Alergia y obsesión

alergiaQuien se consagra a los trabajos de socorro espiritual ha de convivir, por cierto, en que la obsesión es un proceso alérgico, afectando el equilibrio de la mente. Sabemos que la palabra “alergia” fue creada, en este siglo, por el médico vienés Von Pirquet, significando la reacción modificada en los hechos de la hipersensibilidad humana.

Semejante alteración puede ser provocada en el campo orgánico por los agentes más diversos, como sean los alimentos, el polvo doméstico, el polen de las plantas, los parásitos de la piel, del intestino y del aire, tanto como las bacterias que se multiplican en núcleos infecciosos. Las drogas largamente usadas, cuando están en asociación con factores proteicos, pueden suscitar igualmente la constitución de alérgenos alarmantes. Como vemos, los elementos de ese orden son exógenos o endógenos, esto es, proceden del medio externo o interno, reportándonos al mundo complejo del organismo.

La medicina moderna, analizando el engranaje del fenómeno, admite que la acción del anticuerpo sobre el antígeno, en la intimidad de la célula, libera una sustancia semejante a la histamina, vulgarmente llamada sustancia, que obrando sobre los vasos capilares, sobre las fibras y sobre la sangre, actúa desastrosamente, ocasionando varios desequilibrios, expresándose de forma particular, en la dermatitis atípica, en la dermatitis de contacto, en la rinitis espasmódica, en el asma, en el edema, en la urticaria, en la jaqueca y en la alergia sérica, digestiva, nerviosa o cardiovascular.

Evitando, sin embargo, cualquier exageración de la técnica científica y relegando a la medicina habitual el deber de asegurar los procesos inmunológicos de la integridad física, recordemos que las radiaciones mentales, que podemos clasificar de agente, en la mayoría de las veces se presentan, en la base de formación de la sustancia, desempeñando un papel importante en casi todas las perturbaciones neuropsíquicas y usando el cerebro como órgano de choque.

Todos nuestros pensamientos definidos por vibraciones, palabras o actos, arrojan de nosotros rayos específicos. Siendo así, es indispensable curar de nuestras propias actitudes, en la autodefensa y en el amparo a los semejantes, por cuanto la cólera y la irritación, la liviandad y la maledicencia, la crueldad y la calumnia, la irreflexión y la brutalidad, la tristeza y el desánimo, producen un elevado porcentaje de agentes, de naturaleza destructiva, en nosotros y en torno de nosotros, exógenos y endógenos, susceptibles de fijarnos, por tiempo indeterminado, en deplorables laberintos de desarmonía mental.

En muchas ocasiones, nuestra conducta puede ser nuestra enfermedad, tanto como nuestro comportamiento puede representar nuestra restauración y nuestra cura. Para sanar la obsesión en los otros o en nosotros mismos, es preciso reflexionar sobre los agentes que estamos emitiendo. El pensamiento es fuerza que determina, establecer, transforma, y edifica, destruye y reconstruye. En el, al influjo divino, reside la génesis de toda la Creación.

Respetemos, así, la dieta del Evangelio, procurando erguir un santuario de principios morales respetables para nuestras manifestaciones de cada día. Y, garantizándonos contra la alergia y la obsesión de cualquier procedencia, atendamos al sabio consejo de Pablo, el gran convertido, cuando advierte a los cristianos de la Iglesia de Filipos:

-¡No hagáis a los otros lo que no queráis para vosotros!

(Instrucción Psicografía, F C Xavier – 15 de julio de 1954 – por el Doctor Francisco de Menezes Días de la Cruz, médico y trabajador espírita, desencarnado en 1937, Presidente de la Federación Espírita Brasileña en el periodo de 1889 a 1895) Atma.

João Cabral

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