Historia de la Era Apostólica (Siglo I) – Parte I

Jesus.templo“No podemos conocer al Jesús “real” a través de la investigación histórica, querer esto significa su realidad total o solo un cuadro biográfico razonablemente completo. Sin embargo, podemos conocer al “Jesús histórico”. Por Jesús de la historia, me refiero al Jesús que podemos “rescatar” y examinar utilizando los instrumentos científicos de la moderna investigación histórica”. (1)

El Dallas Theological Seminary (Texas, USA), en el mes de mayo de 1965, Harold W. Hoehner defendió su tesis de doctorado sobre la cronología de la Era Apostólica. Su trabajo contrariaba la tradicional y respetada posición de los eruditos de su tiempo, proponiendo una completa relectura de las fuentes históricas sobre el tema. Al establecer una nueva cronología para el primer siglo del Cristianismo, el autor apuntaba la necesidad de revisar todas las conclusiones de los estudiosos que lo antecedieron.

La tesis de Hoehner fue tímidamente acogida en los medios académicos, a punto de recibir el nombre de “cronología alternativa”. Actualmente, pues, varios investigadores han confirmado las proposiciones del profesor norteamericano, incorporando muchas de sus ideas.

Sorprendentemente, la lectura meticulosa de las novelas psicografiadas por Francisco Cándido Xavier revelo un hecho inusitado: las fechas establecidas por el Espíritu Emmanuel, en esas obras, eran frecuentemente idénticas a aquellas defendidas por Harold Hoehner. A la manera de ejemplo, podemos citar tres episodios de la vida del Cristo: su nacimiento (año 5 a.C), el inicio de su ministerio (año 30 d.C) y la crucifixión (año 33 d.C), todos ocurridos, según estos dos autores, en las fechas arriba especificadas. ¡Se ve que Jesús fue crucificado con treinta y ocho años! (2)

En la novela Pablo y Esteban, el Espíritu Emmanuel desarrollo un cuadro cronológico de las actividades apostólicas que se asemeja a aquella elaborada por el profesor de Texas. Un detalle, pues, salta a la vista: la novela fue psicografiada en el primer semestre de 1941 en la ciudad de Pedro Leopoldo (MG), al paso que la tesis fue defendida 24 años más tarde, en la famosa universidad de teología norteamericana.

La constatación de esos hechos nos lleva a profundas reflexiones sobre el carácter de la Revelación de los Espíritus, y, más específicamente, sobre el triple aspecto de la Doctrina Espirita. El Espiritismo es una Ciencia con identidad propia, ya que posee objeto de estudio propio (el mundo espiritual y sus relaciones con el mundo corpóreo) y método de pesquisa propia (mediumnidad).

En este sentido, son valiosas las consideraciones del Codificador al respecto del asunto: Así como la Ciencia propiamente dicha tiene por objetivo el estudio de las leyes del principio material, el objetivo especial del Espiritismo es el conocimiento de las leyes del principio espiritual. Ahora, como este último principio es una de las fuerzas de la Naturaleza, al reaccionar incesantemente sobre el principio material y recíprocamente, se sigue que el conocimiento de uno no puede estar completo sin el conocimiento del otro. El Espiritismo y la Ciencia se complementan recíprocamente (…). (3)

Esa relación de complementación entre la Ciencia y el Espiritismo puede ser vista como unión de esfuerzos con vistas al perfeccionamiento del saber humano, ya que posibilita un abordaje integral de los problemas, llevando en cuenta sus aspectos materiales y espirituales concomitantemente.

En el prologo de este articulo hay una citación del historiador John P. Meier, profesor en la Universidad Católica de Washington D.C, considerado uno de los más eminentes investigadores bíblicos de su generación. Al establecer los límites de la Ciencia y de la investigación humana, el advierte: “Por Jesús de la historia, me refiero al Jesús que podemos “rescatar “y examinar utilizando los instrumentos científicos de la moderna investigación histórica”

La actitud de cautela y humildad, expuesta por innúmeros científicos, como John Meier, han sido el trazo de la Ciencia pos-moderna, favoreciendo el dialogo con la Doctrina Espirita, que, a su vez, ofrece ayudas valiosas, inaccesibles a los “instrumentos científicos de la moderna investigación histórica”.

No se trata de sobrepujar la Ciencia, despreciar sus conclusiones, en una actitud mística incompatible con la fe raciocinada. El desafío es “complementar”, “unir”, “dialogar”, donde las dos partes están dispuestas a oír y hablar. Las palabras del Codificar, más una de una vez, lanzan inestimables luces sobre la cuestión en debate. La Ciencia y la Religión no pudieron, hasta hoy, entenderse, porque, encarando cada una las cosas desde su punto de vista exclusivo, recíprocamente se repelían. Faltaba con que llenar el vacío que las separaba, un trazo de unión que las acercase. Ese trazo de unión esta en conocimiento de las leyes que rigen el Universo espiritual y sus relaciones con el mundo corpóreo, leyes tan inmutables como las que rigen el movimiento de los astros y la existencia de los seres.

Una vez comprobadas por la experiencia esas relaciones, una nueva luz se hace: la fe se dirigió a la razón; esta nada encontró de ilógico en la fe: vencido fue el materialismo. Pero, en eso, como en todo, hay personas que se quedan atrás, hasta ser arrastradas por el movimiento general, que las aplasta, se intentan resistir, en vez de acompañar. (…) (4)

Siguiendo los pasos de Allan Kardec, Emmanuel y otros Benefactores del mundo espiritual, el presente artículo inaugura una nueva columna en la revista Reformador, titulada “Cristianismo Redivivo”. Nuestra propuesta es destacar la contribución ofrecida por la revelación espiritual en el aclarar los graves problemas relativos a la historia de Jesús, de sus seguidores directos y del Cristianismo, de modo general, con miras a la apropiación, con mayor seguridad y legitimidad, de la esencia de la Buena Nueva, base de todas las propuestas de renovación aportadas por la Doctrina Espirita. El esfuerzo no es nuevo. La tarea de unir investigación histórica y revelación espiritual puede ser encontrada en la obra A camino de la luz. De este libro monumental, destacamos dos fragmentos que sirven de baliza para nuestra iniciativa, al mismo tiempo en que definen los rumbos de nuestra búsqueda. No deberá ser este un trabajo histórico.

La historia del mundo esta compilada y hecha. Nuestra contribución será a la tesis religiosa, elucidando la influencia sagrada de la fe y el ascendiente espiritual, en el curso de todas las civilizaciones terrestres. (…) (5) Ese esfuerzo de síntesis será el de la fe reclamando su posición frente a la ciencia de los hombres, y ante las religiones de la separabilidad, como la brújula de la verdadera sabiduría. (6)

El Espíritu Emmanuel esclarece que no tiene la función de repetir el trabajo de los historiadores, siéndole esencialmente, revelar el ascendente espiritual de la evolución humana. Con esto, se entiende que la lectura de los historiadores, la unión de las informaciones por ellos ofrecidas con la revelación de los Espíritus, en fin, la investigación puramente humana, representa la parcela de trabajo que nos compete en esa tarea. Hechas estas consideraciones, convidamos al lector a iniciar una larga jornada por las sendas de las historia del Cristianismo, uniendo fe y razón, revelación mediúmnica e investigación histórica.

Dedicaremos innúmeros artículos para la construcción de la cronología del primer siglo del Cristianismo, utilizando, básicamente, la tesis de Harold W. Hoehner y la obra Pablo y Esteban. Paralelamente, aprovecharemos la oportunidad para abordar cuestiones históricas, geográficas, culturales y lingüísticas de análisis. En ese caso, será indispensable recorrer a la literatura especializada, relacionándola con el acervo mediúmnico de Francisco Cándido Xavier, como un todo.

Como nuestra propuesta es fomentar el diálogo entre Espiritismo y Ciencia, a veces será necesario esclarecer el estado actual de la investigación académica antes de cotejar los datos ofrecidos por la Espiritualidad Superior. Sin embargo, una advertencia se impone. No se trata de ofrecer todas las respuestas, ni de resolver todos los enigmas. A veces, tendremos que contentarnos con el perfeccionamiento de nuestras indagaciones. Al final de cuentas, saber preguntar es el primer paso para encontrar la verdad.

Más de una vez, es Emmanuel que viene en nuestro socorro. Más allá del túmulo, el Espíritu desencarnado no encuentra los milagros de la sabiduría, y las nuevas realidades del plano inmortal transciende a los cuadros del conocimiento contemporáneo, conservándose en una esfera casi inaccesible a los pensamientos humanos, escapando, pues, a nuestras posibilidades de exposición, frente a la ausencia de comparaciones analógicas, único medio de impresión en la tabla de valores restringidos de la mente humana. Más allá todavía, aun nos encontramos en un plano evolutivo, sin que podamos traer a vuestro círculo de aprendizaje las ultima ecuaciones, en ese o en aquel sector de investigación y de análisis. Es por esa razón que solamente podremos cooperar con vosotros sin la presunción de la última palabra. Considerada nuestra contribución en ese concepto indispensable de relatividad, buscaremos contribuir con nuestra modesta parcela de experiencia, sin detenernos en el examen técnico de las cuestiones científicas, o en el objeto de las polémicas de la Filosofía y de las religiones, abundantemente movidos en los bastidores de la opinión, para considerar solamente la luz espiritual que se irradia en todas las cosas y el ascendente místico de todas la actividades del espíritu humano dentro de su bendecida escuela terrestre, bajo la protección misericordiosa de Dios.(7)

Así, esta dado el primer paso de nuestra jornada de muchas millas. Que Dios nos bendiga los propósitos.

Haraldo Dutra Dias

(1) MEIER, John P. Un judío marginal: repensando el Jesús histórico. 3. ed. Rio de Janeiro: Imago, 1993. p. 35

(2) XAVIER, Francisco Cándido. Crónicas de mas allá del túmulo. Po el Espíritu Humberto de
Campos. 15. ed. Rio de Janeiro: FEB, 2007. Cap. 15, p. 90 (la fecha de nacimiento de Jesús será abordada con mayores detalles en futuros artículos de esta columna)

(3) KARDEC, Allan. El espiritismo en su simple expresión. Rio de Janeiro: FEB, 2006. Cap. III, ítem 16, p. 100

(4) KARDEC, Allan. El evangelio según el espiritismo. 126. ed. Rio de Janeiro: FEB, 2006. Cap. I, ítem 8, p. 61

(5) XAVIER, Francisco Cándido. A camino de la luz. Po el Espírito Emmanuel. 34. ed. Rio de Janeiro: FEB, 2006. “Antelóquio”, p. 11.

(6) Ídem, ibídem. “Introducción”, p. 13.

(7) XAVIER, Francisco Cándido. El consolador. Po el Espírito Emmanuel. 27. ed. Rio de Janeiro: FEB, 2007. “Definición”, p. 20.

Revista «Reformador» Junio 2007.
Traducido por Jacob

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