Leyes del equilibrio

inmoralSegún el pensamiento de Joanna de Ângelis, en el proceso evolutivo del ser humano, es indispensable la maduración moral responsable de la superación de los instintos, de las sensaciones groseras y de los deseos inmediatistas.

Es todo un amplio desarrollo que se inicia en el íntimo de cada uno de nosotros, buscando la madurez afectiva y mental. Ambos son conquistados a través de la emoción equilibrada y del conocimiento que nos lleva a la comprensión de los valores existenciales. Este nivel, en su proceso de crecimiento moral, lleva al ser a ampliar la visión del mundo que lo rodea y sus perspectivas espirituales.

Cuando estamos en desequilibrio en el área de la emotividad, nuestro pensamiento es desordenado y huye de los principios que ya habíamos establecido para nuestras vidas. Ya el pensamiento ordenado es ampliado por el discernimiento y por el sentido moral, lo que nos lleva a una comprensión mayor de los verdaderos objetivos de nuestra existencia. Es muy importante esa comprensión cuando sufrimos.

La Doctrina Espirita nos ofrece recursos indiscutibles para la conquista de estos valores. Con el conocimiento espirita en torno del vivir y del sentir, la madurez apoyada en el código de la Ley Divina y la comprensión de nuestro destino, obramos con mayor seguridad en nuestra caminada en busca del perfeccionamiento moral. Así, vamos adquiriendo la madurez moral poco a poco, sedimentada en el amor que nos lleva a respetar los derechos ajenos, obrando con el prójimo como deseamos que sea con nosotros. Esa madurez moral es, por tanto, la llave de nuestra liberación espiritual, eximiéndonos de los efectos coercitivos de la hipocresía, del egoísmo, de la vanidad y del orgullo. Nuestro pensamiento se ajusta a la ley moral que nos dirige la vida.

Allan Kardec, analizando la justicia, fundamentada sobre la Ley Natural, en la cuestión 876, de El libro de los Espíritus, recibe de los Espíritus superiores la siguiente instrucción: Os ha dicho Cristo: “… como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Ha puesto Dios en el corazón del hombre la norma de toda auténtica justicia, por el deseo de cada cual ver respetados sus derechos. En la incertidumbre de lo que debe hacer respecto al prójimo en determinada circunstancia, pregúntese el hombre cómo querría que se procediese con él en ese caso; pues Dios no podía darle una guía más segura que su propia conciencia. (1)

Existen, según Joanna de Ângelis, dos sentidos morales: el convencional – que es el aceptado, oportunista, amoral o inmoral -, porque impuesto por las conveniencias de cada época, civilización y cultura – y el verdadero – que supera los límites ocasionales y sobrevuela legitimo en todas las épocas, como aquel determinado en el Decálogo y en el Sermón de la Montaña. (2)

En la historia de la Humanidad tenemos ejemplos marcantes del sentido moral verdadero, legitimado por los testimonios de sus defensores, como Moisés recibiendo las leyes morales del Decálogo que tiene vigor hasta nuestros días, orientando pueblos y civilizaciones en la búsqueda de un comportamiento ético más equilibrado. Insuperable en su autoridad moral, Jesús, posteriormente, cuando la Humanidad ya estaba más preparada para recibir su mensaje, transmitió, para todos los tiempos, el Sermón de la Montaña – código moral que establece el amor como fundamento de toda la ley, en la búsqueda del equilibrio y de la evolución humana.

El hombre moderno, intentando superar sus instintos y sus emociones desordenadas, busca la madurez social – vivir en armonía con su grupo. Cuando consigue este deseo, se torna más comprensivo, conciliador, y obra como un líder natural. Vive pacíficamente y proporciona alegría de vivir a todos los que están a su lado.

Joanna de Ângelis coloca al ser psicológico como aquel que ya supero las diversas etapas vividas en su proceso evolutivo. Pasa a ser útil socialmente, apto para una vida saludable y productiva en el bien. Ella así se expresa: El hombre maduro psicológicamente vive la ampliación infinita de las aspiraciones del bien, de lo bello, de lo verdadero y, vacío del ego, alcanza el súper-ego, siendo hombre integral, ideal, en el rumbo del infinito. (3)

Así, en su trayectoria de evolución, caminando rumbo a la perfección moral, el hombre enfrentara todas las luchas y obstáculos con el objetivo mayor que lo anima a superar el egoísmo, los vicios morales, el orgullo, moviéndose con libertad, pero optando por el idealismo superior dirigido por el amor. En la estructuración de este crecimiento, la educación moral es la viga maestra que la sostendrá en todos los momentos de dificultad, dándole ayuda para vencer los desafíos del camino.

