El espiritismo refutando los errores del catolicismo romano

amaliaComparaciones

El Diario de Barcelona correspondiente al 17 de agosto de 1877, copia un artículo del The Standard y se comprende que al copiarlo, se hace solidario de las ideas del colega británico. El artículo en cuestión lleva por epígrafe: El mundo de los espíritus, con una llamada que dice: Home, Luz y Sombra del Espiritismo, 1877.

No es nuestro ánimo hablar sobre el citado libro espiritista porque no lo hemos leído, únicamente haremos algunas reflexiones sobre uno de los últimos párrafos, escrito en sentido crítico, que es digno de ser leído y comentado. Dice así:

“Practicados como él los practica (M. Home), estos artificios se convierten, (así quiere que lo creamos) en grandes y nobles servidores de la virtud y la religión, dignos de toda protección por parte de los filósofos y cristianos. Pero, a nuestro modo de ver ciertamente, según este libro lo atestigua, no existen términos hábiles para que ni cristianos ni filósofos les concedan ninguna clase de protección. Sean lo que quieren los fenómenos realizados delante de M. Home, o Serjeant Cox, explicables e inexplicables, lo que el sentido común reclama y tiene derecho de reclamar, antes de otorgar crédito a una “Monstruosidad como el Espiritismo”, es la respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué utilidad y ventajas pueden producir esas manifestaciones y maravillas? ¿Ha habido algún hombre que a causa de ellas se haya hecho mejor, más prudente o más veraz? ¿Se ha hecho algún descubrimiento; se ha realizado alguna predicción; se ha efectuado una mera curación; ha salido un rayo de luz de entre las tinieblas, que no haya podido con facilidad ser obra de un par de charlatanes o brujos de una sala de prestidigitación?” “A preguntas como estas no es posible replicar sino con una absoluta negativa, que de una vez y para siempre arroje toda el sistema al abismo de los frívolos y perversos engaños. Ni aprovecha al género humano en este mundo, ni ofrece provecho alguno en el otro. Por el contrario, la eternidad al otro lado de la tumba aparece espantosa”.

Este párrafo requiere no una contestación de nuestra débil pluma, sino las concluyentes argumentaciones de Allan Kardec que anticipadamente ha contestado a todas las escuelas que creyeran que el Espiritismo era una monstruosidad. Escuchemos lo que dice el maestro, entiéndase bien que le llamamos el maestro, no el pontífice, porque los espiritistas no le concedemos a nadie el pontificado en el sentido que a esa palabra le quieren dar. Después de Dios, no reconocemos más pontificado que el de la ciencia y la razón; y Allan Kardec era un hombre razonable por excelencia. Hablando del principio espiritual en su libro La Génesis (capítulo Xl, Génesis espiritual, Principio espiritual, N° 2, 3, 4, 7, 8 y 9) dice lo que sigue:

2.”El principio espiritual es el corolario de la existencia de Dios; sin este principio, no tendría Dios razón de ser, Porque no se concebiría el soberano poder ni la infinita inteligencia, reinando eternamente sobre la materia bruta, del mismo modo que no se comprendería un soberano terrestre, ejerciendo su reinado sobre las piedras. Y como no se puede comprender a Dios sin los atributos esenciales de la divinidad, entre los cuales descuellan la justicia y la bondad, éstos carecerían de objeto si sólo hubiesen de ejercitarse sobre la materia”.

3.Por otra parte, no podría concebirse un Dios justo y bueno en sumo grado, creando siempre seres inteligentes y sensibles para reducirlos a la nada después de algunos instantes de sufrimientos sin compensación; recreando su vista en esta sucesión indefinida de seres que nacen sin haberlo solicitado, que piensan un instante para no conocer más que el dolor, y que se disipan para siempre después de una existencia efímera”. “Sin la supervivencia del ser inteligente, los sufrimientos de la vida serían, de parte de Dios, una crueldad sin objeto. Por eso el materialismo y el ateísmo son corolarios recíprocos: negando la causa se niega el efecto, y negando el efecto no puede admitirse la causa. El materialismo es, pues, consecuente consigo mismo, ya que no lo es con la razón”.

