Una pequeña flor

hormiga– Soy una pequeña flor flotando a la deriva en un río de abundantes aguas, despojada de las ramas que me protegían; ahora me encuentro desolada, triste y perdida. ¿Dónde me llevará la corriente de este río con sus aguas bravías?

La flor, arrastrada río abajo, va espantada; sus pétalos arrancándoselos por los azotes del agua que la van arrastrando de un lado para el otro; su esperanza se quedó atrás, en la orilla donde ella nació y creció. Ella sigue aguantado los golpes de la corriente; ya ha perdido toda esperanza, se está quedando desnuda de sus hojas; ya no le quedan casi fuerzas y su muerte se le aproxima. De pronto siente una vocecilla pidiéndole ayuda:

– ¡No permitas que este maldito río te deshoje del todo y ya no puedas protegerme con tus hojas!

Ella, al oír esos gritos, pregunta:

– ¿Quién eres?

– Yo soy una hormiguita que se encontraba contigo protegida bajo tus pétalos cuando el viento te arrancó de tu tallo cayendo al río, arrastrándome contigo; tengo miedo de ahogarme, ayúdame.

La flor, esa flor que se dejaba llevar por la corriente de ese maldito río, la que ya no le importaba morir, la que ya no luchaba porque estaba cansada de luchar contra corriente, le dijo a la hormiguita:

– No te preocupes hormiguita, yo te ayudaré a salir de aquí, agárrate a los pocos pétalos que me quedan y te llevaré hasta la orilla, confía en mi……..

La pequeña flor miró al cielo y dijo:

– Señor, sé que yo no soy nada, solo soy una diminuta flor, si tú me escucharas…. ¿Pero quién soy yo?, ¡soy tan poquita cosa! ¡solo soy una flor!…, pero quiero que salves a esta hormiguita que llevo encima de mi.

Y entonces, en ese mismo momento, la corriente bravía se fue calmando, y la pequeña flor fue arrastrada con mucha suavidad hacia la orilla. Cuando la hormiguita pisó la orilla y se vio a salvo, le dijo a la flor:

– Gracias por salvarme pequeña flor, yo sabía que tú mes salvarías…..

Y la flor le contestó:

– Yo no te he salvado, ha sido la mano de Dios, Él fue el que te trajo a la orilla, yo solo serví para que no te hundieras.

Esta pequeña historia es para darnos cuenta de que nuestro Padre, ve a todos sus hijos, y nos escucha, porque todos los que somos creados por Él estamos protegidos y jamás olvidados, ni siquiera una hormiga, ni una simple flor.

Mari Carmen.

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