Allan Kardec enfatiza, en diversos escritos de su autoría, la necesidad de esta educación para moldear los caracteres del ser humano. En la cuestión 658-a de El libro de los Espíritus comenta, al analizar el aspecto social de la vejez desamparada, que la ciencia económica, sin la educación, no encontrara el equilibrio entre producción y consumo: Hay un elemento, que no acostumbra pesarse en la balanza y sin el cual la ciencia económica no pasa de simple teoría. Ese elemento es la educación, no la educación moral. No nos referimos, pues, a la educación moral a través de los libros y si la que consiste en el arte de formar los caracteres, la que infunde hábitos, dado que la educación es el conjunto de los hábitos adquiridos. (…) (4)

En los momentos actuales, en que impera el desorden económico y social, no encontraremos las leyes del equilibrio buscando solo las soluciones técnicas y aquellas dictadas por los economistas y científicos sociales, amparados por las teorías de grandes financistas del mundo moderno. Estamos todos inseridos en el mismo proceso, sufriendo las mismas consecuencias morales de la miseria social, del oportunismo económico y de las dilapidaciones de los bienes de consumo.

Cada uno de nosotros podrá obrar con discernimiento y ayudar en la solución de tantos problemas, desde que hagamos nuestra parte, cultivando hábitos saludables de orden y previsión más allá de integrar el medio social donde vivimos, contribuyendo con nuestra parcela de honestidad y buen sentido.
Muchos dirán que es utopía. ¡Unos pocos idealistas no alteraran ese estado de cosas, ni el caos económico en que vivimos!… Pero podremos argumentar que cada uno deberá obrar según los dictámenes de la consciencia; y la unión de estos ideales hará con que nuevos adeptos se unan a nosotros en la búsqueda de la paz, de la seguridad y del orden social.

La educación moral es la solución a largo plazo para recuperar las generaciones que están llegando a nuestro planeta, a fin de que la renovación de sus habitantes se haga como nos instruyen los benefactores espirituales. La violencia urbana, la miseria moral y social, los abusos políticos y todas las perturbaciones que alcanzan nuestra sociedad serán contenidos a través de esta educación.

Afirma Allan Kardec: […] El desorden y la imprevisión son dos llagas que solo una educación bien atendida puede curar. Ese es el punto de partida, el elemento real del bienestar, la garantía de la seguridad de todos. (5)

Esos comentarios, hechos por el maestro Allan Kardec referente al problema social de los ancianos y desempleados, sirven para nuestros días y se encuadran en la preocupación que todos los hombres de buen sentido tienen en torno de la solución de los problemas sociales que nos afligen. Todos sabemos que solamente la educación, en su sentido más amplio, solucionara las dificultades que ahora enfrentamos. Entre tanto, poco están empeñados en usarlas como profilaxis de los graves trastornos que la crisis económica nos trae, carreando los conflictos sociales, la violencia y el desorden para nuestra sociedad.

Hay una excesiva preocupación con los problemas económicos y financieros en todo el mundo, colocando en segundo plano los problemas sociales y educacionales, cuando la solución de los primeros depende del perfeccionamiento intelectual y moral de todos los seres, para que podamos extirpar en definitiva de nuestro planeta el egoísmo y el orgullo – dificultando a esta conquista mayor en nuestra evolución espiritual.

Finalizando nuestras apreciaciones en torno de los problemas sociales, vamos a reflexionar, bajo la luz del Evangelio de Jesús, en las palabras de Emmanuel, cuando nos alerta:

Triunfarás en la realización de los elevados propósitos que te animen entre tanto, triunfarás para extender las manos a los vencidos a fin de que se rehagan y vengan igualmente a trabajar en la edificación del bien de todos; dispondrás de recursos que te garantizaran abundancia y consolación, sin embargo, sabrás dividirlos con los hermanos de retaguardia, aun incapaces de competir en el campo de la inteligencia, en la conquista de las ventajas que ya consigues disfrutar; te premiaran con los tesoros de la cultura, aunque, sabrás descender de la torre del conocimiento a que te subiste, de modo para enseñar el camino de la luz a los que se agitan en la sombras de la ignorancia; instalaras la alegría en la propia alma, sin embargo, encenderás la esperanza en el corazón de los infelices que comparten a marcha. (6)

Lucy Dias Ramos

Referencia:

(1) KARDEC, Allan. El libro de los Espíritus. Cuestión. 876.
(2) FRANCO, Divaldo, P. El ser consciente. Por el Espíritu Joanna de Ângelis. LEAL, 1993. p. 27.
(3) Ídem, ibidem.
(4) KARDEC, Allan. El libro de los Espíritus. Comentario de Kardec en la cuestión 685-a.
(5) Idem, Ibidem.
(6) XAVIER, Francisco C. Amigo. Por el Espíritu Emmanuel. p. 25-26.

Revista «Reformador»
Traducido por Jacob

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