Bienaventurados los ancianos

de vejezBienaventurados aquellos que comprenden mis pasos vacilantes y el temblor de mis manos;
Bienaventurados aquellos que distinguen en mis ojos las lentas reacciones;
Bienaventurados aquellos que perciben el esfuerzo de mis oídos para captar sus palabras;
Bienaventurados los que notan que mis ojos ya están nublados y mis reacciones lentas;
Bienaventurados aquellos que fingen no ver el café que derramé en la mesa;
Bienaventurados aquellos que se alegran con mi sonrisa y me dejan hablar cosas sin importancia;
Bienaventurados aquellos que nunca replican; “ya me contó eso tantas veces”;
Bienaventurados aquellos que me hacen sentir afecto en vez de abandono;
Bienaventurados aquellos que saben orientar la conversación para las cosas del pasado;
Bienaventurados los que perciben mi soledad;
Bienaventurados los que me acompañan en mi sufrimiento;
Bienaventurados los que entienden que me cuesta mucho encontrar fuerzas para superar mis dificultades.
Bienaventurados los que alegran los días de mi vidas;
Bienaventurados los que ayudan y facilitan en mi vida el pasaje a la verdadera vida, con amabilidad y comprensión.

(Autor desconocido).

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