4. “La idea de la perpetuidad del ser espiritual, es innata en el hombre; está en él como una intuición y una aspiración; comprende que en eso está la verdadera compensación de las miserias de la vida, y por lo mismo ha habido y habrá siempre más espiritualistas que materialistas, y más deístas que ateos”. “A la idea intuitiva y a la fuerza del razonamiento, añade el Espiritismo la sanción de los hechos, la prueba material de la existencia del ser espiritual, de su supervivencia, de su inmortalidad y de su individualidad; precisa y define lo que este pensamiento tenía de vago y de abstracto, y nos muestra al ser inteligente
en acción independiente de la materia, sea después, sea durante la vida del cuerpo”.

7.”Todos los espíritus tienen un mismo punto de partida, todos son creados simples e ignorantes con igual aptitud para progresar mediante su actividad individual, que todos han de alcanzar el grado de perfección compatible con la criatura por sus esfuerzos personales; que siendo todos hijos de un mismo padre, son objeto de igual cariño; que no hay ninguno más favorecido o mejor dotado que los otros, ni dispensado del trabajo impuesto a los demás para lograr su objeto”.

8.Al mismo tiempo que Dios ha creado mundos materiales de toda eternidad, ha creado de toda eternidad también seres espirituales, sin lo cual los mundos materiales no hubiesen tenido objeto. Se concebirían mejor los seres espirituales, sin los mundos materiales que éstos sin aquéllos. Son los mundos materiales los que deben suministrar a los seres espirituales elementos de actividad para el desarrollo de su inteligencia”.

9.”El progreso es la condición normal de los seres espirituales y la perfección relativa al objeto que deben alcanzar, mas habiendo creado Dios de toda eternidad y creando sin cesar espíritus, de toda eternidad también los ha de haber que hayan alcanzado el punto culminante de la escala”.

“Antes que la Tierra fuese, unos mundos habían sucedido a otros mundos, y cuando la Tierra salió del caos de los elementos, el espacio estaba poblado de seres espirituales en todos los grados de adelantamiento, desde, los que nacen a la vida, hasta los que de toda eternidad habían llegado a la categoría de espíritus puros vulgarmente llamados ángeles”.

Ahora preguntamos nosotros a las personas sensatas:

¿Qué monstruosidad encierran las líneas anteriores?
¿Dónde está esa eternidad espantosa?
¿En el progreso indefinido de los espíritus?
¿En esa vida infinita susceptible de todos los adelantos, y de todas las perfecciones?
¿Qué eleva más al espíritu?
¿La creencia en una fatalidad implacable, o en una casualidad, inconsciente, o la certeza de que ha sido creado para ser un sacerdote del progreso?
¿Las criaturas que nacen en una cárcel, o en un hospital, que pasan su infancia en un asilo, la juventud en el pillaje, la edad madura en un presidio y la vejez pidiendo una limosna, qué idea se formarán de Dios, no teniendo la más leve noción de la eternidad?

Si crean en su mente ese fantasma será para imprecarle, porque tienen derecho para decir:

¿Antes de nacer qué crimen cometí, para venir a ver la luz entre leprosos o entre criminales? En cambio, conociendo la monstruosidad del Espiritismo, se sabe muy bien que en Dios no hay injusticia, que somos, lo que hemos querido ser. Esto que a muchos seres nos mortifica muchísimo, de una manera extraordinaria, es quizás, y sin quizá, el tormento mayor que tiene el hombre. ¡Oh es horrible llegar a conocerse uno a sí mismo, porque siempre tratamos de decir: Me indujeron. Me aconsejaron. Me dominó la pasión. Pero con el Espiritismo no hay subterfugios que valgan. Uno se ve tal cual es; y no hay nada más triste que contemplarse uno a sí mismo. Esa humillación íntima es el infierno del hombre.

