Psicología espírita de la educación

herculanoAsustados con los lineamientos gigantescos de la renovación cultural que el Espiritismo nos propone, con urgencia, en esta hora de transición evolutiva de nuestro planeta, muchos compañeros pretenden huir de la realidad y esconder la cabeza bajo el travesaño. ¿Cómo puede ser esto? Es lo que preguntan con los ojos mirando fijamente, como los científicos del siglo pasado frente a los fantasmas exhibidos por las investigaciones de Crookes, Richet, Crawford y otros. Pero los fantasmas no desaparecen. Continúan presentes, convidándonos a una invasión de nuevas y más amplias dimensiones de la realidad. Nadie seguramente le ha pedido a criaturas tan frágiles que se hiciesen espíritas.

El Espiritismo, como Kardec explicó hace más de un siglo, es una convicción personal, por eso mismo voluntaria, a la que ninguno está obligado por ninguna confesión religiosa ni forzado por ninguna catequesis salvacionista. Estamos en el momento exacto en que es preciso decir de manera enérgica: Si alguien no se siente bien en el Espiritismo, no precisa agitarse como vara verde ni por la boca en el mundo; basta retirarse hacia las tocas sombrías del pasado, cerrar los ojos y continuar con los oídos sordos.

Es verdad que ni así dejarán de oír, aunque de manera sorda y a la distancia, el rumor estridente de los aviones a chorro, de los cohetes espaciales, del rompimiento de las estructuras envejecidas de un final de siglo en que agoniza en estertores toda una civilización. Pero el lugar del temeroso no es otro o resto el fondo húmedo e ilusorio de una yacija, de una caverna oscura. Pienso en esto al abordar este nuevo tema que hará enrizar la pelusa de ciertas calvicies inteligentes incluso.

Si hablar de Educación Espírita ya hace a mucha gente perder la respiración y para dar patadas sobre gritos frenéticos, ¿qué acontecerá cuando nos propongamos tratar de la Psicología Espírita de la Educación? Ya estoy oyendo por anticipado los estertores de algunos líderes de piernas flojas. Dios me perdone si estas líneas inocentes provocaren algunas desencarnaciones fuera de tiempo. La culpa no será mía ni de la ley de evolución. Habría que ser, por cierto, de aquellos mismos que se habilitaron sin competencias. Serán casos de suicidio inconscientes, por los cuales ninguno podrá acusarnos.

J. Herculano Pires
Extraído del libro «Educación Espírita»

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.