Del médium

andreluizRechazar la suposición de que tiene responsabilidades o una misión de gran trascendencia, reconociéndose humilde, encargado de tareas comunes, aunque graves e importantes como las de cualquier otra persona. EL colaborador de Cristo es siempre siervo, y siervo del amor.

En el horario disponible entre las obligaciones familiares y el trabajo que le reporta la subsistencia, vencer los imprevistos que le puedan impedir comparecer a las sesiones, tales como visitas inesperadas, fenómenos climáticos y otros motivos, manteniendo lealtad al propio deber. Sin entusiasmo íntimo no hay ejercicio mediúmnico productivo.

Preparar su propia alma en oración y meditación antes de la actividad medianímica, evitando, sin embargo, encontrarse mentalmente para semejante menester durante las exposiciones doctrinarias, salvo cuando le correspondan tareas especiales concomitantes, a fin de no privarse de la enseñanza. La oración es luz en el alma reflejando la luz divina.

Controlar las manifestaciones mediúmnicas de las que es mediador, reprimiendo, en todo lo posible, la respiración jadeante, gemidos, gritos y contorsiones, golpeteo de manos y pies o cualquier otro gesto violento. El mediador es siempre el responsable directo del mensaje del que es portador.

Evitar cualquier signo de evidencia o relieve personal en la producción de tal o cual fenómeno. La espontaneidad es el sello que ha de reputar nuestras comunicaciones con el reino del Espíritu.

Aunque fuese indirectamente, no sacar provecho material de las producciones que obtenga. No hay servicio santificante en la mediumnidad vinculado a intereses inferiores. Anular obstáculos, preocupaciones e impresiones negativas que se relacionan con el intercambio mediúmnico, sean ellas la cuestión de la conciencia vigilante o el de la inconsciencia sonambúlica durante el trance, los temores inútiles y las susceptibilidades enfermizas, guiándose por la fe razonada y por la devoción a sus semejantes.

Quien se propone avanzar en el bien, debe olvidar toda causa de perturbación. Aun cuando provenga de personas bien intencionadas, rechazar el tóxico de la lisonja. En el rastro del orgullo, camina la ruina.

Huir de los peligros que amenazan a la mediumnidad, tales como la ambición, la ausencia de autocrítica, la falta de perseverancia en el bien y la vanidad de juzgarse invulnerable. El mediador carga consigo los mayores enemigos que tiene.

Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. — Pablo. 1 Corintios 12:7

Espíritu Andre Luiz
Médium Waldo Pereira
Extraído del libro “Conducta Espirita”

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