Campeonato de la Insensatez

DiCuando el conocimiento se liberaba del soez grillete de la ignorancia y las ciencias adquirían ciudadanía cultural, alargando los horizontes del pensamiento y aportando mejor conocimiento sobre la finalidad existencial, a mediados del siglo XIX, surgió el Espiritismo como un sol para la Nueva Era, que debería iluminar a la Humanidad a partir de entonces. Era la respuesta de los Cielos a los ruegos de los sufrimientos que se esparcían por la Tierra. Conforme Jesús había prometido, se trataba de El Consolador, que llegaba para atender a las múltiples necesidades humanas.

Sintentizando el idealismo filosófico con las conquistas de la experimentación científica moderna, al tiempo en que la ética del Evangelio se restauraba, esa incomparable Doctrina se proponía ofrecer los instrumentos hábiles para la adquisición de la felicidad. El oscurantismo ancestral cedía lugar a nuevas conquistas libertadoras, mientras Espíritus elegidos se encargan de promover el progreso material, social e intelectual en el Orbe, sacrificándose fieles a los anhelos de iluminación. Los objetivos de la libertad alcanzada desde los sangrientos días de 1789, con la caída de la Bastilla y los movimientos que la siguieron, facilitaban el florecer de la verdadera fraternidad entre todos, igualándolos en relación a los derechos y a los deberes, por lo menos teóricamente.

Se respiraban nuevos aires sin los tóxicos de los preconceptos y de la intolerancia religiosa, que cedía el vigor de las incomparables conquistas de la evolución que diariamente llegaban a las sufridas masas… La arrogancia de Napoleón III, en Francia, reflejando la dominación clerical, que temía en proseguir soberana, gracias a los vínculos con Roma, que apoyaba gobiernos usurpadores y perversos en Europa, señalaba el declive del Viejo Mundo de ostentación y privilegios, a fin de que los abanderados del amor y de la paz abriesen claros en la inmensa noche atemorizadora.

Los Espíritus considerados muertos, rompieron el terrorífico silencio a que fueron relegados y proclamaron las legítimas enseñanzas del Cristo como fundamentales a la vida, así como la propia inmortalidad, restaurando la pulcritud del Evangelio que hubiera sido gravemente adulterado, despertando de ese modo las conciencias hacia la vivencia de la concordia, del bien y de la caridad …

Los paradigmas científicos del Espiritismo se revestían del vigor indispensable al enfrentamiento con el materialismo de Frederico Engels y de Schopenhauer, de Marx y de Nietzche, revitalizando la ética centrada en al Buena Nueva, conforme Jesús y Sus primeros discípulos habían vivido. Era un renacimiento de la Palabra y un reencuentro con la Verdad, que hubo perdido brillo, empañada por los dogmas ultramundanos y la Teología partidista, elaborada apenas para atender a los intereses mezquinos y serviles a los poderosos que, a veces, eran también sometidos al talante de su atrevimiento.

Permitiéndose investigar hasta la extenuación, los inmortales confabularon con las criaturas terrestres, ofreciéndoles explicaciones seguras sobre la vida, sus objetivos, los problemas del sufrimiento, del destino, del ser humano…Nunca, hasta entonces, una Doctrina abrazaría tantos temas y cuestiones porque, a fin de cuentas, no procedía de una persona, sino de un equipo de pensadores como Juan Evangelista, Pablo, el Apóstol, San Agustín, Descartes, Lacordaire, Cura d’Ars, San Luis de Francia, Juana d’are, Henri Heine, Fénelon, para citar tan sólo algunos pocos, todos bajo la inspiración de Jesús Cristo….

Esa trilogía sintetizada en un bloque monolítico —Ciencia, Filosofía y Religión— debería enfrentar el futuro, acompañando el progreso, aceptando todas sus conquistas, pero interpretándolas con cuidado discernimiento, porque estudia las causas, mientras que las ciencias estudian sus efectos. Transcurrido casi un siglo y medio, después del surgimiento de El Libro de los Espíritus, en París, el 18 de abril de 1857, la Doctrina resistió a todas las envestidas de la cultura científica, tecnológica, filosófica, permaneciendo vigorosa e insuperable como en el instante de su consolidación.

El Movimiento Espírita se esparció por diversas naciones terrestres, presentó escritores, médiums, oradores y conferenciantes, pedagogos, psicólogos, médicos y abogados, jueces y desembargadores, entre muchos otros profesionales, todos incorruptibles, que dejaron un honorable legado, pero que, infelizmente, en algunos de sus bolsillos, no está siendo dignamente preservado.

