Obsesión pandemica

ManoelFilomenodeMirandaEn la actualidad socio-moral del planeta terrestre, dos fenómenos en torno a las relaciones humanas se señalan de manera expresiva: la colectividad y el individualismo. En el primer caso, conforme señalan diversos estudiosos de la conducta, hay una necesidad de realizaciones colectivas, en las cuales el individuo pierde su identidad, consumido por las aspiraciones y sentimientos del mismo grupo actuante.

Su capacidad de decidir y de opinar es asfixiada en la avalancha de la opinión general, eliminando la posibilidad de profundizar mejor la investigación en torno de las cuestiones presentadas, facilitando su divulgación apresada, no pocas veces insensata….

Se asumen idénticas posturas, se laboran con semejantes objetivos y las extravagancias se sobreponen a los nobles proyectos del idealismo saludable, siguiéndose la onda dominadora del todo igual. Rápidamente las novedades toman cuerpo y son divulgadas, igualando los comportamientos y los hábitos sociales, lamentablemente, en sus expresiones menos elevadas, son más cómodas y agradables.

La globalización social estandariza lo que es cierto y programa dentro de sus esquemas de intereses poco digno lo conveniente y seductor, anestesiando las mentes soñadoras e independientes que terminan por ser vencidas frente al volumen de la masa que triunfa y por el barullo de las voces en desaliño…

Desaparece el espacio para la iluminación personal, la introversión edificante y el análisis de la situación delante de los acontecimientos que se suceden rápidamente. Se tiene la impresión de que el vivir y el gozar son esenciales y que, más tarde, todo se sumergirá en el caos…

Los hábitos saludables, la ciudadanía, lo ético son nivelados al espurio y a lo vulgar por los multiplicadores de la opinión, por los líderes de audiencia en los vehículos de comunicación de masa, en la insensatez y en la alucinación de los sentidos. Son presentados como legítimos los comportamientos anteriormente poseídos como alienantes, pero que, de súbito, ganan prestigio, porque propuestos por personalidades famosas que alcanzaron el destaque por medios poco recomendables.

Las conquistas colectivas igualan ejecutivos y trabajadores, políticos y artistas, comerciantes y juristas en patrones extraños, que son aceptados, de forma para no diferenciarse, en cuyos grupos son exaltados el egoísmo, el inmediatismo, el poder de cualquier manera, licito o deshonestamente. Es cierto que hay significativas excepciones, que se constituyen modelos para el futuro de la sociedad, cuando zozobre este periodo de avalanchas y desequilibrios.

Los encuentros sociales casi siempre son vacíos de contenido, en los cuales se discute mucho y se escucha poco, ya que cada cual está fijado en su propio interés, lográndose realizar encuentros voluminosos con personas solitarias, evocándose los grupos antiguos que se reunían en las de hoy decadentes cortes, conforme las ambiciones, apoyándose unos en los otros o sonriendo y conspirando unos contra los otros, en insidiosas artimañas propuestas por la hipocresía y por la desconfianza.

El segundo grupo, huyendo del alboroto, pretende que sean evitados problemas individuales y generales, refugiándose en el interior de sus hogares o gabinetes, de sus oficinas, sospechosos e irascibles, como utilizándose de mecanismos protectores de defensa en que se fortifican.

Otros tantos individuos, sacando los trastornos socio-fóbicos, recorren a la comunicación virtual y se apartan de la familia, de aquellos que les quieren, así como de los demás compañeros de jornada, para las incursiones enfermas en lo fantástico y maravilloso mundo de Internet, en lo cual ocultan las dificultades personales y exhiben los anhelos frustrados de gloria y de realización personal. Olvidándose del instinto gregario, que reúne a todos los animales unos con los otros, se aíslan, perturbándose mucho en los sombríos guetos en que se acogen.

La facilidad de la convivencia fraternal, los júbilos de los encuentros amigos, los diálogos edificantes entre aquellos que se estiman, el intercambio de ideas en el calor de la vivencia con su prójimo ceden lugar a las fugas espectaculares, que permiten ampliar el miedo de la muerte, de la enfermedad, del desempleo, de la traición, pero principalmente los miedos absurdos de la vida y del amor.

