El cerebro, ese desconocido

instintoEl cerebro, para ciertos científicos principal órgano constitutivo de la inteligencia, o agente determinante en la transmisión del impulso nervioso para otros, todos están de acuerdo en reconocer que esta materia cerebral aún está lejos de haber revelado el conjunto de sus facultades.

La complejidad de su constitución, el papel de las circunvoluciones, la interacción del sistema nervioso y de la célula física (la neurona, las zonas relacionadas con el lenguaje, la memoria, las funciones orgánicas del cuerpo entero), son objeto de incesantes investigaciones que empujan cada vez más lejos los límites de este fabuloso órgano.

Raymond Houdart, miembro de la Academia Nacional de Medicina y neurocirujano, ha escrito varias obras de neurología y numerosos artículos sobre neurología y neurocirugía. En su libro, “El cerebro de la hominización, del primate al hombre”, analiza los descubrimientos de los paleontólogos que permiten entrever una visión cierta de la evolución de los primates y de la hominización que se ha desarrollado en unos 4 ó 5 millones de años. Las causas de esta evolución, y el nacimiento del lenguaje, del pensamiento y de la conciencia, siguen siendo para muchos científicos y filósofos, una fuente de interrogantes, pero todos están de acuerdo en decir que el cerebro del hombre está en el centro de la hominización.

En un tiempo relativamente corto, menos de 4 millones de años, el cerebro no sólo triplicó su volumen, sino que se transformó en una estructura infinitamente compleja a partir de la cual se desarrolló la destreza manual, el lenguaje, el pensamiento y la conciencia. Generalmente se describe el cuerpo humano como una serie de órganos, siendo el cerebro sólo uno de ellos. Pero no es posible comparar o poner en un mismo plano, al corazón que es sólo una bomba, al pulmón que es sólo un fuelle, al riñón que es sólo un filtro o al intestino que es sólo un tubo, y a este prodigioso sistema cerebral que es el honor y la altivez del hombre. Un día vendrá, y probablemente no esté muy lejano, en que será posible sustituir cada uno de estos órganos por una máquina, cuando esté defectuoso. Pero el cerebro, es imposible por siempre. Para convencerse, basta con imaginar lo que debería reunir la fabricación de un aparato capaz de percibir, analizar y comprender, de actuar y perfeccionar su acción, de juzgar, imaginar y crear, de prever y decidir, de comunicar, aprender y transmitir su saber, y al mismo tiempo, experimentar alegría o tristeza, amor u odio, y estar consciente de todo eso, ubicando esa conciencia instantánea con respecto al pasado y en previsión del futuro… Esas son las facultades desarrolladas y perfeccionadas durante esta hominización. Son ellas las que incontestablemente hacen del cerebro del hombre una de las maravillas de la creación.

Siendo Raymond Houdart un especialista del cerebro, su práctica y la enseñanza de la neurología y la neurocirugía le autorizan, al término de una larga carrera, a aportar su contribución a la comprensión de esta evolución. Él defiende una nueva visión de la evolución humana poniendo al cerebro en el centro de su reflexión. Sin embargo, es innegable que el cerebro sigue siendo un órgano, complejo, por supuesto, pero resultado de una disposición molecular particular en la misma forma que los diversos componentes del cuerpo humano. En términos de enfoque espiritualista, le falta a esta investigación la noción de causa a efecto. Resumir al hombre a este aspecto químico no permite comprender cómo y por qué el individuo desarrolla su existencia social, su actitud creativa, su búsqueda de bienestar, constantes que lo impulsan a actuar para alcanzar sus fines. Si bien la investigación en este campo aporta avances para tratar las enfermedades cerebrales, el fantasma del trasplante no podría reproducir una personalidad. Por eso, el enfoque espírita lleva a considerar al hombre no ya como un aglomerado celular, sino como un ser espiritual que, aguas arriba de la materia, transporta su historia a través del cuerpo periespiritual. El cerebro se desarrolla así y evoluciona dentro de esta interacción entre la historia palingenésica y la genética actual del ser humano, que vive y aprende a utilizar su inteligencia y sus sentimientos.

Como complemento de esta idea, he aquí las palabras de un espíritu recibidas en sesión espírita: “El mundo de la biología enseña que la materia cerebral es el agente esencial de la manifestación de la conciencia y apruebo completamente esta definición, una definición limitada, sin embargo, y relativa a la historia de una medicina bajo el poder materialista. Hubo un tiempo, en el siglo XIX, en que los médicos e investigadores afirmaban entonces que el cerebro podía subdividirse en varias zonas, zonas correspondientes a las facultades inherentes a vuestro espíritu y a vuestro pensamiento. Es así como fueron localizadas, una tras otra, la zona de la memoria, la zona del sentimiento, la zona de la moral, la zona del dolor y así sucesivamente. Nosotros no aceptamos ese esquema y estamos preocupados al ver esta misma idea tomar de nuevo forma, fuerza y vigor en la ciencia contemporánea de los hombres.

No hace falta localizar las manifestaciones del pensamiento en el interior de la materia cerebral. Sin embargo, la materia cerebral es un agente bioquímico que interviene en lo más alto de la manifestación de vuestra reflexión. La materia cerebral es la prueba de la existencia del espíritu por cuanto ella responde a los impulsos de vuestra voluntad consciente o subconsciente. Pero el espíritu no es la materia, el pensamiento no es el cerebro, y querer limitar el espíritu a esta forma de materia contenida en vuestra bóveda craneana, es por supuesto un error fundamental. No obstante hace falta trabajar en la higiene de su agente de pensamientos. No obstante hace falta trabajar en el mantenimiento de la materia cerebral, en lo cual la medicina materialista no puede participar verdaderamente, por lo que estamos fundamentalmente contra el electrochoque o la trepanación pues, vosotros lo sabéis, alcanzar el efecto nunca ha querido decir alcanzar la causa, y lo que es cierto para la totalidad de un cuerpo también es cierto para la naturaleza de su órgano esencial, el cerebro.

