Soñando con un hogar

ChicoAkardecChico es muy estimado por todos en Pedro Leopoldo. Todos le quieren bien, hombres, mujeres y niños.

Un grupo de señoras comentaba la soltería de Chico, cuando el pasaba. Y una de ellas:

-Hablábamos cosas buenas de usted, Chico. Que debería de casarse, tener una compañera, un hogar, vivir así directamente para alguien…

-Les agradezco mucho, pero, hermanas mías, cada uno tiene la misión que pidió.

Las abrazo satisfecho y partió. Y fue pensando en lo que le dijeron las queridas hermanas.

A la noche, a solas, en su cuarto, le vino el recuerdo, de nuevo, aquel asunto del casamiento. Entrando en coloquio con su consciencia, entendió que era de hecho, muy infeliz. Escribió una carta a su gran amigo Manoel Quintão y en ella exteriorizo su estado de alma desanimada. Era el, terminaba, como un árbol seco, de ramas débiles, sin nidos, sin flores, sin frutos. Y se durmió.

Soñó un lindo sueño. Alguien con quien conversaba, ciertamente inspirado por su querido Guía, le explicaba:

-Chico, sabes entender bien la lección del perfume en el vaso. Mientras ahí está, apenas beneficia al vidrio que lo retiene. Fuera del vidrio, perfuma a todo y a todos. Chico, procura vivir no solo para una persona, sino para muchas. Y en la terea, con Jesús, no te pertenecerás porque estarás a su servicio. Recuerda que el perfume del Evangelio pertenece a todos.
Y Chico se despertó más alegre. Quedo satisfecho con su tarea; solo, no pudo creer que era perfume… Pero su hermana Geralda, a quien conocimos en Belo Horizonte, justificando los elogios que le hacíamos al hermano, nos dijo:

-No, el no es solo nuestro hermano. Fue, ha sido y es: – nuestra Madre.

Lindos casos de Chico Xavier

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