Anunciación del consolador

kardec35. – Si me amáis, guardad mis mandamientos, y pediré al Padre, y él os enviará otro Consolador, para que permanezca eternamente con vosotros. – El Espíritu de Verdad, que este mundo no puede recibir, porque no lo ve; mas vosotros, lo conoceréis, porque permanecerá con vosotros y estará en vosotros. – Mas el Consolador, que es el Espíritu Santo que mi Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas los casas, y os hará recordar de todo lo que os dije. (San Juan, Cap. XIV, v. 15, 16, 17, 26. – El Evangelio según el Espiritismo, Cap. VI).

36. – Pero yo os digo la verdad: que os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendrá a vosotros; mas yo me voy y os lo enviaré, –y él cuando viniese, convencerá al mundo en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio: en cuanto al pecado porque no han creído en mí; en cuanto a la justicia, porque voy para al Padre y no me veréis más; en cuanto al juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, mas no las podéis soportar ahora. Cuando viniere el Espíritu de Verdad, os enseñará toda la verdad, porque no hablará de sí mismo, mas hablará de todo lo que oyó, y os anunciará las cosas que han de venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo que es mío y os lo anunciará. (San Juan, Cap. XVI, v. 7 al 14).

37. – Esta predicción es sin duda una de las más importantes desde el punto de vista religioso, porque constata de la manera menos equívoca, que Jesús no dijo todo lo que tenía que decir, porque no sería comprendido, ni siquiera por sus apóstoles, pues es a ellos a quienes se dirigía. Si les hubiese dado instrucciones secretas, se habría hecho mención de ellas en los Evangelios. Puesto que no lo dijo todo a sus apóstoles, sus sucesores no han podido saber más que ellos; por lo tanto, éstos pudieron equivocarse sobre el sentido de sus palabras, dar una falsa interpretación a sus pensamientos, velados muchas veces bajo la forma de parábolas. Las religiones fundadas en el Evangelio no pueden, por tanto, decirse en posesión de toda la verdad; puesto que él se reservó completar ulteriormente sus instrucciones. Su principio de inmutabilidad es un desmentido dado a las propias palabras de Jesús. Anuncia Él, bajo el nombre de Consolador y de Espíritu de Verdad al que debe enseñar todas las cosas y hacer recordar lo que ha dicho: por lo tanto, su enseñanza no estaba completa; es más, prevé, que se olvidará lo que él dijo y que será desnaturalizado, puesto que el Espíritu de Verdad debe hacer recordar y, de acuerdo con Elías, restablecer todas las cosas, quiere decir, según el verdadero pensamiento de Jesús.

38. – ¿Cuándo habrá de venir este el nuevo revelador? Es muy evidente que si en la época en que Jesús habla, los hombres no estaban en estado de comprender las cosas que le quedaban por decir, no sería en algunos años que podrían adquirir los conocimientos necesarios. Para la inteligencia de ciertas partes del Evangelio, con excepción de los preceptos de moral, eran necesarios conocimientos que sólo el progreso de la ciencia podría aportar y que debían ser obra del tiempo y de varias generaciones. Pues, si, el nuevo Mesías hubiese venido poco tiempo después del Cristo, habría encontrado el terreno igualmente poco propicio, y no hubiese hecho más que Él. Ahora bien, desde el Cristo hasta nuestros días no se ha producido ninguna gran revelación que haya completado el Evangelio, ni dilucidado sus puntos obscuros, indicio cierto de que el Enviado aún no apareció.

39. – ¿Cuál debe ser ese Enviado? Al decir Jesús: “Yo pediré a mi Padre, y él os enviará a otro Consolador”, indica claramente que no es él mismo, de otro modo habría dicho: “Volveré para completar lo que os he enseñado”. Después agregó: Para que permanezca eternamente con vosotros y esté en vosotros. Esto no se podría entender de una individualidad encarnada que no puede permanecer eternamente con nosotros, y aun menos estar en nosotros, pero se comprende muy bien de una doctrina la cual, en efecto, al ser asimilada, puede estar eternamente con nosotros. El Consolador es, pues, en el pensamiento de Jesús, la personificación de una doctrina soberanamente consoladora, cuyo inspirador debe ser el Espíritu de Verdad.

40. – El Espiritismo realiza, como se ha demostrado (Cap. 1, N° 30), todas las condiciones del Consolador prometido por Jesús. No es una doctrina individual, una concepción humana; nadie puede decirse su creador. Es el producto de la enseñanza colectiva de los Espíritus, a los cuales preside el Espíritu de Verdad. Él no suprime nada del Evangelio: lo completa y lo esclarece; con la ayuda de las nuevas leyes que revela, unidas a las de la ciencia, hace comprender lo que era ininteligible y admitir la posibilidad de aquello que la incredulidad veía como inadmisible. Ha tenido sus precursores y sus profetas, que presintieron su llegada. Por su poder moralizador, prepara el reino del bien sobre la Tierra. La doctrina de Moisés, incompleta, permaneció circunscripta al pueblo judío; la de Jesús, más completa, se difundió sobre toda la Tierra con el Cristianismo, pero no convirtió a todo el mundo; el Espiritismo, más completo aún, teniendo raíces en todas las creencias, convertirá a la Humanidad. (1)

41. – Al decir Jesús a sus apóstoles: “Otro vendrá más tarde que os enseñará lo que no puedo deciros ahora”, proclamaba implícitamente, la necesidad de la reencarnación. ¿Cómo podrían aprovechar esos hombres la enseñanza más completa que debería ser dada ulteriormente? ¿cómo estarían más aptos para comprenderlo si no habían de revivir? Jesús habría dicho una inconsecuencia si los hombres futuros debiesen, según la doctrina vulgar, ser hombres nuevos, almas salidas de la nada en su nacimiento. Admítase, por el contrario, que los apóstoles y los hombres de su tiempo, vivieron después; que revivirán aún hoy, la promesa de Jesús se halla justificada; su inteligencia que se debe haber desarrollado al contacto del progreso social, puede soportar ahora lo que no podría soportar entonces. Sin la reencarnación, la promesa de Jesús habría sido ilusoria.

42. – Si se dijera que esa promesa se realizó el día de Pentecostés, por el descenso del Espíritu Santo, se respondería que el Espíritu Santo los inspiró, que pudo abrir su inteligencia, desarrollar en ellos las aptitudes mediúmnicas que deberían facilitar su misión, pero sin enseñarles nada más de lo que Jesús había enseñado, porque no se encuentra vestigio alguno de enseñanza especial. El Espíritu Santo no realizó, pues, lo que Jesús había anunciado del Consolador: de otro modo los apóstoles habrían elucidado, en vida, todo lo que permaneció obscuro en el Evangelio hasta este día, y cuya interpretación contradictoria dio lugar a las innumerables sectas que dividieron el Cristianismo desde los primeros siglos.

(1) Todas las doctrinas filosóficas religiosas llevan el nombre de la individualidad fundadora: se dice el Mosaísmo, el Cristianismo, el Mahometanismo, el Budismo, el Cartesianismo, el Furierismo, el Sansimonismo, etc. La palabra Espiritismo, por el contrario, no recuerda a ninguna personalidad; encierra una idea general, que indica al mismo tiempo el carácter y la fuente múltiple de la Doctrina.

Allan Kardec
Extraído del libro «La Génesis»

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