La envida

orsonpetercarraraLa envidia es el arma de los débiles. Matriz de innúmeros males, mentora de muchos desordenes, base de incontables desgracias.

Discreta, incómodamente, ha sido dejada al margen por los expositores de las verdades evangélicas en todas las creencias. Sutil como es, pasa desapercibida, aunque maliciosa, comparable al vapor deletéreo que intoxica todo aquel que padece su presencia, esparciendo miasmas al derredor.

Hábil, consigue transformarse en celos exacerbados, cuando no lo hace como arrogancia vengadora o aparenta en la condición de humildad, siempre perniciosa, o se disfraza como orgullo prepotente.

La envidia, más allá de los males psíquicos que produce, en razón de los pensamientos negativos que dirige contra otro, proporciona, simultáneamente, graves prejuicios morales que de ella contamina.La envidia es capaz de calumniar, arremetiendo contra una vida con unas frases ambiguas, en la cual consigue infamar al más puro carácter. Soez, transforma palabras e infiltra insultos perniciosos; ve lo que le place y realiza conforme le parece ganar.

Consecuentemente, el envidioso es un peso infeliz en la comunidad humana, porque débil moral; se adapta, se amolda, es venenoso en la adulación y terrible en la agresividad… El arma del envidioso es el odio desenfrenado, mortífero.

En la imposibilidad de valorar el trabajo que alguien hace, procura inspirar en muchos el despecho y el resentimiento, la rabia, la falta de reflexión, palabra ácida y la acusación mordaz, a fin de realizarme y afligir. Las lecciones de la convivencia, no obstante, mucho enseñan. Desprendimientos de unos, simplicidad de otros, confianza de muchos y no obstante la deficiencia que hay en cada uno, siempre menos que mis inmensas heridas de la envidia, es preciso aprender a respetar, ya que el envidioso no considera a nadie, padeciendo resentimiento de todos, a todos apedreando, maldiciendo…

El ejercicio es para querer estimar, conseguir amistad y plantar en el corazón lo que muchos llaman amor, pero que al ególatra constituye un fardo pesado, tenebroso, difícil de cargar. Si, el espíritu envidioso odia, persigue, porque, teniendo celos de la felicidad ajena, se corroe por la envidia a causa de la felicidad de los demás.

Los que presentan represión entre los hombres, los que cultivan complejos de inferioridad, en el fondo son Espíritus envidiosos, malévolos, insidiosos, infelices, pues solamente quien es desventurado se complace con la desventura ajena….

Por eso el ejercicio es practicar la generosidad, la difusión de la gentiliza, la ampliación de los horizontes inmensos de la caridad, porque las manos que esparcen rosas siempre quedaran impregnadas de perfume….

Como es dichoso ofrecerse rosas, mucho mejor seria quitarles, también, los espinos, como los cardos del camino por donde transitan incautos pies.

Nota del autor: adaptado del texto “La envidia”, constante del libro “Depoimentos Vivos” de Divaldo Pereira Franco, Ed. LEAL. Con transcripciones parciales.

Orson peter carrara
Traducido por Jacob

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