Obsesión

ErraticidadEn los últimos años la obsesión viene propagándose en la Tierra, cada vez más y más, causando perturbaciones y sufrimientos de los más variados. La obsesión, es ciertamente, una enfermedad, solo que es una enfermedad del alma, o mejor, nuestra alma es la que favorece las condiciones necesarias para que se puedan instalar. ¿Pero, que es una obsesión? Es el dominio que un espíritu ejerce sobre alguien. Ese dominio ocurre en varios grados, desde los más leves hasta aquellos que van de la fascinación a la subyugación, pudiendo llegar a la posesión.

Conforme explica Allan Kardec, el codificador del Espiritismo, “La obsesión es una acción permanente que un espíritu malo ejerce sobre un individuo”. Es una acción permanente y no esporádica, en que el espíritu perseguidor permanece junto al obsediado, usando todos los recursos que conoce y de los cuales consigue lanzar mano, para alcanzar lo que pretende. La acción obsesiva es ejercida por un espíritu malo; no es ejercida por un espíritu bueno, o mismo por un “sufridor”, porque es una acción maléfica, buscando generalmente la venganza.

Cuando Kardec habla de espíritus malos no quiere decir que ellos lo sean eternamente o que ya hayan sido creados así. Ellos no son diferentes de nosotros, apenas escogieron vivir en desacuerdo con las leyes cósmicas descendiendo moralmente a los más diversos niveles, desde aquellos que son malos solo para los objetos de su odio, hasta aquellos terriblemente perversos, crueles, verdaderos monstruos de maldad y perversiones de toda naturaleza. Son los que muchos clasifican como Demonios, Satanás, Diablo etc. Pero el espíritu nunca retrocede en su evolución. Los valores adquiridos permanecen latentes en su inconsciente y sus caídas morales son temporales, aunque duren milenios.

Muchos espíritus, al alcanzar un grado medio de evolución a través de las experiencias reencarnatórias con el pasar del tiempo, cuando se les comienza a despertar la consciencia divina, llamándolos para lo Alto, prefieren las atracciones inferiores, sumergiéndose en el fondo de las pasiones. Y, en ese momento entre los dictámenes de la consciencia y lo que escogen, tratan de silenciar los llamamientos divinos, aislándose de la esencia del propio espíritu, que es luz de Dios. Es como si envolviesen la propia consciencia en un energismo de negación, tapándola. Pero todos ellos, de los malos los peores, un día se cansaran de la propia maldad, retomando el camino de la evolución.

Dios no iría a crear seres que pudiesen, para siempre estar en el mal. Hay innúmeras narrativas de espíritus sobre episodios en que alguien de esos terribles “medallones del mal” acaba abandonando las regiones inferiores, decidiendo cambiar de vida, pasando a prepararse para una nueva reencarnación que, ciertamente, será muy sufrida. En esos casos generalmente hay la actuación de alguien que le es muy querido, como por ejemplo, su madre, que desciende de las regiones de luz y armonía para convencer a aquel ser el cambio de rumbo.

Ya los espíritus que alcanzaron mayor grado de evolución, cuyas consciencias ya se encuentran más ampliamente bañadas en luz divina, esos no se sienten atraídos por los llamamientos inferiores, porque ya eliminaron de sí mismos todos los residuos de la naturaleza animalizada. Aquella leyenda sobre el Ángel que sentía envidia y tenía la ambición de asemejarse a Dios y por eso fue arrojado al infierno, tiene simbolismos diferentes, porque un ser espiritual tan elevado no cae. La ambición, la envidia, el odio, el egoísmo y asemejados, son valores negativos que solamente vigorizan en las franjas primarias de la evolución. En cuanto a las obsesiones, casi siempre ocurren por cuestiones de venganza, y podemos decir que los obsesores son nuestros cobradores. Ellos están cobrándonos algo que les hicimos, generalmente, en vidas pasadas. Existen casos de obsesión por espíritus que fueron abortados. Viendo frustrados sus ideales de volver a la Tierra, a través de la reencarnación, buscando vengarse de las mujeres que les dieron acogida, pero que en seguida los expulsaron de sus vientres.

Todos nosotros, en verdad, tenemos las compañías espirituales que atraemos a través de nuestras actitudes y acciones. Pero existen aun aquellos obsesores provocados por rituales, cuando espíritus malos son contratados para ese fin. En cualquier proceso de obsesión, sin embargo, el remedio está en la conducta que Jesús enseño; está en la reforma interior. También es importante buscar un centro espirita, para recibir pases y orientaciones, y para que el espíritu obsesor pueda ser debidamente asistido en trabajos específicos. Pero la cura depende del obsediado, del esfuerzo que hace por el propio crecimiento e iluminación. En el momento en que pasa a experimentar el perdón, la bondad, la fraternidad plena el obsesor acaba perdiendo la sintonía con él y la obsesión se acaba.

Conoce más sobre estos asuntos leyendo. El libro de los Médiums, de Allan Kardec, el mayor y más completo trabajo sobre la mediumnidad y cómo lidiar con ella.

Extraído del libro «Nosotros y el Mundo Espiritual»
Autora: Saara Nousiainen
Traducido por Jacob

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