Alegas

Emmanuel2Alegas incredulidad de la vida celestial por ausencia de la comprobación que supones adecuada, y viajas, ante la gloria del firmamento, en un gigantesco ingenio cósmico llamado “Tierra”, girando sobre sí mismo a una inmensa velocidad alrededor del Sol, y no piensas en ello.

Alegas que no comprendes cómo puedan surgir irradiaciones del Espíritu, y cada día te equilibras bajo la luz solar que se expande en la inmensidad del Espacio, a trescientos mil kilómetros por segundo, sin que te acerques a la estructura más íntima.

Alegas que no oyes la voz de las inteligencias desencarnadas, y vives en un reino de ondas donde las mayores estaciones emisoras entregan sólo ínfima porción, transformando en sonidos articulados lo que te parece silencio y soledad.

Alegas que nadie te explica por qué proceso se alimentan las almas con los fluidos sutiles, y vives en un océano de aire nutriéndote en grado mayor de los recursos imponderables de la Naturaleza.

Alegas que la existencia humana fuera de la materia física es inaceptable por volverse invisible; sin embargo, ¡cuántas cosas invisibles consideras reales!

Alegas la imposibilidad de la materialización transitoria de los amigos que ya transpusieron las fronteras de la tumba y, pese a las notables observaciones de la genética, desconoces cómo naciste entre las formas carnales tanto como ignoras los procesos por los que te desarrollas.

No te lamentes, sin embargo, en cuanto a la falta de elementos mediúmnicos para la realización de las buenas obras.

No te condiciones a informes ajenos para ayudarte. Todos poseemos vasta provisión de semillas y luces del Conocimiento Superior y estamos convencidos de que fuimos llamados para servir.

Lo que Jesús enseñó hace casi dos milenios tiene fuerza de verdad para todos los siglos, y el mensaje de ese o de aquel emisario del Evangelio, a los oídos de alguien, es lección para todos nosotros. Por encima de todo importa extender el bien, entendiéndose que el bien verdadero será siempre el bien que hagamos a los otros.

Toma algunos granos de trigo encontrados en la calle, al azar… No sabes de dónde vinieron; sin embargo, si decides plantarlos, aún hoy, con respeto y cariño, pronto las leyes de Dios sin que las veas actuando en el suelo harán de ellos en tu propio favor, vasto y hermoso trigal.

Dictado por el espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cándido Xavier

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