Virtud

Emmanuel-chicoxavier253. La virtud ¿es una concesión de Dios, o un logro del Ser?
El dolor, la lucha y la experiencia constituyen una oportunidad sagrada que en todos los tiempos concede Dios a sus criaturas. En cambio, la virtud es siempre una sublime e imperecedera adquisición del Espíritu en los caminos de la vida, que se incorpora para la eternidad a sus valores, conquistados mediante el trabajo que realiza con su propio esfuerzo.

254. ¿Qué es la paciencia, y cómo adquirirla?
La verdadera paciencia es en todos los casos una exteriorización del alma que ha atesorado mucho amor en si misma para brindarlo a los demás, como ejemplificación. Ese amor es la expresión fraterna que considera a todos los seres como hermanos, en cualquier circunstancia, sin desdeñar la energía cuando se torne indispensable esclarecer la incomprensión. Mediante la iluminación espiritual de nuestro Ser íntimo adquirimos los valores sagrados de la tolerancia esclarecida. Y para que podamos edificarnos en tal claridad divina es menester que eduquemos nuestra voluntad, curándonos las dolencias psíquicas seculares que nos acompañan a través de las vidas sucesivas, como son el abandonar el propio esfuerzo, adoptar la indiferencia y quejarnos de las fuerzas exteriores cuando, en realidad, el mal en nosotros mismos radica. Para poner por obra una edificación tan sublime necesitamos empezar por la autodisciplina y la contención de nuestros impulsos, tomando en cuenta la libertad del mundo interior, desde donde el hombre debe dominar las corrientes de su vida. El adagio popular piensa que «el hábito forma la segunda naturaleza», y por nuestra parte debemos aprender que la disciplina antecede a la espontaneidad, merced a la cual puede el alma alcanzar más fácilmente el desiderátum de su redención.

255. ¿Debemos nosotros -los espiritistas- practicar tan sólo la, caridad espiritual, o también la material?
La divisa fundamental de la Codificación Kardeciana, formulada en el principio de que «fuera de la caridad no hay salvación», es bastante expresiva, por lo que es innecesario extendernos en consideraciones minuciosas. Todo servicio que la caridad desinteresada preste es un refuerzo divino para la obra de la fraternidad humana y de la redención universal. Urge, sin embargo, que los espiritistas sinceros, esclarecidos en el Evangelio, procuren comprender el aspecto educativo de los postulados doctrinarios, reconociendo que la tarea inmediata de los tiempos modernos consiste en la iluminación interior del hombre, en mejorar sus valores del corazón y de la conciencia. De conformidad con esos imperativos, es lícito exaltar la excelencia de los planes educativos de la evangelización, de modo de formar una mentalidad espirita-cristiana, con miras a lo por venir. No podemos despreciar la caridad material que hace del Espiritismo evangélico una fuente de consuelo para todos los infortunados; pero tampoco es posible que olvidemos que las expresiones religiosas sectarias han creado también en el mundo construcciones materiales destinadas a la caridad, como templos, asilos, orfanatos y monumentos. Pese a ello, casi todas sus obras se han venido desvirtuando, a causa de que los Espíritus encarnados echaron al olvido la iluminación. Ejemplo típico de lo que acabamos de decir lo constituye la Iglesia Romana. Dueña de una inmensa fortuna, y habiendo construido numerosas obras tangibles de asistencia social, siente hoy que sus construcciones sólo son de piedra, puesto que en sus suntuosos establecimientos el hombre contemporáneo experimenta los más dolorosos desengaños.

Las obras de la caridad material sólo alcanzan su carácter divino cuando tienen en vista la espiritualización del Ser, renovando sus valores íntimos, porque una vez reformado el hombre en Jesucristo tendremos en la Tierra una sociedad transformada, donde el hogar genuinamente cristiano será, de un modo natural, el asilo de todos los que sufren. De ello se desprende, pues, que el servicio de cristianización sincera de las conciencias es la edificación definitiva a la que los espiritistas deben volver sus miras con preferencia, entendiendo la vastedad y complejidad de la obra educativa que les corresponde llevar a cabo como de más importancia que cualquier otra realización humana, en medio de las luchas de cada día y como tarea de amor y de verdad.