El cerebro, agente de vuestra conciencia es, por consiguiente, dependiente de vuestra conciencia y dependiente de vuestra evolución. Esa es la razón por la que este cerebro presenta un aspecto diferente según la naturaleza del espíritu que lo habita, a nivel de sus repliegues, es decir de sus circunvoluciones visibles por radiografía ultracraneana. Las circunvoluciones de la materia cerebral son el resultado de vuestras vidas anteriores y el resultado de vuestra manera de pensar, de vuestro modo de pensar, de vuestras naturalezas intrínsecas, de vuestras naturalezas verdaderas, de vuestras naturalezas fundamentales. Las circunvoluciones de la materia cerebral contienen ya la génesis de vuestra historia, la verdad de vuestra naturaleza. La materia cerebral tiene necesidad fundamental del oligoelemento, la materia cerebral tiene necesidad fundamental de una respiración sana, es decir de una buena oxigenación. Representada por los miles de millones de células llamadas neuronas, esta misma materia necesita mantenimiento y tenéis el deber de mantenerla so pena de conocer en vuestro porvenir carnal lo que familiarmente se llama senilidad.

El espíritu parece no manifestarse más, el espíritu parece expresarse de modo desordenado y anárquico, el espíritu parece haber perdido toda medida de espacio y de tiempo. Ya no está en relación con el mundo real, con el mundo puntual, ya no está presente en el mundo físico. Pues el espíritu no ha protegido su materia, pues el espíritu no ha pensado un solo instante en la higiene de su materia cerebral. El cerebro, agente esencial de vuestra manifestación inteligente y sentimental debe, por consiguiente, merecer su mantenimiento, como un músculo, como un nervio como un hueso. Es por eso que esta tarde vengo a invitaros al mantenimiento de la materia cerebral de la que no hay que olvidar nunca que es el principal agente de vuestra manifestación intelectual en vuestra encarnación. Entonces es posible evitar las lagunas de memoria o la ausencia de reflejos, entonces es posible evitar el envejecimiento progresivo de una naturaleza cerebral en pro de una manifestación siempre igual de la conciencia humana encarnada en la materia. Se imponen soluciones vegetales, en base al oligoelemento. Ellas os serán dadas perfectamente. Pero en este mensaje es preciso retener sobre todo la estrecha relación entre el espíritu y la biología donde se encarna.

La diferencia entre el espírita, entre el espiritualista y el materialista, consiste justamente en querer manifestar su conciencia fuera de toda forma física y de toda forma material pues, desde luego, el materialista limita el espíritu a los cambios bioquímicos de vuestras naturalezas cerebrales. El biólogo acepta la actividad eléctrica de las neuronas, el biólogo acepta la actividad física de los intercambios a nivel de vuestras células, pero no acepta la presencia subjetiva, pero no acepta la presencia trascendente, pero no acepta la presencia abstracta, invisible de vuestro amor y de vuestra inteligencia. Por intermedio de la energía periespiritual, toda célula del espacio perteneciente a vuestra energía periespiritual se integra a toda célula cerebral, es decir por miles de millones. Sin esta integración, no hay manifestación posible a nivel de vuestro cuerpo, a nivel de vuestra totalidad física, a nivel de vuestro conjunto y de vuestra unidad. Pero no es cierto que el espíritu existe en el cuerpo como un objeto dentro de una caja, pero es cierto que el espíritu vive en el cuerpo, a causa de su agente físico y por su agente físico que es el cerebro. Pero también es cierto que la envoltura periespiritual, integrada a esa misma naturaleza cerebral, es una envoltura que se imprime, que se incrusta y que se manifiesta para poderle permitir a vuestra verdadera naturaleza, es decir a vuestra conciencia espiritual, que se manifieste en el mundo físico.

Es pues tiempo para vosotros de saber que el mantenimiento cerebral es el mantenimiento de los mantenimientos, es decir la higiene de las higienes, la medicina de las medicinas que gobierna la totalidad de vuestros órganos. Sois de alguna manera los ministros de un gobierno que lleva por nombre cerebro, y debéis administrar bien vuestro ministerio. Sin la espiritualidad y sin los agentes exteriores y naturales para el mantenimiento de vuestra materia cerebral, el equilibrio se rompe automáticamente. Comprender que estáis en un cuerpo, comprender que sois los responsables de ese cuerpo, saber que podéis modificar la estructura de vuestras respectivas materias cerebrales, nos conduce a extraordinarias consecuencias y digo con certeza y sin audacia que mañana el hombre, consciente de su espiritualidad, podrá encontrar en una automedicación espiritual la fuente de su fuerza para curar su tumor cerebral, para hacerlo desaparecer. Para curar el conjunto de las enfermedades llamadas nerviosas cuya fuente corresponde a una zona de vuestra materia cerebral y digo que al conocer vuestro cerebro os haréis cada vez más los dueños de vuestros cuerpos”.

El porvenir de la ciencia pasa y pasará ineluctablemente por la reflexión filosófica y la idea de la supervivencia del espíritu al cuerpo. La muerte de las neuronas no significa, ni mucho menos, la muerte del ser pensante. La maravilla de la naturaleza en la representación orgánica así descrita por la constitución del cerebro, implica necesariamente plantearse la pregunta de la existencia de Dios como fuerza creadora e impulsora de la vida.

Igor Manouchian

Revista » Le journal Spirite»

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