Hay algunas personas (las menos, desgraciadamente), cuya existencia tranquila, deslizada en el estricto cumplimiento de sus deberes, como por ejemplo la mujer que se casa joven y consagra su vida a su marido y a sus hijos, y crea una familia virtuosa, para esa mujer que no ha salido del santuario del hogar doméstico, no puede repugnarle su presente, ni asustarle su porvenir y debe sonreír ante su pasado, si recuerda las sabias palabras de San Agustín: “A cada uno según sus obras”.

Dicen qué utilidad y qué ventajas pueden producir las manifestaciones maravillosas de los espíritus. Producen la de fijar nuestra incierta atención, que no bastándole al hombre su propia razón, le hacen falta efectos de relumbrón: necesita mirar como los niños un juguete para conseguir que se esté quieto e hiriendo vivamente su imaginación, se despierta su curiosidad. Tanta es nuestra inferioridad moral, que necesitamos que empleen con nosotros los mismos medios que con los salvajes, que se les atrae enseñándoles baratijas; y a nosotros nos han hecho reparar los espíritus en la danza de las mesas, en los ruidos inusitados, en el movimiento de todos los muebles y otras mil manifestaciones sin consecuencia, para venir a decirnos al fin que la vida del hombre era infinita, que el criminal con el transcurso de los siglos sería un apóstol de Cristo y que éramos dueños de nuestro porvenir.

¿Quién diría que aquel fútil entretenimiento daría por resultado el que pusiéramos en práctica lo que hace tantos siglos nos aconsejó el filósofo diciéndonos: Conócete a ti mismo? Dicen que si a causa de las demostraciones espirituales, ha habido algún hombre que se haya hecho mejor, más prudente, y más veraz, nuestros contrarios dicen que ninguno. ¡Asegurar es ….!

En cambio nosotros podemos afirmar, que centenares y millones de hombres han mejorado sus costumbres: no convirtiéndose en santos ni en fanáticos, haciendo ridiculeces y confesiones declamatorias, no; pero sí mejorando su proceder en el silencio y en la oscuridad, en el seno de la familia, en la intimidad del hogar, allí hemos visto abrirse lentamente la modesta violeta de la virtud, y la tierna sensitiva del amor. Quizá por un misterio que nuestra inteligencia no comprende, los hombres llamados a figurar en el Espiritismo (y en todas las grandes escuelas filosóficas) no reúnen algunos de ellos, todas las condiciones apetecibles de la perfección relativa a este planeta; difunden la luz, y suelen vivir ellos a oscuras, efecto sin duda del gran desnivel que existe entre su adelanto intelectual y su comprensión moral. Más, por esto, el ideal no se pierde.

¿Qué es un hombre? ¿Qué son centenares de criaturas? ¿Qué es, en fin, una generación entera para derribar una filosofía basada en la razón y en la moral más pura? Menos que una gota de rocío luchando con el océano.

Además que el Espiritismo no pretende santificar a la humanidad, únicamente desea presentarle al hombre la prueba irrecusable de la eternidad de su vida, y necio fuera creer que criminales endurecidos, como somos nosotros (que así lo atestigua nuestra estancia en la Tierra), nos pudiéramos regenerar en un segundo; lo único que se puede conseguir en el breve plazo de una existencia, aunque ésta dure un siglo, es modificarse, perder un poco nuestro orgullo íntimo, y mirar con noble envidia, no a los ricos, ni a los potentados de la Tierra, sino a los humildes, a esa caterva de seres que viven oscurecidos practicando en el rincón de su casa las más grandes virtudes. Si contemplando a una mujer del pueblo, admirando su laboriosidad, su sensatez y su gran corazón, murmuramos con melancolía, ¡quién fuera como ella! ya hemos dado un paso, reconociendo nuestra inferioridad.