La felicidad de la convivencia fraternal, los júbilos de los encuentros amigos, los diálogos edificantes entre aquellos que se estiman, el intercambio de ideas en el calor de la vivencia con su prójimo ceden lugar a las fugas espectaculares, que permiten ampliar el miedo de la muerte, de la dolencia, del desempleo, de la traición, pero principalmente los miedos absurdos de la vida y del amor.Temen amar, con el miedo de no ser correspondidos, lo que representa inseguridad personal y desequilibrio emocional, por impedirse la inefable alegría de intercambiar sentimientos dignificantes.

Ambos grupos, poco a poco, distanciándose, pierden la facultad del relacionamiento saludable, del calor de la convivencia, de la emoción resultante del intercambio de ideas y de aspiraciones.

Naturalmente permanece expresiva e inatacable franja de mujeres y hombres saludables, que se sustentan en la comunicación personal acogedora, en las búsquedas de más adecuadas soluciones para los problemas y desafíos del momento, interesados en el bienestar de todos y ciertamente en el progreso individual y social.

En los referidos grupos colectivistas e individualistas, incluso cuando parecen estar en vigor los sentimientos religiosos, he aquí los unidos a los significados egoisticos que abrazan, insensibles a las necesidades de la Humanidad que sufre y aguarda ayuda para desarrollarse. Como la vida pertenece al Espíritu, encontrándose en el cuerpo o fuera de él, sus sentimientos y pensamientos se mezclan en perfecto intercambio con aquellos que les son afines.

Predominando las pasiones inferiores en la gran mayoría de los reencarnados y desencarnados que pueblan el planeta y su entorno, es comprensible que terminen identificándose psíquica y moralmente, dando lugar a las infestaciones y obsesiones tanto individuales como colectivas.

Sutilmente, participando de los intereses de los incautos en el viaje corporal, sus enemigos desencarnados les inculcan ideas enfermas hasta apoderarse de su raciocinio, haciéndolo tumbar inermes en sus hábiles trampas. En otras ocasiones, los agreden con violencia, produciéndoles impulsos mórbidos que los avasallan, arrastrándolos indefensos a sus objetivos infelices. Se generan trastornos emocionales, psíquicos y con igual intensidad enfermedades simulacros.

Los fluidos morbíficos, ingeridos psíquicamente por el reencarnado, se mezclan a los complejos mecanismos de las neurocomunicaciones cerebrales, de la mitosis celular, dando lugar a desorganizaciones fisiológicas, agrediendo al sistema inmunológico a través del cual agentes destructivos de la fauna microbiana atacan al organismo, instalando enfermedades reales o provocando síntomas perturbadores. La Divinidad siempre proporciona los recursos al terrible flagelo y para su recuperación cuando ya instalado. Desatentos, pues, y complaciéndose en al inferioridad de los sentimientos, perseguidores y perseguidos optan por el combate sin gloria de la ignorancia, ampliando el área de las victimas por la obsesión.

Los estímulos exagerados al placer y no a la prudencia abren las compuertas morales para la simbiosis emocional y se torna difícil establecer la frontera separativa de lo que es lícito y se puede hacer en relación a conseguir todo debiendo disfrutar al máximo. El espectáculo, pues, de la obsesión pandemica choca y conmueve, sensibilizando al inefable amor de Jesús, que promueve las reencarnaciones de nobles Mensajeros para el esclarecimiento de la sociedad al respeto de la angustiante situación, a través de la reconquista ética del amor, del deber, de la fraternidad, del perdón, de la oración y de la caridad.

Las trompetas del Más allá suenan y convocan a los servidores del Bien a que griten y canten el poema de la salud y de la paz, aunque la algazara generalizada, consiguiendo sensibilizar muchos que aun pueden ser despertados y liberados de la situación deplorable.

El vigilar y orad se torna de extraordinario significado terapéutico, en este momento, a fin de prevenir la sociedad al respecto de la infeliz pandemia, así como para liberar los ergástulos en las amarras y prisiones de la momentánea enfermedad moral-espiritual.

Manoel Philomeno de Miranda

Página psicografada por el médium Divaldo Pereira Franco, en la reunión mediumnica de la noche del 11 de julio del 2007 Centro Espírita Caminho da Redenção, en Salvador, Bahia.) Traducido por Jacob

Revista Reformador

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