Adverso y reverso

dolorsLa doctrina Espírita parte de una base, en que es imprescindible el estudio y el análisis, uno de sus principales objetivos. Dos y dos son cuatro y nunca sumarán ni tres ni cinco; un axioma que impide el paso a dogmas, misterios, milagros, contradicciones y absurdos. Y por tal razón me sacan de mis casillas, algunos demoledores programas televisivos, hablando de espiritismo, normalmente con un completo desconocimiento del tema, por parte de presentadores e invitados.

Con la más supina ignorancia o adrede, componen un indigesto potaje, en el que no falta la imprescindible figura del diablo, además de una increíble mezcla de historias alucinantes, supersticiones, y leyendas impactantes. Todo, menos el sentido común, la ciencia, la filosofía, la ética moral que destilan las obras de Allan Kardec, el insigne pedagogo y codificador del Espiritismo. Él ha legado a la humanidad, el incalculable valor de unos estudios realizados con el más estricto razonamiento, y en colaboración con Espíritus superiores.El mensaje está ahí, al alcance de todos.

El mundo espiritual convive con nosotros los humanos. Su influencia es considerable y muy diversa. El conocimiento de este hecho natural es importante, toda vez que es posible captar el estado de ánimo de un espíritu, el cual puede manifestarse con múltiples y variadas expresiones. Depende de la sensibilidad (mediumnidad) de cada persona que tales captaciones sean más o menos ostensibles. El problema cobra características preocupantes, cuando se tiene la sensación que «alguien» nos acompaña, y llegamos a escuchar con claridad voces que resuenan en nuestro cerebro. Este fenómeno es susceptible de varias interpretaciones, no obstante, al acudir a la consulta de un especialista, el diagnóstico suele ser, que se padece esquizofrenia, una palabra que impone no pocos miedos. Con respecto a la misma, el diccionario aclara: «Psicosis caracterizada por la ruptura de contacto con el mundo exterior».

Estimo, que en el caso de los sensitivos, no existe pérdida de contacto con el mundo exterior, sino una clara conexión con el plano espiritual. No conviene ignorar esta importante dualidad, por más que la mayoría de profesionales sigan afirmando: «El duelo patológico observa síntomas alucinatorios, como pretender ver al ser querido» Tengo constancia de varias excepciones, sobre todo si el paciente es conocedor del fenómeno que experimenta.

Como ejemplo cito el siguiente caso: La señora N. había perdido a su marido después de una larga y feliz convivencia. Hundida en profundo desconsuelo, abatida, presentaba preocupantes manifestaciones de excesiva ansiedad, las cuales curiosamente cesaron un día que, a plena luz, vio al llorado esposo que se le acercaba jovial y sonriente. El médico de N. aún comprobando el visible cambio favorable de su paciente, persistió en convencerla que estaba en un error, y que sólo había sufrido una alucinación. Pero ella tras esta consoladora prueba, mantuvo la certeza que la inmortalidad es una realidad. El recuerdo de la querida imagen le aportó seguridad y confianza en la continuidad de la vida en un más allá eterno. Serena, sosegada, consiguió prescindir, definitivamente, del psiquiatra, porque no estaba dispuesta a renunciar al alimento que su alma reclamaba.

Maria Dolores Figueras
Extraído del libro “EL cuaderno del abuelo”

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