El Espiritismo si no consigue hacernos practicar la virtud, nos manifiesta claramente que sólo el bien, produce el bien. ¿Y se cree que esto no es una ventaja positiva, de resultados altamente trascendentales? Viviendo el hombre en la profunda convicción, que él es árbitro de su destino, si había de cometer cien crímenes, evitará llevar a cabo cincuenta y los restantes que cometa despertarán en él grandes remordimientos, y más vale algo que nada. Dicen que si se ha realizado alguna predicción hecha por los espíritus.

Téngase muy en cuenta que la misión del Espiritismo no es darnos augures, ni oráculos, ni sibilas; por consiguiente no necesita cumplirse ninguna predicción, porque los espíritus no se entretienen hoy por hoy, en decirnos la buenaventura, únicamente nos aconsejan que seamos buenos. Siempre nos dicen lo mismo porque es lo que realmente nos hace más falta; buenos consejos para salir de este círculo de hierro que nuestro triste ayer nos ha trazado. Dicen que por el Espiritismo no se ha efectuado ni una mera curación. ¡Decir es! cuando el Espiritismo le ha servido de poderoso aliado al magnetismo, y se ha estudiado la ley de los fluidos con notable aprovechamiento, con verdadero conocimiento de causa, y el charlatanismo tiene que doblar su cabeza ante la irrefutable verdad de los hechos. Veamos lo que sobre el fluido universal nos dice Allan Kardec, en su libro La Génesis (capítulo XIV, Los fluidos, Explicación de algunos hechos tenidos por sobrenaturales, 31, 32, 33 y 34):

31.”El fluido universal es como se ha visto, el elemento primitivo del cuerpo carnal y del periespíritu, los cuales no son sino transformaciones del mismo. Este fluido por la identidad de su naturaleza, puede suministrar al cuerpo los elementos reparadores de que tenga necesidad. Estando condensado en el periespíritu, el agente propulsor en el espíritu encarnado o no, que infiltra en un cuerpo deteriorado una parte de la sustancia de su envoltura fluídica. La curación se verifica por la sustitución de una molécula sana por otra enferma. La potencia curativa será, pues, proporcional a la pureza de la sustancia inoculada; depende además de la energía de la voluntad que provoca una emisión fluídica más abundante y da a1flui o mayor agudeza o fuerza de penetración, y en fin, de las intenciones que animan al que desea curar, sea hombre o espíritu. Los fluidos que emanan de una fuente impura, son como sustancias medicinales alteradas”.

32.”Los efectos de la acción fluidica sobre los enfermos son extremadamente variados según las circunstancias: esta acción es a veces lenta y reclama un tratamiento sostenido, como es el magnetismo ordinario; otras es rápida, como una corriente eléctrica. Hay personas dotadas de un poder tal, que obtienen en ciertos enfermos curaciones instantáneas con sólo imponerles las manos y aún por el solo acto de la voluntad. Entre los dos extremos de esta facultad hay matices variados hasta el infinito”. “Todas las curaciones de este género son variedades del magnetismo y no se en diferencian sino por la potencia y la prontitud de la acción. El principio es constantemente el mismo; es el fluido que representa el papel de agente terapéutico, y cuyo efecto está subordinado a su cualidad y circunstancias especiales”.

33.”La acción magnética puede producirse de varias maneras:

1º Por el fluido mismo del magnetizador, en este caso, es el magnetismo propiamente dicho, o sea magnetismo humano, cuya acción está subordinada a la potencia y sobre todo a la calidad del fluido.

2° Por el fluido de los espíritus que obra directamente y sin intermediarios sobre un encarnado, ya para calmar o curar un padecimiento, ya para provocar el sueño sonambúlico espontáneo, ya para ejercer sobre el individuo una influencia física o moral cualquiera. Este es el magnetismo espiritual, cuya calidad está en relación con las cualidades del espíritu.

3° Por el fluido que los espíritus emiten sobre el magnetizador al cual éste sirve de conductor. Este es el magnetismo mixto semiespiritual o si se quiere humano-espiritual. El fluido espiritual, combinado con el fluido humano, da a este último las cualidades que le faltan. El concurso de los espíritus en tal caso, es a veces espontáneo, pero las más de las veces es provocado por la evocación o llamamiento del magnetizador”.