256. ¿Cómo debemos interpretar la limosna material?
Dentro del mecanismo de las relaciones humanas comunes, el pedido de ayuda material tiene su sentido y su oportuna utilidad, como resultante de la ley de equilibrio que preside el funcionamiento del intercambio en la organización de la vida. Pero la limosna material es indicativa de la falta de espiritualización en las características sociales que la fomentan. Claro está que nadie podrá reprobar el acto de pedir, y mucho menos dejará de alabar la iniciativa del que da la limosna material. Empero, es preciso considerar que, a medida que el hombre va cristianizándose -iluminando sus energías interiores-, se aleja cada vez más de la condición de pidiente para alcanzar la elevada calidad de merecedor, en virtud de los sanos derechos que su trabajo le otorga. El que se esfuerza, en la intimidad de su recta conciencia, se dignifica y enriquece el conjunto de sus valores individuales. Y el cristiano sincero, tras adquirir las nociones de la educación evangélica, no necesita materializar la idea del ruego de limosna material, pues comprende que, esperando o sufriendo, brando o luchando, en medio de los esfuerzos de la acción y del bien, recibirá siempre de acuerdo con sus obras y de conformidad con la promesa de Cristo.

257. La fe y la esperanza ¿deben interpretarse como una sola virtud?
La esperanza es hija dilecta de la fe. Ambas son, una con respecto a otra, como la luz de los planetas, que refleja la luz central y positiva del Sol. La esperanza es como el fulgor que se forma con los bálsamos de la creencia. La fe es la divina claridad de la certidumbre.

258. En el sendero de la virtud, el pobre y el rico de la Tierra ¿pueden ser identificados como discípulos de Jesús?
El título de discípulo es conferido por el Divino Maestro a todos los hombres de buena voluntad, sin distinción de posiciones sociales, clases o ninguna otra expresión sectaria. Ya tenga o no la responsabilidad de los bienes materiales, el hombre siempre es rico por su posición de usufructuario de las gracias divinas y, sobre todo, debemos pensar que en cualquier situación el_ Ser encontrará responsabilidades en la existencia, de ahí que los discípulos sinceros del Señor sean iguales a sus ojos, sin preferencias de ninguna índole.

259. En lo que atañe a la práctica de la caridad, ¿cómo debemos interpretar la enseñanza de Jesús que expresa: «… al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado»?
En todas las circunstancias la palabra de Jesús estaba iluminada por una luz oculta, con reflejos tornasolados, que el alma humana ve de una manera distinta en cada época, conforme va ascendiendo hacia la sabiduría y el amor. Así pues, tratemos ante todo de ajustar el concepto a nosotros mismos. Si poseemos la verdadera caridad espiritual, si trabajamos por nuestra iluminación íntima e irradiamos espontáneamente luz sobre el camino de nuestros hermanos en lucha y aprendizaje, recibiremos mayor cantidad de luz de las puras fuentes de los planos espirituales más elevados, porque una vez que hayamos aprovechado la ocasión que se nos concedió, se mostrarán ante nuestra alma horizontes infinitos en los ilimitados campos del Universo, y esto no puede suceder a quienes utilizan la sagrada oportunidad de su autoiluminación en los caminos de la vida, olvidando el rumbo más acertado y haciendo gala de la más notoria despreocupación de sus auténticos deberes, que cambian por las sensaciones efímeras de la existencia terrestre, con lo cual contraen nuevas deudas y dejan sus oportunidades para el futuro, en que las condiciones les serán más difíciles y dolorosas.

Del libro «El consolador que prometió Jesús»
Espíritu Emmanuel.
Médium Francisco Cândido Xavier.

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