libro de los Espíritus, publicado el 18 de abril de 1857, es la base y el apoyo de todas las demás, porque en este libro se encuentra, conforme está expresado, resumidamente, en su frontispicio, los “Principios de la Doctrina Espirita” , sobre la naturaleza de los Espíritus y su relacionamiento con los hombres, Espíritus encarnados, la inmortalidad del alma, la vida presente y la futura, las leyes morales y el porvenir de la Humanidad.

Es una síntesis filosófica reflejando la realidad de la vida, expuesta con claridad y accesible a todas las inteligencias. De ese libro se originan los otros cuatro, que desarrollan partes específicas de la obra básica. El éxito inicial de El libro de los Espíritus fue sorprendente, no solo en Francia, sino en otros países de Europa y de América, especialmente en Brasil. Esa obra correspondió plenamente al objetivo de los Espíritus encargados de universalizar las verdades que los hombres desconocían, y de rectificar los engaños y errores que las religiones y filosofías propagaron por siglos.

Los que tuvieron conocimiento del Espiritismo, el Consolador prometido por Jesús, son una minoría en el mundo en que vivimos. Pero el tiempo es aliado de la Verdad y vendrá el día en que esa minoría se transformará en mayoría absoluta, en consecuencia de las leyes divinas, justas e infelices, de entre las cuales está la ley del Progreso.

(…) La finalidad del Espiritismo (conforme el pensamiento de Kardec) es hacer mejores a los que lo comprenden. Esforcémonos por dar ejemplo y mostremos que, para nosotros, la doctrina no es letra muerta. En una palabra, seamos dignos de los buenos Espíritus, si queremos que ellos nos asistan. El bien es una coraza contra la cual vendrán siempre a romperse las armas de la malevolencia. (2)

La vasta literatura espirita hace posible profundizar al hombre en el conocimiento de la Doctrina, en todos sus aspectos y fundamentos. En la actualidad, para bien conocer el Espiritismo, esa “coraza del bien contra el mal”, disponemos no solo de las obras básicas, sino también de la literatura clásica arriba indicada, que amplió el conocimiento aportado por los Espíritus superiores, en su colaboración con Allan Kardec y los médiums que con el trabajaron.

El Consolador prometido continúa entre los hombres, enriquecido por nuevas comunicaciones de la Espiritualidad, en nuevos médiums, dedicados a la renovación de los que lo acepten. Para la comprobación de la continuidad de las comunicaciones preciosas, entre el mundo invisible y el mundo de las formas visibles, basta observar, en Brasil, la riqueza de enseñanzas llegados a través de notables médiums, que dedicaron sus vidas a la gran causa de la renovación espiritual, no solamente de los que reencarnan en este país, Patria del Evangelio, sino de todos los que, por todas partes, aspiran y buscan la verdad y un mejor entendimiento de la vida.

Francisco Cândido Xavier, Divaldo Pereria Franco, José Raúl Teixeira, Yvonne do Amaral Pereira, para solo citar los más conocidos, son responsables de innúmeros enseñanzas y revelaciones antes abordados por los Espíritus reveladores, por el Codificador y por escritores e investigadores diversos, enriqueciendo así el conocimiento de muchos asuntos, con el abordaje de otros aspectos que ellos encierran sin perjuicio de lo que ya es conocido.

Chico Xavier, para solo citar lo que quedó escrito por el médium, ya que toda su vida fue dedicada al bien, en una demostración de cómo el Espiritismo puede influir sobre quien lo acepta y lo vive, llegó a publicar 412 libros, sobre diferentes asuntos, a través de diversas editoras, número que es poco común entre los mayores escritores de todos los tiempo.

Juvanir Borges de Souza

Ilustración: Fuente – Allan Kardec: el educador y el codificador, Zêus Wantuil y Francisco Thiesen, v.1. p. 259. Ed. FEB

(1) Allan Kardec: el educador y el codificador, Zêus Wantuil y Francisco Thiesen, v.2. p.273. Ed. FEB.

(2) Sociedad Parisiense de Estudios Espiritas. Revista Espirita, año 2, jul 1859, p. 274

Revista Reformador.
Traducido por Jacob

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