34. “La facultad de curar por el influjo fluídico es muy común y puede desarrollarse por el ejercicio; pero la de curar instantáneamente por la imposición de las manos es más rara, y su apogeo puede considerarse como excepcional; no obstante, se han visto en diversas épocas y en casi todos los pueblos, individuos que la han poseído en grado eminente. En estos últimos tiempos se han visto varios ejemplos notables cuya autenticidad es incuestionable. Puesto que esta clase de curaciones tienen por fundamento un principio natural y que el poder de hacerlas no es un privilegio, es que no salen de las leyes naturales y no tienen nada de milagrosas, sino en la apariencia”.

Ciertamente que existen estos médiums poderosos, hemos tenido la fortuna de conocer a varios, entre ellos a uno cuya voluntad convertida en potencia, ha dado la salud instantáneamente a muchos enfermos, sin que por esto creamos que el tal médium sea un santo bajado del cielo.

Nosotros no le damos a nada ni a nadie un tinte mágico ni un carácter milagroso: aceptamos todos los efectos como sencillas demostraciones de las leyes naturales, y es indisputable que el Espiritismo con sus manifestaciones ha hecho pensar a muchos en lo que nunca habían pensado, y han desarrollado condiciones que ellos ignoraban. Que esto haya dado lugar a supercherías y engaños, no implica nada en contra del Espiritismo, que como dice Allan Kardec sobre los caracteres de los milagros: De que el Espiritismo admita los efectos que son consecuencia de la existencia del alma, no se deduce que acepte todos los efectos calificados como maravillosos, ni que trate de justificarlos y acreditarlos; que se haga campeón de todos los soñadores, de todas las utopías, de todas las excentricidades sistemáticas, de todos los romances y leyendas milagrosas. Es preciso conocerle poco para juzgarlo así.

Sus adversarios creen oponerle algún argumento irrefutable, cuando después de haber hecho muy eruditas investigaciones sobre los convulsionarios de Saint Medard, los Camisardos de las Cévennes, o las religiosas de Loundun, han llegado a descubrir en ellos hechos evidentes de superchería e impostura que nada niega.

Pero, ¿son acaso esas historias el Evangelio del Espiritismo? ¿Han negado acaso sus partidarios que el charlatanismo ha explotado ciertos hechos; que la imaginación ha fraguado otros y que el fanatismo ha exagerado mucho? El Espiritismo no es solidario de las extravagancias que pueden cometerse en su nombre, como la verdadera ciencia no lo es de los abusos de la ignorancia, ni la verdadera religión de los excesos del fanatismo. Muchos críticos juzgan al Espiritismo por los cuentos fantásticos y las leyendas populares, que son puras y simplemente novelas imaginarias; pero esto es lo mismo que juzgar la historia por los dramas y novelas que se dicen históricos.

Dicen, por último, ¿que si ha salido un rayo de luz de entre las tinieblas que no haya podido con facilidad ser obra de un par de charlatanes? No ha salido un rayo de luz; han aparecido mil y mil soles, innumerables sistemas planetarios, porque todas las grandes cosas tienen humildes principios, y de los visionarios que se han entretenido en ver danzar las mesas, han salido esos locos sublimes, esos genios que el mundo llama sabios, esas lumbreras de la ciencia y del sentimiento, esos apóstoles de la razón, esos profundos deístas llamados Allan Kardec, Pezzani, Flammarion, Víctor Hugo y tantos y tantos hombres ilustres cuyos nombres sería prolijo enumerar. Es inútil que se quieran oponer al eterno adelanto del titán de los siglos. El progreso avanzará siempre, porque su destino es avanzar, y el Espiritismo es la síntesis del progreso, porque aspira a la regeneración de la humanidad. Su lema es hacia Dios por la caridad y la ciencia. Decía Hippel que la imaginación es el pulmón del alma y nosotros decimos que el Espiritismo es el pulmón de la eternidad.

Amalia Domingo Soler

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.