Calamidades

autobullyingLas calamidades como aquella que la humanidad sufrió recientemente, donde decenas de millares de personas desencarnaron en cuestión de minutos, por fuerza de un fenómeno geológico, modifica, en muchas mentes, sus convicciones filosóficas y religiosas. ¿Existe Dios? ¿Él es la bondad suprema? ¿Él dirige los destinos de esta humanidad? ¿Porque, entonces, una calamidad como esa que generó tanto sufrimiento, no solamente a los que fueron alcanzados directamente por ella, como a todos los que presencian impotentes su desenvolvimiento?

Para los que tienen una visión mecánica de la vida, no les faltan argumentos para poner en duda la existencia y la grandiosidad de Dios, ante los acontecimientos ocurridos. Pocas líneas religiosas se encuentran aptas a una respuesta satisfactoria para estos argumentos, ya que atribuyen al Creador condiciones iguales a las del hombre, con los mismos sentimientos y acciones, un dios antropomórfico, a pesar de ser Él el Creador del Universo.

La Doctrina Espiritista, con su visión universalista, teniendo como base la inmortalidad del espíritu, posibilita, sin embargo, el entendimiento pleno de estas ocurrencias, por grande que sea su amplitud y consecuencia. Nos explica que la vida es un proceso evolutivo, mostrándonos la inestabilidad del ser y de las cosas en una secuencia infinita, que tiene como objetivo la perfección relativa, junto al Padre.

Creadas por Dios las leyes de armonía y equilibrio, que rigen el Universo, el hombre, criatura divina, tendrá que realizar su aprendizaje a lo largo de la caminada, afinándose con las leyes para conquistar, por medio de experiencias diversas, el galardón mayor para el cual está destinado.

Así, una ocurrencia de este tenor, de origen geológico, es considerado como catastrófico, y que afecta tanto los sentimientos de todos, adquiere otro significado si es visto como un acontecimiento momentáneo que no puede ser valorizado por la mente humana en la trayectoria macrocósmica de la Tierra, como miembro de la comunidad Universal.

Se trata de un evento en el proceso evolutivo de la humanidad, motivando la movilización de todos
en una actitud fraterna, que contribuirá para la evolución de los habitantes del planeta, fascinados por el egoísmo, por el poder y por la ambición y el odio. A lo largo del tiempo, no importa cuanto, los hombres no necesitarán más de sufrimientos y pruebas de este orden, para que florezca en sus corazones los sentimientos sublimes enseñados por el Maestro Jesús.

Nuestros hermanos que partieron colectivamente prosiguen viviendo ahora en otra dimensión. El conocimiento espiritista nos permite comprender perfectamente el doloroso acontecimiento a la luz de la Justicia, de la Sabiduría y del Amor Infinito de Dios, nuestro Padre.

Yvon Luz
Revista «Sei»

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