Al compañero de Cristo

vidLa cepa de vid es el emblema del trabajo del Creador, en ella se reúnen todos los principios materiales que mejor pueden representar el cuerpo y espíritu. La cepa es el cuerpo, el licor es el espíritu; y el espíritu unido a la materia, es el grano.

Hablarás con ternura a todos los que te ostentan el látigo de la hostilidad. Trae dentro de ti el ímpetu de la rebeldía y sientes el pecho encendido en la brasa de la indignación muestras la frente sudorosa, clavada por los espinos de la incomprensión, y tus lágrimas te revelan el fuego aflictivo que te consume por dentro.

Colocaron sobre tus hombros el símbolo del martirio en forma de obligaciones inaplazables y de innumerables responsabilidades. Sufres, pero comprendes que es preciso sufrir en la obra de renovación, notas tus manos trémulas de angustia, pero la angustia de tus manos trémulas no te impedirá escribir la página de consuelo y extender el socorro del medicamento.

Sientes tus labios crispados de amargura, pero la amargura de tus labios crispados no te robará la oportunidad de proferir la palabra de entendimiento y dulzura. Tienes la impresión de que no soportas, pero soportarás. trémulas, tus manos aun así bendecirán. Crispados, tus labios aun así hablaran en la caridad.

Serán muchos los que no te comprenderán la obra renovadora, te erguirán barreras de odio y celos, muralla de envidia y desconfianza, te desacreditarán ante otros, desdeñando tus cualidades y resaltando tus limitaciones, te surgirán en el camino los ociosos y los negligentes, dispuestos a colocarte obstáculos por la omisión y, entre ellos, muchos te llamarán soñador y visionario, entretanto, responderás a todos ellos con el amor de Jesús.

Comprenderás siempre, sin que para eso estés obligado a endosar el error y no desistirás nunca de la sinceridad en el bien, aunque para preservarla te sean necesarias mudanzas y actitudes incisivas, arriesgándote a quedar solo, solo o no, pensarás en los que deambulan por el mundo, afligidos y desdeñados, cuya única esperanza es la esperanza que tuvieres en tu propia autenticidad, pensarás en los desorientados y deprimidos, desajustados y despreciados, esperando por ti cuya única confianza es la confianza que tuvieres en ti mismo, pensarás en todos ellos con abnegación y cariño, a fin de que también aprendan a pensar en los otros con cariño y abnegación.

Y en las situaciones más aflictivas, cuando tu sufrimiento te impulse a esmorecer y cuando tu amargura te sofoque en sollozos, pensarás aún en ellos, sintiendo que Cristo estará a tu lado y Cristo, quien te compre las imperfecciones y el esfuerzo para superarlas, te acariciará la cabeza coronada por el rocío del sudor en el trabajo digno y como otrora, nuevamente te invitará con dulzura:

” ¡Ven conmigo; mi yugo es leve y suave !”

Espíritu Eurípedes Barsanulfo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba