Psicología del liderazgo espírita

pires_herculanoEl líder Espirita es aun un campo de ensayo. La mayoría de los llamados líderes espiritas no tienen conocimiento de la Doctrina. Son, en general, médiums que se impusieron por sus facultades al respecto y la admiración de un grupo de adeptos.

Las condiciones necesarias al liderazgo en las actividades comunes, se adicionan a los factores mediúmnicos: videncia, intuición, capacidad de adoctrinamiento espirita y abnegación al prójimo, siguiendo el doctrinario de fuera de la caridad no hay salvación. A esas adiciones positivas se unen elementos negativos derivadas de sus condiciones individuales : Autosuficiencia, vanidad, autoritarismo, misticismo de tipo iglesiario, pretensiones culturales sin contenido, humildad aparente, hipocresía farisaica que se excede en demostraciones de pureza y amabilidad festiva. Equilibradas por las cualidades positivas ya referidas, esas anti-cualidades puramente sociales completan el equipaje del paternalismo que perturba a los adeptos desprevenidos.

El liderazgo Espirita es el cometido que el líder desempeña en el medio doctrinario, apoyado en el status social común. Este problema del Status es curioso, pero comprensible. No siendo el Espiritismo una religión organizada en forma de iglesia, pero si una doctrina libre que abarca todas las ramas del Conocimiento y tiene su parte religiosa como consecuencia de la científica y de la filosófica, no hay en el Espiritismo cargos ni funciones que puedan definir un status específico, como el del sacerdote.

El Líder espirita es labrador, operario, banquero, médico, empresario y así seguiríamos en adelante. Hay una relación natural entre el Status social del líder y su papel doctrinario, incluso porque el movimiento espirita es difuso, no forma una “isla” social, se difunde por todo los organismos de la sociedad.

La importancia del status social influye naturalmente en la importancia del papel doctrinario. Esta breve caracterización del liderazgo espirita ya nos ofrece indicaciones suficientes para un esbozo de la Psicología del liderazgo Espirita, que se presenta bastante compleja. No pretendemos hundir mas el problema, tan solo ponerlo en su lugar en función del objeto de este libro.

El Espiritismo, como hecho social y cultural, es un fenómeno aún reciente en el panorama sociológico y exige tiempo a fin de definirse en sus coordenadas evolutivas, en su estática y su dinámica social y particularmente en sus vectores, o sea, en sus elementos conductores de fuerzas y determinantes de situaciones específicas. La propia cualidad específica de las situaciones no es fácil de definirse ni caracterizar, pues la condición de espirita no implica distinciones raciales o sociales y ni incluso una posición sectaria explícita.

La universalidad potencial del Cristianismo se encuentra en fase de actualización en el Espiritismo, pero esa transición de la potencia al hecho depende de un lento y profundo proceso de culturización que, en verdad, consiste en la elaboración de una nueva cultura. Todo parece hecho, y, no obstante, todo está por hacer. Un mundo nuevo no surge de la nada, como en la alegoría del “hágase …”, pero de las raíces y de la savia del mundo que lo precedió. Lo antiguo y lo nuevo se mezclan generando una situación ambigua en que los individuos y los grupos espiritas se muestran profundamente diferenciados entre sí. No existe la homogeneidad precisa para las clasificaciones habituales.

La masa espirita no se destaca del cuadro general de la población y ésta la enfrenta desde una perspectiva plurivalente: los espiritas se le antojan al mismo tiempo benéficos y maléficos; ingenuos e vivaces; cultos e ignorantes, bondadosos y peligrosos, al servicio de Dios o del Diablo, criaturas de buena fe y de mala fe; racionales y fanáticos; y así sucesivamente.

Es la misma situación de los cristianos primitivos en el mundo antiguo, aunque parezca, actualmente, una situación nueva. En esa heterogeneidad socio-cultural el liderazgo espirita exige extrema versatilidad, lo que a su vez, aumenta sus dificultades y a la par genera desconfianzas. Combatidos, calumniados, perseguidos y ridiculizados por el clero de las religiones tradicionales , por las diversas órdenes espiritualistas, por las instituciones científicas ( particularmente por las instituciones médicas ) por la prensa, la radio y la Tv, explotados en su generosidad por embaucadores de todos los tipos, los espiritas desarrollan naturalmente su instinto de defensa ocultándose en la desconfianza.

No obstante, su obstinación en la buena fe derivada de los principios doctrinarios de fraternidad, tolerancia y amor al prójimo los vuelven víctimas frecuentes de engaños y mistificaciones. Esa ingenuidad espirita es lo que ameniza, con bastante frecuencia, las dificultades del liderazgo espirita. El recelo de hacer mal juicio del prójimo, de criticarlo injustamente, faltando a la tolerancia y a la caridad, lleva a individuos e instituciones a situaciones difíciles y embarazosas.

J Herculano Pires

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