La terapia del pase

Richard SimonettiTransfusión de energías, el pase magnético es un recurso milenario, usado desde las culturas más remotas, con resultados sorprendentes, en favor de la salud humana. Fue largamente empleado por Jesús. Dotado de potencial incomparable, el Maestro curaba insidiosos males del cuerpo y del alma.

Multitudes lo buscaban, atraídas mucho más por los prodigios que hacía sin que se atentase a la excelencia de sus principios. Algo semejante ocurre en la actualidad con el Espiritismo. Las personas comparecen al Centro Espirita como quien va a un hospital, en busca de cura para males variados.

Expositores acostumbran a evocar viejo adagio, que hasta parece un versículo evangélico: “Quien no viene por el amor, viene por el dolor.” Raros son los que buscan la Doctrina movidos por el amor al conocimiento. El dolor es bien la «campana de Dios» para convocarnos al ejercicio de religiosidad.

Cuando chora, insistente, el alma se arrodilla, con disposición hasta para enfrentar los preconceptos dictados por la ignorancia, en busca de la cura para sus males. Y se sitúa el Centro Espirita como hospital, en un primer momento, escuela después; por último, bendecido taller de trabajo para aquellos que perseveran en la frecuencia, despertados para los objetivos de estar en la carne, definidos en la pregunta 132, de El libro de los Espíritus, cuando Kardec pregunta cuál es el objetivo de la encarnación de los Espíritus.

Responde el mentor espiritual: “Dios les impone la encarnación con el fin de hacerlos llegar a la perfección. Para unos, es una expiación; para otros, una misión. Pero, para alcanzar esa perfección, ha de sufrir todas las vicisitudes de la existencia corporal:

Responde o mentor espiritual: “Dios se la impone con el propósito de hacerlos alcanzar la perfección. Para unos constituye una expiación; para otros, una misión. Pero, para llegar a esa perfección deben sufrir todas las vicisitudes de la existencia corporal: en ello reside la expiación. La encarnación tiene asimismo otra finalidad, consiste en poner al Espíritu en condiciones de afrontar la parte que le cabe en la obra de la Creación. Para cumplirla, toma en cada mundo un instrumento de acuerdo con la materia esencial de ese globo a fin de ejecutar, desde ese punto de vista, las órdenes de Dios. De modo que, cooperando en la obra general, progrese él mismo”.

El mentor espiritual que asistía a Kardec enfatiza las maravillosas oportunidades de progreso y de participación en la obra de la Creación, que Dios nos ofrece en la experiencia humana, utilizando esa máquina incomparable que es el cuerpo humano. Por mal uso, lo desgastamos y desarreglamos frecuentemente. En nuestro socorro, la Misericordia Divina moviliza infinitos recursos para la “reparación”. De entre ellos, el maravilloso pase magnético. Importante, pues, alertar a los beneficiarios de que su eficiencia obedece a dos factores primordiales:

El primero es la capacidad del pasista, subordinada no tanto al conocimiento de la mecánica del servicio, sino, sobre todo, a la pureza de sus sentimientos y al deseo de servir.

Pasista distraído del empeño de renovación y que desarrolla esa actividad como un asalariado, interesado en los beneficios que recibirá, sin pensar en los beneficios que debe prestar, jamás será un instrumento confiable de la Espiritualidad.

El otro día me preguntaron si alguien así puede perjudicar al paciente. Solo si hubiera intencionalidad. Si el pasista, con rabia del paciente, le pone las manos y afirma en pensamiento: – ¡Quiero que te irrites! ¡Qué enfermes y mueras!

¿Asusta, amigo lector? No te preocupes. Sería solo una vibración negativa, del mismo tenor deletéreo de quien grita, insulta, ofende, capaz de causar momentos embarazosos, pero considerado aquí como un factor de sintonía. Si el “bombardeado” tiene un comportamiento equilibrado, habituado a la oración, a cultivar la serenidad, no será afectado. Tranquilo. Nadie se dispone a participar del trabajo del pase con la intención de perjudicar desafectos.

Considerando que la asistencia espiritual es siempre vigilado y sustentado por mentores espirituales, las deficiencias humanas pueden ser superadas, desde que sea cumplida la otra condición: la receptividad del paciente. El aprovechamiento depende de su empeño por colocarse en sintonía con el trabajo. Para quien eso le ocurre, es importante que en las charlas doctrinarias sea explicado a los interesados lo que es el pase, como funciona y cuáles son las condiciones necesarias a fin de que surja efecto.

Cuidados indispensables: – Disciplina de las emociones.

En el atendimiento fraterno: – Necesito de un pase. Estoy muy irritado, con los nervios de punta.

Tuve una discusión homérica con mi esposa. Casi llegamos “a las manos”. Difícilmente será beneficiado, dado que espera por el pase para eliminar la irritación, sin comprender que es necesario evitar la irritación para recibir el pase.

– Atención a las charlas. Se habla de los Espíritus obsesores que buscan neutralizar con el sueño la asimilación de esclarecimientos capaces de substraer los participantes a su influencia. Puede acontecer, pero en la mayor parte de las veces lo que ocurre es el desinteres. Son frecuentadores que vienen al recinto de las conferencia como una sala de espera de atendimiento medico, situándose en somnolencia, que favorece el sueño.

-Silencio y contrición. Favoreciendo la eficiencia del servicio, los centros espiritas tienden a realizar el atendimiento magnético después del trabajo doctrinario, en las llamadas cámaras del pase. Mientras espera, hay quien aprovecha para confraternizar con amigos y conocidos allí presentes, abordando, no es raro, asuntos que no interesan a la economía del ambiente, favoreciendo una rotura de sintonía que va a tornar menos eficiente el pase. Mejor el silencio, con lectura de algo edificante o la meditación en torno de los temas abordados por los expositores.

Dos observaciones de Jesús, dirigidas a las personas beneficiadas por sus curas, deben merecer nuestra atención.

– ¡Tu fe te salvó!

Los cuidados a que nos referimos favorecen la sintonía del paciente con el pasista, pero la receptividad, la posibilidad de asimilar plenamente los beneficios ofrecidos, depende de la confianza plena, de la certeza absoluta de que estamos sometiéndonos a una terapia capaz de beneficiarnos.

Las curas realizadas por Jesús no eran el premio de la fe. El Maestro no curaba porque las personas creían en El, sino porque las personas sintonizaban con sus poderes. Oportuno recordar el ejemplo de la mujer con hemorragia, que se curó de una hemorragia uterina de doce años simplemente tocando la túnica, movida por el convicción de que sería beneficiada.

– ¡Ve y no peques más para que no te suceda nada peor!

Volvemos aquí a la cuestión del uso. Si nuestros males son consecuencia de la mala utilización de la maquina física, de nada valdrá la “reparación”, si insistimos en el mismo comportamiento.

Con el tiempo el pase parece “perder la fuerza”, ya no trae los beneficios deseados, el paciente acaba buscando otro Centro, “más fuerte” sin noción de que los Benefactores espirituales establecen límites a su acción.

Si constatan que los beneficiarios no se concientizan en cuanto a la necesidad de superar males e imperfecciones, dejan que la “campana de Dios” continúe repicando, hasta que superen la “somnolencia” y despierten para los objetivos de la existencia humana.

Richard Simonetti

Revista «Reformador»
Traducido por Jacob

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