Los atavismos ancestrales, en diversos espíritas, que se eligieron o fueron elegidos líderes por si mismos, sin embargo, no han soportado el peso de la responsabilidad por la ejecución del trabajo que les correspondía y, preocupados injustamente con la labor organizativa, se van desviando de los contenidos evidentes de la Doctrina, como hicieron ayer en relación al Mensaje cristiano, que transformaron en romano…A las preocupaciones sobre la caridad fraternal hacia los infelices de toda clase, se entregan a la conquista de patrimonio material y de proyección social, vinculándose a políticos de realce, no siempre portadores de conducta loable, para compartir las migajas del mundo en detrimento de las alegrías del reino de los cielos.

Sustituyen la simplicidad y la espontaneidad de los fenómenos mediúmnicos por constreñimientos y directrices escolares que culminan, lamentablemente, con diplomas de médiums y adoctrinadores, que también alcanzan las cumbres tecnológicas de la auto-fascinación. Exigencias vanidosas y fuera de lugar agraden la simplicidad que debe regir en las Sociedades espíritas, antes desvestidas de atavíos llamados tecnológicos y actuales, que eran vivenciados por la tolerancia y bondad entre sus miembros. Al estudio serio de los postulados doctrinarios, se sucede la picaresca y el divertimiento en relación al público que busca las reuniones, en actitudes más compatibles con los espectáculos burlescos que con la gravedad de que el Espiritismo se reviste.

El exceso de discusiones sobre cuestiones secundarias toma el tiempo para el análisis y reflexión en relación a los actuales desafíos sociales y humanos a los cuales el Espiritismo tiene mucho que ofrecer. La presunción y la soberanía eligen líneas y conductas que recuerdan a aquellos formulados por los antiguos sacerdotes, y que ahora pretenden se encarguen de definir los rumbos que se deben tomar por el Movimiento, después de desordenadas reuniones con residuos de consternaciones y animosidades mal disfrazadas. Se escuchan los mensajes de los Benefactores espirituales, conmoviéndose con sus disertaciones, y después abandonándolas dominados por la alucinación de la frivolidad. Se apegan al poder como si fuesen insustituibles, olvidando que las enfermedades y la desencarnación los desalojan de las funciones que pretenden preservar a cualquier precio…

El complicado tecnicismo viene transformando las Instituciones en Empresas dirigidas por brillantes ejecutivos, pero sin vínculo alguno con los postulados doctrinarios…Divisiones que se van multiplicando por sectores, por especializaciones, amenazan la unidad del cuerpo doctrinario, olvidándose de aquellos que no poseen títulos terrestres, pero que son pobres de espíritu, sencillos y puros de corazón, en elitismo injustificable. Escasean el amor, la compasión y la caridad… Críticas sórdidas, persecuciones públicas, existen antipatías, donde debería brotar el perdón, el buen querer, la comprensión fraternal, la caridad sin recompensa. No se dispone de tiempo, consumido por el vacío exterior, para la asistencia a los sufrientes y necesitados que aportan a las casas espíritas, relegados a segundo plano, ni para la convivencia con los pobres y desconocedores de la Doctrina, que son encaminados a cursos, cuando necesitan una palabra de confort moral urgente… Los corazones se enfrían, y la fraternidad desaparece.

El Espiritismo aún no completó su sesquicentenario de surgimiento en la Tierra y las mismas nubes borrascosas lo amenazan de exterminio, por invigilancia de algunos de los que lo profesan… Es hora de estancarse al paso en la correría desenfrenada en busca de las ilusiones, a fin de hacer un análisis más profundo sobre la Doctrina Espírita y sus objetivos, saliéndose de las brillantes teorías hacia la práctica, la vivencia de las enseñanzas libertadoras. No es momento para escamotear la realidad, por el anhelo de conseguir, con rapidez, el estrellato final, como se dice con cierta mofa, en relación a los que disputan las glorias terrestres.

Menos competición y más cooperación, debe ser la preocupación de todos los espíritas sinceros, a fin de transferir la Doctrina hacia las futuras generaciones, conforme la recibieron del Codificador y de sus iluminados trabajadores de las primeras horas. Buenos espíritas, mis bien amados, sois todos obreros de la última hora, conforme proclamó el Espíritu protector Constantino, en El Evangelio Según el Espiritismo.

*

¡No lo olvidéis! Estáis comprometidos desde antes de la reencarnación, con el Espiritismo que ahora conocéis y os fascina la mente y el corazón. ¡Tened cuidado!

Evitad pervertirla con actitudes antagónicas a sus enseñanzas e imposiciones no compatibles con su cuerpo doctrinario. Retomad las bases y vividlas como lo hicieron Allan Kardec y todos aquellos que lo siguieron desde el primer momento, es deber de todo espírita que tuvo contacto con la Tercera Revelación judaico-cristiana porque el tiempo urge y esta es la hora, sin lugar para el campeonato de la insensatez.

Vianna de Carvalho y otros Espíritus.
Médium Divaldo Pereira Franco

* Capítulo XX – «Los trabajadores de última hora», item 2. Nota del Autor espiritual.

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.